Por: Angie Viviana Clavijo Rojas y Sofia Miranda Vera
Colombia, el país más madrugador del mundo, millones de personas despiertan antes de que amanezca. Pero lo que parece disciplina y algo de lo que enorgullecerse, se convierte en un problema: dormir mal se ha vuelto rutina. El insomnio no es solo trasnochar. Es la dificultad para conciliar el sueño, mantenerse dormido o descansar de manera profunda. Sus señales son claras: cansancio persistente, irritabilidad, problemas de concentración, memoria, depresión o ansiedad son algunas de ellas. Infoabe en 2025 revela las cifras desanimadoras.
Según un informe sobre el sueño en el mundo que analizó hábitos de descanso en 57 países, el 84% de los colombianos reconoce despertarse una o dos veces por la noche, lo que fragmenta el ciclo del sueño y evita alcanzar fases profundas de descanso”. Padecer algún trastorno del sueño es más común de lo que se espera.
Entre las causas relacionadas con las dificultades para dormir sobresalen los problemas financieros con el 23% el estrés cotidiano con el 21% y la ansiedad con el 16% como las principales fuentes de insomnio, revelan los datos de la organización Ikea en su investigación denominada El sueño al descubierto.
Los largos desplazamientos diarios en ciudades como Bogotá superan las dos horas, tanto que “Bogotá está a dos horas de Bogotá”, dicho de muchos de sus habitantes, para quienes no madrugar no es una elección y sí una obligación. Los trancones por obras o el alto flujo vehicular obligan a madrugar y trasnochar, reduciendo así las horas de sueño, fenómenos relacionados con las estadísticas de Colombia como el país más madrugador. El insomnio en los colombianos también se relaciona con la inseguridad, pues la percepción de inseguridad obliga a muchos a modificar sus rutinas de sueño.
Rafael Lobelo, médico especialista en trastornos del sueño dice que las horas de descanso necesarias varían según la persona, pero la mayoría de los adultos necesitan de 7 a 9 horas por noche, y la Organización Mundial de la Salud (OMS), asegura que el 40 % de la población mundial duerme mal. Este fenómeno trae implicaciones graves para la salud física y mental, porque deteriora lentamente al sujeto que lo padece. Las estadísticas hablan de porcentajes y diagnósticos, pero detrás de cada número hay una vida.
David tiene 20 años, vive en Tíntala-Kennedy, es estudiante de La Universidad la Gran Colombia, y para su suerte trabaja a pocas calles de allí. Su ardua rutina de lunes a sábado comienza desde las seis de la mañana cuando se despierta para alistarse para su jornada. Hace su desayuno y almuerzo, y prepara lo que necesita llevar para la universidad. Sale de su casa a eso de las siete para llegar a su trabajo a las nueve. A las seis de la tarde va apresuradamente para su primera clase, de la que se pierde algunos minutos, y a las ocho cambia de clase.
A las diez se dirige nuevamente a su casa a donde llega a las once de la noche. Casi todas las noches llega a hacer trabajos de la universidad, lo que hace que a veces no pueda dormir o lo haga muy poco, lo que con el tiempo ha comenzado a desgastar su salud. Aunque el cansancio lo sobrepasa, los sábados y domingos le cuesta mucho conciliar el sueño. Dormir no es el fin de su problema, pues no tiene un descanso de calidad porque tiende a despertarse durante la noche.
David, como muchos jóvenes adultos, ve las consecuencias de su rutina diaria, pues el cansancio y la somnolencia son su sentir diario. A veces su capacidad para poner atención, recordar y concentrarse le cuestan, no porque sea una persona insuficiente, sino porque los pendientes lo sobrepasan.
No solo los jóvenes cargan con el peso de la falta de sueño. En la adultez, el insomnio también se manifiesta de formas similares y se intensifica por las exigencias de la rutina laboral. De esto es testigo Paty, que debe despertarse antes de que amanezca cada día para cumplir con su jornada de trabajo.
Su rutina comienza a las tres de la mañana, cuando debe iniciar un recorrido extenso desde el barrio Castilla, en Bogotá, hasta la vereda de La Punta – Cundinamarca en la Sabana de Occidente. Repetir de lunes a sábado el mismo trayecto, con el tiempo convierte el descanso en un privilegio y no en un derecho básico de bienestar y salud personal. Así como Paty otros miles de adultos luchan a diario por que se ven obligados a escoger entre el trabajo y el sueño de calidad.
Pero surge una pregunta clave: ¿En realidad existe una relación entre el sueño, la productividad y la economía? La respuesta es sí. En torno a la productividad el sueño juega un papel fundamental en el desempeño laboral de los trabajadores. Según el artículo Así es como la calidad del sueño impacta la productividad laboral. Claves para tener en cuenta, del Consejo Colombiano de Seguridad (CCS), basado en datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, “el cansancio y la somnolencia generan riesgos para los trabajadores y sus entornos laborales, y listan una serie de efectos que se producen como consecuencia de un mal dormir”. Dentro de los más destacados y preocupantes se encuentran: la reducción en los niveles de concentración y estados de alerta, tiempos de reacción más lentos, ansiedad, depresión, menor capacidad y disposición de aprendizaje y micro sueños.
Los efectos de la baja calidad del sueño no pueden verse únicamente desde la perspectiva del rendimiento, o de qué tanto mejora o empeora la productividad de una empresa. También es necesario tener en cuenta las consecuencias humanas en las que el cansancio y la falta de descanso atentan directamente contra la seguridad de los trabajadores. Por ejemplo, en actividades como la operación de maquinaria, un mínimo error causado por la somnolencia puede tener consecuencias graves e irreversibles. Esto demuestra que el problema del sueño no se limita al desempeño laboral, sino que puede poner en riesgo la vida de las personas.
Gracias a la cultura “del que más trabaje” o “del que más se esfuerce” se sigue normalizando el agotamiento, hasta el punto en que en algunas ocasiones la productividad parece ser más importante que la dignidad humana y la propia vida de los trabajadores. El doctor Rafael Lobelo, en entrevista de 2022 citada por el CCS, advierte que “es urgente que tanto los líderes como los empleados comprendan que el sueño de calidad es un pilar fundamental del trabajo y que a mayor responsabilidad tiene una persona, mayor será su necesidad de dormir bien”.
Desde la perspectiva económica, la relación entre el sueño, la productividad y la economía se pueden entender desde la teoría de la asignación del tiempo de Gary Becker, economista estadounidense, que plantea que las personas distribuyen sus horas entre actividades como el trabajo, el ocio y el descanso según la recompensa que al final se tenga, esto hace que el sueño se convierta en un “costo de oportunidad”. En otras palabras, significa que dormir de más es igual a dejar de dedicar tiempo en actividades que como sociedad consideramos “productivas”.
Siguiendo esta teoría, es fácil entender por qué descansar muchas veces es visto como una pérdida de tiempo. Entre más responsabilidades laborales, académicas o económicas tiene una persona, es más posible que tenga que sacrificar horas de su sueño para cumplir con todas esas obligaciones. Aunque disminuir las horas de descanso puede dar esa sensación de que se aprovecha mejor el tiempo, las consecuencias al final son contraproducentes. El cansancio acumulado afecta la salud física y mental, reduce la capacidad de concentración y termina afectando el rendimiento de las personas en su vida laboral y personal.
Además de las perspectivas económicas y productivas vale la pena también cuestionarse, la importancia de las condiciones materiales que pueden influir directamente en la calidad del sueño. No es igual dormir en una cama acolchada, con sábanas suaves y cobijas arrulladoras que dormir en medio del frío, el ruido y un colchón liviano e incómodo. Las condiciones desiguales son factores fundamentales a la hora de hablar del sueño, pues descansar puede convertirse en un privilegio al que no todas las personas tienen acceso de la misma manera.
David y Paty son dos caras de la misma moneda: generaciones distintas, rutinas diferentes, pero un mismo enemigo silencioso. El que las realidades cambien no hace que sea difícil conectarlas. Cada vez se hace más común entre la población el consumo de medicamentos para tener un buen descanso. Sin embargo, lo que parece una solución rápida también puede convertirse en una nueva problemática debido a los efectos secundarios o a la dependencia que estos medicamentos pueden generar.
La pregunta es inevitable: ¿qué estamos haciendo como sociedad para que descansar se vuelva un lujo? En Colombia a diferencia de lo que se podría pensar existen políticas públicas y campañas relacionadas con la salud mental y el sueño, el conflicto es que su implementación es limitada. La defensoría del pueblo en octubre del 2025 lanzó la estrategia “Cuidar la salud mental, es defender la vida, un plan de divulgación y sensibilización que busca recalcar el carácter integral y fundamental de este derecho a la salud mental, incluyendo prevención de trastornos como el insomnio.
Se calcula que en Colombia hay cerca de 83.000 consultas médicas anuales por problemas del sueño, y el hecho de que no haya campañas masivas contra las afectaciones del sueño, es una clara falta de prioridad política para esta problemática que abruma a gran parte de la población. La ausencia de este tipo de proyectos también refleja la manera errónea en la que se ha normalizado el agotamiento en la vida cotidiana de miles de personas. Dormir mal, trasnochar, vivir agotados, despertar en medio de la noche y amanecer exhaustos, no es normal, y las consecuencias físicas y mentales no son instantáneas, pero si perjudiciales.
El sueño ya no es solo un asunto individual, se trata de diversos factores que se relacionan y atraviesan la vida cotidiana de la población afectada, convirtiéndolo en un asunto colectivo. Desigualdad, salud mental, presión laboral y rutinas rápidas son solo algunas de las condiciones que influyen en la calidad del sueño. El descanso no se distribuye de la misma manera para todos, porque se ve influenciado por diversas realidades que afectan a distintos grupos de la población de diversas maneras.
Ahora David vuelve a su casa agotado, decidiendo si hacer o no la tarea para mañana, porque hoy el trabajo fue aún más agotador que ayer. Paty, después de tres horas en un trancón finalmente llega a Castilla donde no sabe si vale la pena ir a dormir para en unas pocas horas tener que volver a despertar.








