[Crítica] Coyote vs Acme: una película que es mucho más que nostalgia

Pocos referentes tan icónicos en los dibujos animados, tanto que influyó en la animación actual, como la constante persecución de El Coyote con el Correcaminos, personajes de una serie estadounidense de dibujos animados creada en 1949 por el animador Chuck Jones para la Warner Brothers.

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Chuck Jones se inspiró para crear a estos personajes en un libro de Mark Twain, titulado Roughin It, (Pasando fatigas), en el que Twain denotaba que los coyotes hambrientos podrían cazar un correcaminos.

En una ocasión, Chuck Jones dijo, refiriéndose a dos de sus personajes más conocidos, que “el Coyote es mi realidad y Bugs Bunny mi meta”. Los dibujos del Coyote y el Correcaminos fueron creados como una parodia de los dibujos tradicionales del gato y el ratón o como Tom y Jerry, uno persiguiendo al otro, mediante la puesta en escena de situaciones divertidas en pantalla.

El director estadounidense David Green, luego de estar presente en la película de ciencia ficción Llamando a Echo (2014), y en la secuela Tortugas Ninja 2: Fuera de las sombras (2016), se arriesga a entrar en el terreno de mezclar animación clásica con personajes reales dentro de la eterna lucha entre El Coyote, que ahora se traslada a la corporación Acme, proveedora de artefactos imposibles.

Dentro de los estándares conocidos de sus personajes, la historia detrás de ellos y la clara nostalgia que encierra la cinta, Green encuentra un resultado sorprendente que no parecía tener mayor resolución que la del Coyote buscando a El Correcaminos, pero la película resulta una obra que encuentra una nutrida sátira corporativa, y la nostalgia que podría ser su único gancho narrativo, que por fortuna va más allá.

Acme vs Coyote revela con inteligencia las tensiones de adaptar un imaginario tan fragmentario y con tantos episodios a un formato narrativo de una película de 1 hora y 43 minutos de duración, a la que no le sobra ni le falta nada, con ideas claras y sentidas sobre la naturaleza de sus personajes y sus conflictos que sí, son emotivos y muy bien construidos.

La premisa que Green plantea trata de un juicio entre el Coyote y Acme, donde el personaje, cansado de los fracasos de los productos defectuosos, decide enfrentarse legalmente a la empresa. Esta idea, que podría haberse quedado en un mero gancho superficial extendido, se convierte en un dispositivo narrativo para explorar la burocracia, la responsabilidad empresarial y la frustración existencial del personaje. El Coyote, tradicionalmente condenado al fracaso, aquí adquiere una dimensión diferente donde el crédito de sus planes y su inteligencia sin límites están abordadas en un satisfactorio crédito que esperó décadas en revelarse.

El estilo y el tono de la película juegan con la estética híbrida: mezcla animación con acción real, y en ese cruce logra momentos de ingenio visual. Sin embargo, el riesgo es evidente: la comicidad frenética de los cortos originales se diluye en la necesidad de sostener un arco dramático. Green opta por un tono que combina sátira judicial con humor físico, pero la balanza no siempre se inclina hacia la frescura del slapstick, sino hacia un comentario social más explícito.

Uno de los aspectos que vale la pena resaltar en Acme vs Coyote es su capacidad de problematizar la figura del Coyote como símbolo de la perseverancia inútil en un mundo que parece ser controlado por fichas fijas, donde cualquier esfuerzo parece en vano, pero el juicio contra Acme, el personaje no solo reclama justicia, también expone la lógica absurda de un sistema que lo condena a repetir su fracaso.

La película en ese sentido funciona como metáfora del trabajador explotado frente a la maquinaria corporativa, y aunque puede que el guion parece se excede en subrayar el tema, perdiendo cierta sutileza, el mensaje por medio del humor que caracteriza los dibujos animados, es tan potente como conmovedor, ya que la cinta no se desarrolla en mensajes políticos, sino desde la empatía, la amistad y el amor.

Acme vs Coyote es un experimento audaz y lleno de amor por sus personajes de siempre que han acompañado generaciones, y aunque no siempre equilibra la nostalgia con la crítica social, ofrece una reinterpretación valiosa de un mito animado. Green convierte al Coyote en un antihéroe contemporáneo, atrapado entre la risa y la tragedia, y presenta un espacio para pensar cómo los íconos de la cultura popular pueden dialogar con las ansiedades del presente, cerrando la historia con una imagen esperada por décadas entre el Coyote y el Correcaminos. Juzguen ustedes.

| Nota del editor *

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