[Crítica] Iluminada: un trabajo que busca desentrañar las huellas de la violencia con herencia cultural

Muchas veces las películas colombianas son criticadas por sus temáticas recurrentes, y el director colombiano Nicolás Rincón Gille confirma su particular atención a la realidad de los territorios, mirando de cerca la memoria íntima y colectiva.

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Iluminada es la última película de este director que ha demostrado una decidida sensibilidad por su realidad, de quien destaca su cinta Tantas almas (2019), la historia de un hombre que, al regresar a su casa en el campo colombiano después de una larga noche de pesca, descubre que fuerzas paramilitares han matado a sus dos hijos y arrojado sus cuerpos al río.

En esta ocasión, Gille regresa con una película que funciona como metáfora de la fragilidad de la esperanza, donde la luz nunca es plena sino intermitente, que muestra un contexto difícil pero real, donde la cámara se toma su tiempo en los rostros, en los silencios, en los espacios domésticos que se convierten en escenarios de resistencia cultural. Entre los talones de Aquiles de la cinta están su ritmo que se corta constantemente, y el hecho que nunca define su forma.

La narrativa testimonial se combina con la ficción, que no es completamente testimonial y por momentos no resulta clara, cuando su protagonista logra trasladarse a una especie de plano astral. Iluminada no pretende reconstruir hechos históricos de manera directa, sino que se aproxima a ellos a través de lo que parece ser una experiencia de personajes.

En este sentido, la obra nunca consolida una narrativa sólida, apenas transita entre una memoria individual y una colectiva, dejando vacíos, con el añadido que la calidad actoral tampoco le aporta ritmo a la cinta. Sin embargo, es interesante cómo la historia propone el cuerpo como archivo de la violencia, cómo los nocivos sistemas sociales que permite apreciar cómo los cuerpos muestran cicatrices invisibles.

La protagonista encarna la tensión entre el deseo de olvidar y la necesidad de recordar, pero incurre en explicaciones redundantes, como un bucle interminable de vueltas en círculo. Los gestos y las expresiones de sus protagonistas, incluso sus silencios, en ocasiones son forzados y no aportan mucho, una forma de narración que hace que la película se caiga en repetidas ocasiones. Sin embargo, Gille, fiel a su estilo, intenta evitar el dramatismo explícito y apuesta por una gestualidad mínima que, no obstante, resulta poco convincente.

Iluminada exige paciencia y atención por este tipo de historias, pues no busca complacer ni ofrecer respuestas fáciles, porque invita a habitar la incertidumbre y a reconocer el espacio del otro como resistencia, pero no logra que el mensaje llegue al espectador con un cuestionamiento potente, que por el contrario se diluye en el melodrama, que a mi modo de ver pierde la conexión con la memoria, aunque queda como un acto de fidelidad con las voces silenciadas. Juzguen ustedes.

| Nota del editor *

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