[Crítica] La guerra de los últimos (The Dog Stars): en el fin, la humanidad persiste en los vínculos más sencillos para sobrevivir

En los últimos años el panorama del cine posapocalíptico es un tema recurrente bajo el lente de diferentes directores. El británico Ridley Scott, de los directores más icónicos en la historia del cine, regresa con La guerra de los últimos (The Dog Stars), una obra que sorprende no tanto por su temática, sino por la forma de mostrar la devastación de un mundo tras una catástrofe.

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Por la temática se podría esperar que la cinta se proponga de manera frenética, pero el ritmo narrativo, caracterizado del director en buena parte de su filmografía, acostumbrado a un tempo pausado, contemplativo, donde la tensión se construye con silencios y atmósferas, ahora sumerge al espectador en un flujo narrativo más contemplativo, que por momentos sigue la serenidad de títulos como The Counselor (2013), o incluso con la monumental calma de una obra maestra como Blade Runner (1982).

Margaret Qualley as Cima in 20th Century Studios’ THE DOG STARS. Photo courtesy of 20th Century Studios. © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

En comparación con el cine posapocalíptico de los últimos cuatro años, el género ha ofrecido productos audiovisuales que dialogan directamente con la propuesta de Scott. Series llevadas a la televisión a partir del videojuego The Last of Us (2023), Bird Box Barcelona (2023) de Netflix o la buena secuela de A Quiet Place Part II (2021), que han explorado la fragilidad humana frente a un entorno hostil, pero con un ritmo más íntimo, donde el silencio y la espera se convierten en protagonistas.

Frente a ellas, La guerra de los últimos se atreve a romper con la expectativa del director, no con la contemplación prolongada, sino con un ritmo narrativo que empuja constantemente hacia adelante desde el desarrollo de sus personajes, jugando con la urgencia de la supervivencia, que no permite detenerse a mirar el paisaje devastado.

En comparación con The Last of Us, que se sostiene en la construcción de vínculos emocionales y en la lenta revelación de un mundo corroído, gracias a que una serie tiene más metraje para desarrollar sus personajes, Scott opta por las acciones de lo que parecería coherente en un mundo tan hostil. 

Josh Brolin as Bangley in 20th Century Studios’ THE DOG STARS. © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

La humanidad toma el centro al interior del desarrollo de sus personajes: Hig (Jacob Elordi) se presenta como un personaje que busca constantemente la esperanza en un mundo sin construcciones sociales conocidas. Sin embargo, lo más notable de la película es la manera como Scott sigue poniendo la humanidad en el centro de la catástrofe.

No llega a ser brillante como Exterminio: el templo de huesos (2026), pero desde su título original, The Dog Stars, evoca la compañía animal como metáfora de la fidelidad y la esperanza en medio del derrumbe. En un mundo donde las estructuras sociales han colapsado, la relación entre humanos y animales se convierte en un recordatorio de que la empatía y la solidaridad son las últimas estrellas que iluminan la noche del desastre.

Jacob Elordi as Hig in 20th Century Studios’ THE DOG STARS. © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Aquí se percibe una reflexión profunda: ¿qué queda de nosotros cuando el tiempo se acelera y la pausa desaparece? Scott parece sugerir que, incluso en la prisa, la humanidad se revela en los vínculos más sencillos, en la mirada compartida con un ser vivo que nos acompaña. Es un recordatorio de que la supervivencia no es solo biológica, también afectiva.

De igual manera personajes como Cima (Margaret Qualley) hacen que Hig continue esa búsqueda de humanidad donde parece desaparecer continuamente. Pops (Guy Pearce) parece mostrar lo poco que queda de las construcciones sociales que el mundo alguna vez construyó y con las que convivió. Nada de eso parece ser útil en un mundo así, con una cinta que propone que el orden social es un espejismo de un modelo en donde prevalece la fuerza del más fuerte, que encarna Bangley (Josh Brolin), que reafirma esa idea con sangre y fuego.  

La propuesta visual de The Dog Stars se distancia de la solemnidad cromática que Scott había cultivado en obras como Prometheus (2012) o Blade Runner 2049 (2017) (aunque esta última dirigida por Denis Villeneuve, Scott fue productor y su impronta estética es reconocible).

Margaret Qualley as Cima in 20th Century Studios’ THE DOG STARS. © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Aquí, la cámara se mueve con mayor nervio e intensidad, con planos más cortos y una paleta que oscila entre los ocres de la tierra devastada y los azules metálicos de la tecnología residual.

La fotografía, lejos de la contemplación pictórica, transmite la sensación de un mundo que se desmorona en tiempo real bajo la mirada del director de fotografía estadounidense Erik Messerschmidt, que desde la luz natural, áspera y sin filtros, refuerza la idea de que la belleza ya no es posible, porque lo que queda es la crudeza de la supervivencia.

(L-R) Jacob Elordi as Hig and Margaret Qualley as Cima in 20th Century Studios’ THE DOG STARS. Photo by Fabio Lovino. © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

The Dog Stars se posa dentro de las producciones históricas del cine posapocalíptico reciente, con un intento de ruptura que puede defraudar al espectador que quiera encontrar enfrentamientos sin cesar, pues la cinta se enfoca más en el desarrollo de sus personajes en su entorno, con un Scott que ofrece un relato más coherente que conserva su mirada humanista, un recordatorio de que el fin del mundo no es solo un espectáculo visual, sino una oportunidad para preguntarnos qué significa seguir siendo humanos cuando todo lo demás se ha perdido. Juzguen ustedes.

| Nota del editor *

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