[Crítica] Habitante: un viaje audiovisual en busca de respuestas

En cuanto se emerge de una circunstancia adversa, parece que se toma ventaja de algo que se aprendió y se superó. En cuanto se camina por el mundo, se hace visible que hay muchos mundos allí afuera, y los que marcan la vida propia, aún más cuando se tiene la oportunidad de registrar durante veinte años archivos en soportes que van desde el MiniDV hasta formatos digitales contemporáneos.

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Las imágenes de cada uno de estos formatos de grabación se acoplan de manera organizada a la narrativa del fotógrafo y cineasta bogotano José Alejandro González, luego de la muy buena recepción de sus anteriores obras: Lázaro (2019) y Álvaro (2021), con una especie de continuación narrativa en Habitante.

Es interesante y valioso cómo el director, por medio de la idea original de querer encontrar una profunda conexión humana con quien pueda hallar en un lugar cualquiera, según él, una calma sintiente por medio de desconocidos, tal vez porque frente a ellos desaparecen las versiones que se construyen de sí mismos.

Según González, comprendió que todos intentan responder las mismas preguntas con palabras distintas, las que grababa, porque cada encuentro parecía contener una pequeña revelación en la que, detrás de cada rostro, encontraba una parte de sí mismo. Incluso lo reflejó en un plano retomando una pintura del artista estadounidense Edward Hopper, desde la soledad, desde el no lugar.

El largometraje toma su ritmo del largo proceso de seleccionar las mejores historias y de cómo dialogan entre sí, pero se siente que cambia continuamente, gracias a que, en los mismos veinte años de recopilar relatos, también cambió el director y su manera de interpretar la forma de vivir en cada uno de ellos.

Habitante se convierte en una confesión estructurada por los sentidos de las palabras de cada persona que aparece en cámara, sus motivaciones y las consecuencias que parece tener la vida en la cotidianidad, en lugares que dictan también formas de estar, reflejando los privilegios, las personas que por necesidad son errantes y otras que simplemente ya decidieron rendirse y esperar su hora, carcomiéndose por dentro.

Las imágenes documentadas por González no son solo un diario de viaje, son una recopilación alrededor del mundo que demuestra que el ser humano tiene una necesidad de pertenecer a algo, así sea por un momento. Ese ser que estudia la antropología social se define dentro de la condición humana en su forma de vivir, interactuar y aprender en comunidad, donde la cultura, las normas y el lenguaje construyen la identidad de cada uno.

El espacio que habita cada quien al momento de ser grabado, el rostro que refleja y se acomoda a sus palabras, le entrega al espectador una expectativa de lo que fue o de lo que puede llegar a ser. Con historias tan melancólicas y tristes, o tan llenas de relatos sobre cómo poder ver la vida con plenitud, muestra que ninguna está tan lejana como los países de donde provienen, porque la condición humana y la necesidad no cambian con el idioma, solo se transforman para parecer por momentos algo diferente que, desafortunadamente, resulta familiar.

Habitante es capaz de reflejar muchas ideas con un gesto, unas palabras, un poema o un adiós definitivo, y esas conexiones con las historias son lo que termina llegando al público para que pueda verse a sí mismo y a su entorno. Juzguen ustedes.

| Nota del editor *

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