[Crítica] Ayuno y cenizas. Entrevista con su director Rodrigo Dimaté sobre su nueva película

Dentro de lo que esconde la ciudad, entre matorrales y esquinas oscuras que se precipitan al caer el sol, hay muchas problemáticas sociales que no son visibles por cuenta de esa costumbre arraigada en países como Colombia de mirar para otro lado, porque esa oscuridad que se presenta desde lo marginado, tiene un fondo aún más complejo para la naturaleza de una sociedad agrietada.

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El director Rodrigo Dimaté, luego de estrenar Tres lunas nuevas (2025), se adentra de nuevo en las calles de una gran urbe como Bogotá, con un documental que muestra cómo cuatro jóvenes comparten experiencias en relación al consumo de drogas, mientras ensayan y llevan a escena Edipo Rey, un clásico del teatro que ha trascendido a través de los siglos.

Las montañas de Bogotá son el escenario del proceso de la obra para llegar a Edipo, que es presentado no como un personaje del pasado, que sigue siendo tan pertinente en el presente, que hace que la vida de estas cuatro personas y sus familias, se pregunten acerca del destino y sus desdichas, ese destino, que como dicta la obra: “El azar rige nuestras vidas y el futuro es incierto”, palabras que abordan la fragilidad del ser humano ante un destino que no puede controlar.

Esa idea del mejor vivir como se pueda día a día, es de alguna manera la forma como los protagonistas abordan su vida entre su adicción, cómo sienten el mundo y cómo le dan tiempo y espacio a la existencia, o al destino, para que decida por ellos.

Ayuno y cenizas recurre a la mezcla de lenguajes para observar y escuchar a Fabián, Andrés, Dairon y Daisson que hablan de las calles y su experiencia con el bazuco. Cuatro retratos cercanos que se apartan de los prejuicios y de las miradas ajenas o endurecidas frente al tema y cómo el director lo aborda, no de la manera tradicional, sino sobre las dificultades inesperadas que cualquier familia podría enfrentar, recordándonos que, ni en la antigüedad, ni en el presente, nadie está exento a un cambio de fortuna.

El proceso creativo desde el barrio tiene un lugar esencial en la filmografía de Rodrigo Dimaté y María Jimena Barreto, que desde hace más de una década han emprendido procesos de creación con artistas de diferentes localidades de Bogotá, y gracias a este intercambio nació la idea de conformar un grupo de teatro con raperos y hallar en los héroes clásicos un espejo de las realidades diarias de una ciudad.

El documental no busca idealizar los caminos conocidos por otros documentos fílmicos hacia la redención desde la rehabilitación, sino ofrecerle al espectador aspectos poco conocidos e impopulares desde el consumo de drogas, y cómo están latentes en muchos procesos creativos, que como se muestra, con consecuencias desastrosas tanto para ellos como para sus familias.

Rodrigo Dimaté continúa construyendo una filmografía que se arriesga a cambiar de a poco las fórmulas tradicionales de entender las cosas, pero que en ocasiones recae en el exceso del mensaje, sin tener en cuenta que su publico puede ser más amplio y su mensaje puede expandirse más, si encuentra una narrativa que encuentre una atención más diversa, aunque su storytelling continúa creciendo positivamente. Juzguen ustedes.

Vea aquí la entrevista con Rodrigo Dimaté, director de Ayuno y cenizas.

| Nota del editor *

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