Biblia, poder y límites de la autoridad: una conferencia en la FILBo 2026

Por: Sara Valentina Nieto Ramírez

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En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026, el director de traducciones de la Sociedad Bíblica Colombiana, Sergio Ramírez, presentó una conferencia centrada en la relación entre Biblia, política, soberanía y los límites de la autoridad. Su intervención propuso una lectura comparativa entre textos bíblicos y tradiciones del antiguo Cercano Oriente para reflexionar sobre la legitimidad del poder.

El expositor abrió con un contraste entre el relato del Génesis y el Enuma Elish, una narración mesopotámica que —según explicó— cumple una función política al legitimar el poder del soberano mediante su vínculo con lo divino. En estas tradiciones, tanto en Mesopotamia como en Egipto, el gobernante era considerado “imagen de Dios”, concentrando autoridad religiosa y política en su figura.

Frente a ese modelo, Ramírez subrayó el giro que introduce Génesis 1:26-28. Allí, el concepto de “imagen de Dios” —del hebreo selem— no se limita al monarca, sino que se extiende a toda la humanidad. El texto, señaló, desplaza la representación divina del soberano a la colectividad, otorgando a hombres y mujeres esa condición. Esta lectura sugiere una democratización simbólica de la dignidad humana.

No obstante, el conferencista advirtió sobre los límites interpretativos. Subrayó que el pasaje no constituye una teoría política sistemática ni una formulación moderna de igualdad de género, e insistió en la necesidad de evitar extrapolaciones anacrónicas.

El análisis avanzó hacia otros textos bíblicos para examinar los límites del poder. En el Primer Libro de Samuel, destacó el llamado “espejo de los príncipes”, un recurso que advierte al pueblo sobre los abusos del poder real mediante la reiteración del verbo “tomar”: hijos, tierras y bienes. Para Ramírez, esta fórmula constituye una crítica temprana a la concentración del poder.

Por su parte, el Deuteronomio introduce la subordinación del rey a la ley. A diferencia de otras culturas donde el monarca es fuente de legislación —como en el Código de Hammurabi—, el texto bíblico establece que el gobernante debe someterse a la norma, leerla y cumplirla para evitar abusos.

La reflexión incluyó también la voz de los profetas —Amós, Isaías y Miqueas—, quienes cuestionan la corrupción y la injusticia incluso en contextos de estabilidad. Según el expositor, estos textos plantean dos criterios para evaluar el poder: mishpat (justicia institucional) y tsedaqá (justicia relacional). En ese marco, el buen gobierno no se mide por la prosperidad económica, sino por la garantía de justicia, especialmente hacia los sectores más vulnerables.

Finalmente, Ramírez abordó el pasaje del Evangelio de Marcos sobre el tributo al César. La frase “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, explicó, reconoce la autoridad política, pero la subordina a una soberanía superior. El poder del César, concluyó, es real, pero no absoluto.

Como síntesis, el conferencista sostuvo que, en la Biblia, el poder es delegado, limitado, evaluable y relativo. Desde Génesis hasta los evangelios, los textos coinciden en que ninguna autoridad humana puede reclamar un poder absoluto en nombre de lo divino.

La intervención cerró con un llamado a continuar el estudio riguroso de los textos bíblicos, privilegiando un análisis histórico, filológico y contextual, sin forzar su interpretación hacia debates contemporáneos.

| Nota del editor *

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