Por: Juieth Cicua
La presencia del director mexicano Alonso Ruizpalacios en el Bogotá Audiovisual Market (BAM) marcó uno de los momentos más esperados del evento en su edición número 17, celebrada del 6 al 10 de julio. El director mexicano, ganador del Ariel a la mejor dirección en 2015 y 2022 y del Oso de Plata al mejor guion en Berlín en 2018, participó como invitado estrella y ofreció una charla abierta al público en la que abordó los retos, sinsabores y posibilidades del cine actual.
Soñar en el cine: acto político y voluntad colectiva
La conversación, moderada por Juan Corcione, giró sobre el lugar del sueño en la creación cinematográfica. Ruizpalacios se mostró crítico ante el uso vacío de la palabra: “Cuando oigo esta cosa de soñar me da un poco de… lo relaciono mucho con estas pláticas muy corporativas de vamos a soñar. Los anuncios, ¿no? De se vale soñar”. Para él, más que soñar, lo importante es “tener una visión y encaminar tu voluntad hacia eso y volverlo a intentar”.
Al abordar el trabajo en equipo, el director sostuvo: “Es cien por ciento un arte colectivo y creo que en la medida en la que aprendes a jugar con esta dicotomía de lo colectivo, pero no democrático, porque la democracia en el cine es la muerte, te lo juro”. Explicó que la disciplina y la dirección clara resultan imprescindibles, aunque siempre hay espacio para escuchar y potenciar el talento de otros: “El trabajo de un director es saber cuándo contener las iniciativas, cuándo recibirlas, cuándo potenciarlas”.
Un ejemplo de ese espíritu colaborativo se vivió en el rodaje de “La cocina”: “En la última película que hice, ‘La cocina’, hay un plano secuencia muy largo en la mitad de la película en donde hay una inundación. Era un plano complicadísimo… me di cuenta que empezaban cada vez que volteaba tenía más gente atrás de mí queriendo ver la toma. Sacamos el monitor al set, lo volteamos… se volvió como ver un partido en el que estábamos jugando todos”.
Identidades, atención y el reto de la coproducción
Y relacionado a la manera de retener públicos Ruizpalacios abordó el tema de la atención en la era actual como uno de los desafíos centrales para el cine y quienes lo hacen. Reconoció que hoy, más allá de la dificultad tradicional de financiar o producir una película, existe una “batalla por la atención” que está dominada por las redes sociales y las plataformas digitales.
El director citó a la escritora argentina Samanta Schweblin para ilustrar esta idea: “Para ella, poner atención es el nuevo superpoder. Y creo que esa es la gran batalla que enfrentamos ahora y que van a enfrentar las generaciones más jóvenes de cineastas. Es cómo hacer frente a esta lucha por la atención que tienen ganada absolutamente las redes sociales y YouTube”.

Ruizpalacios confesó que observa en sus propios hijos la dificultad creciente para sostener la concentración frente a la avalancha de estímulos digitales: “Me preocupa lo incapaces que se están volviendo de sostener su atención y cómo tengo que educarlos para… el swipe, la cultura del swipe”. Señaló que las métricas de las plataformas de streaming confirman que “la gente no termina las putas películas”.
Sostuvo que este fenómeno impone un reto crucial a los creadores de cine: “No sé de verdad cómo chingados la vamos a ganar, pero me parece que es crucial que el cine de hoy haga frente a eso. Y no jugando al mismo juego”. Para Ruizpalacios, no basta con replicar los mecanismos de consumo fugaz de las redes, pero tampoco se puede ignorar ese cambio en las audiencias.
Destacó que sostener tomas largas en el cine se ha vuelto “casi un acto punk, un acto de resistencia”, pero advirtió sobre el peligro de limitarse a un cine solo para cinéfilos. Propuso como alternativa “hacer caballos de Troya”, es decir, películas que, bajo la apariencia de entretenimiento, logren introducir ideas complejas y artísticas: “Tenemos que encontrar una nueva forma de hacerle frente a todo esto, la falta de atención, la corporativización”.
Representar la violencia y la inteligencia artificial
Con respecto a retener a los públicos, pero darles entretenimiento, Ruizpalacios expresó que la representación de la violencia en el cine y la televisión es un tema que le genera sentimientos encontrados. Reconoció que existe un debate sobre si mostrar repetidamente la violencia, especialmente en el contexto del narcotráfico, puede glorificarla o incluso contribuir a su propagación. Sin embargo, él no está del todo convencido de que la representación en sí misma sea dañina.
Para argumentar su postura, recurrió a la historia del arte y la literatura: “Si nos remontamos al teatro isabelino, Shakespeare, o incluso al teatro griego, la violencia era una… la representación de la violencia sí era una purga, sí era una catarsis”. De esta forma, Ruizpalacios defendió que mostrar la violencia puede tener un efecto liberador y ayudar a la sociedad a procesar colectivamente experiencias traumáticas.
A pesar de eso, advirtió sobre el riesgo de caer en la sensacionalización o en lo que denominó “porno miseria”, es decir, narrativas que explotan la violencia solo para impactar o vender, sin aportar un análisis profundo ni una mirada auténtica. Comentó que la saturación de historias sobre el narco en Colombia y México puede llegar a ser “perezosa”, pues “seguir replicando las mismas historias como si no hubiera más historias que la de Pablo Escobar me parece muy pobre y muy holgazán”.
Ruizpalacios diferenció entre ficciones que simplemente repiten fórmulas y aquellas que ofrecen una perspectiva poética o analítica, citando como valiosas las obras de escritores como Élmer Mendoza o Yuri Herrera, que “tienen una mirada casi poética, mucho más analítica”. Insistió en que “sí es posible la catarsis a través de la representación” y que es necesario seguir contando esas historias para comprender lo vivido.
En síntesis, Ruizpalacios defendió la representación de la violencia como un recurso legítimo y necesario cuando está al servicio de la reflexión o la catarsis social, pero criticó su uso repetitivo y superficial que no hace más que reforzar estereotipos y agotar la creatividad de los relatos audiovisuales.
Es así que la intervención de Ruizpalacios en el BAM dejó una invitación a la autenticidad, la colaboración y la persistencia ante un oficio que, sin certezas, sigue abriendo caminos para nuevas visiones.








