[Reseña] Ninja Gaiden Black: el juego que obliga a aprender de los errores

Por: Juan David Quevedo

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Antes de pelear contra demonios, dragones y criaturas capaces de acabar con una partida en segundos, Ninja Gaiden era una aventura más sencilla. La saga nació en 1988 con Tecmo y llevó a los jugadores a controlar a un ninja en combates rápidos que castigaban cada error. Años después, con la llegada de la primera Xbox, Team Ninja recuperó la franquicia y en 2004 presentó una nueva aventura protagonizada por Ryu Hayabusa.

El resultado: un juego de acción en tercera persona rápido y exigente. Sin embargo, Team Ninja decidió llevar su propuesta un poco más lejos y en 2005 publicó Ninja Gaiden Black, versión ampliada del título original que reajustó enemigos, incorporó nuevo contenido y agregó dificultades como Master Ninja.

Más de 20 años después, Ninja Gaiden Black conserva una idea clara: no basta con controlar un ninja, hay que aprender a pelear como uno.

La historia sigue a Ryu Hayabusa, joven guerrero del Clan Hayabusa y portador de la Dragon Sword, una espada heredada por su linaje. Su misión comienza tras el ataque a su aldea y el robo de la Dark Dragon Blade, un arma maldita creada a partir de los huesos de un dragón oscuro, capaz de aumentar su poder con las almas de quienes mueren cerca de ella.

Al principio, todo parece una historia de ninjas.

El primer gran enfrentamiento es contra Murai, un maestro ninja armado con nunchakus. Para ese momento apenas se conocen los movimientos de Ryu: atacar, bloquear y esquivar parecen acciones sencillas, pero Murai funciona como una primera advertencia: cometer errores tiene consecuencias y avanzar sin entender las mecánicas puede convertirse en un problema.

Pero Ninja Gaiden Black comienza a perder la cabeza poco a poco.

Los ninjas les dan paso a soldados armados, tanques y helicópteros. Después aparecen los fiends, criaturas demoníacas que convierten la misión de Ryu en una lucha contra seres cada vez más peligrosos. En algún momento hay que combatir contra gusanos gigantes capaces de controlar la electricidad y, horas después, descender bajo una iglesia para enfrentarse al esqueleto de una enorme criatura.

Lo más extraño es que todo termina sintiéndose normal.

Ryu también evoluciona durante el viaje. La Dragon Sword permite utilizar técnicas como Flying Swallow, ataque con el que el ninja puede lanzarse rápidamente contra un enemigo, o Izuna Drop, un combo que eleva al rival antes de estrellarlo violentamente contra el suelo. Los shurikens ayudan a interrumpir algunos movimientos, mientras otras armas modifican la velocidad, el alcance y la forma de afrontar cada pelea.

También están Los ninpo, técnicas especiales que utilizan el poder espiritual de Ryu. Una de ellas es el Art of the Inazuma, capaz de liberar una descarga eléctrica alrededor del personaje y golpear a varios enemigos cercanos. Tener todas estas habilidades no significa saber utilizarlas, el verdadero desafío de Ninja Gaiden Black.

En dificultades como Very Hard y Master Ninja, cada arma debe ser aprendida. Los enemigos cambian, son más agresivos y algunos rivales que antes permitían terminar un combo pueden atacar antes de realizar el último movimiento. Fallar un esquive o extender una ofensiva durante un segundo de más puede acabar con gran parte de la barra de vida.

Ninja Gaiden Black funciona mediante la prueba y el error. Morir. Regresar. Intentar el mismo combo. Volver a fallar. Cambiar de arma, esperar un ataque, esquivar y encontrar una pequeña oportunidad que antes parecía inexistente, hasta que funciona.

Awakened Alma representa esta idea, que fuera una humana convertida en Fiend y relacionada con Doku, uno de los grandes demonios que Ryu debe enfrentar durante su viaje. Su primer combate permite conocer parte de sus movimientos y encontrar oportunidades para atacarla.

Su segunda aparición cambia las reglas, porque es más agresiva, resistente y difícil de alcanzar. Su nueva forma demoníaca modifica por completo el enfrentamiento y varias estrategias ya utilizadas dejan de ser seguras. Atacar de frente puede terminar en segundos y encontrar una oportunidad exige estudiar sus movimientos.

No es simplemente un jefe difícil. Es una pregunta directa para el jugador: ¿realmente aprendió a pelear o solamente consiguió sobrevivir hasta ese punto? Y todavía falta Murai.

El mismo hombre que aparece al comienzo regresa al final como el Dark Disciple. Esta vez tiene en sus manos la Dark Dragon Blade y puede destruir gran parte de la vida de Ryu tras un solo error. Sus ataques obligan a bloquear, esquivar y reconocer exactamente cuándo existe una oportunidad para acercarse. La pelea es completamente diferente al primer encuentro, pero el jugador también es diferente.

Después de enfrentarse a ninjas, soldados, demonios y criaturas gigantes, detener un combo antes de quedar expuesto es una decisión natural. El alcance de las armas tiene sentido y atacar desesperadamente deja de parecer una buena estrategia.

Ninja Gaiden Black comienza enseñando a mover a Ryu Hayabusa y termina comprobando cuánto se aprendió durante el camino, porque nadie termina este juego siendo el mismo jugador que entró por primera vez a la fortaleza de Murai, porque después de tantos errores, tampoco tendría sentido serlo.

| Nota del editor *

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