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[Crítica] ¡La novia! (The bride!): una versión atrevida e impredecible

La frase “la oscuridad no existe, es en realidad ausencia de luz”, es frecuentemente asociada con la idea de que siempre hay luz en la oscuridad, lo que significa que nada es completamente malo, solo es preciso un poco de luz. Se trata de una metáfora que define en parte ¡La novia! (The bride!), la más reciente película de la directora estadounidense Maggie Gyllenhaal, una ambiciosa reinterpretación del mito de Frankenstein, la novela de Mary Shelley. luego de su notable ópera prima, (The Lost Daughter) (2021) La hija oscura por la que recibió una nominación a premios Óscar por mejor guion adaptado.

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Ambientada en los años 30, con atmosferas que llaman por momentos al cine negro o film noir, la película se mueve en ciudades de Estados Unidos, entre ellas la Chicago industrial, distante y envuelta en el hampa, para luego dirigirse a una Nueva York que lleva la historia a entrelazarse con el romance, la violencia, persecuciones policiales y tensión social, con una mirada interesante sobre cómo la figura de la mujer se trataba como una sombra detrás de la figura masculina.

¡La novia! intenta ser todo lo que el espectador espera ver con las concesiones afines al género que parece mostrar, pero se va convirtiendo en muchas cosas más, construyendo las motivaciones de sus personajes desde la carencia del conocido personaje solitario de Shelley desde los antecedentes de los repentinos efectos secundarios de levantar a los muertos sino, explora que es volver a una vida sin memoria, sin pasado para regresar a un mundo con reglas impuestas sobre el cuerpo, el género y la marginalidad como una muestra violenta de que el presente pertenece al más fuerte.

La premisa de la película es interesante desde el perfil del personaje de Frankenstein (Christian Bale) ya que pide ayuda a la Dra. Euphronius (Annette Bening) para crear una compañera desde la soledad y que sin saberlo, transitan los mismos lugares oscuros cuando ambos son una mescla de muchas partes para intentar existir, Frank, desde su creación desde el libro de Mary Shelley y La Novia, desde una mujer fragmentada y rota en muchos lugares (literalmente),  asesinada e interpretada por la segura ganadora del premio Oscar a mejor actriz principal Jessie Buckley, pero en esta ocasión se convierte en el complemento de un “monstruo” que desencadena una guerra interna que cuestiona su existencia entre un aparente romance, la persecución policial y un cambio social radical, logrando prácticamente un remake de La novia de Frankenstein (1935), pero mostrando Frank es su complemento y ella el de él, porque han librado batallas muy parecidas en tiempos diferentes.

Es interesante ver cómo Gyllenhaal por medio del cine logra exponer una metaficción donde sus personajes logran construir su emocionalidad y gracias a la dirección de fotografía de Lawrence Sher, quien también estuvo involucrado en El guasón (2019) y Joker: Folie à Deux (2024), entre otras, pero dejando marcada esa estética en la cinta que le hace bien, como también la música de la compositora y chelista islandesa Hildur Ingveldardóttir, también involucrada en la película del archienemigo de Batman y con la composición musical de joyas como la de Tar (2022), entre otras.

Gracias a su buena dirección, la película transcurre en los hombros de sus dos protagonistas, los cuales ponen el nivel dramático, ya que por un lado Bale arma un Frank literalmente de pedazos cuya energía contenida y desesperación se transforma en desenfreno y pasión, que se contagia de la desesperada manera de existir de parte del personaje de Buckley, que nuevamente enciende la pantalla con una angustia tan profunda que estalla con violencia y en una constante lección de historia hacia los vejámenes dentro de las construcciones sociales hacia la mujer de los años 30, pero de las cuales al parecer pocas cosas han cambiado.

Además, la fuerza de Penelope Cruz, interpretando a Myma Mallow para terminar de cerrar los arcos de los personajes, fue clave para la propuesta de una revolución con todos los estribos desde ese momento, y no silenciosa y gradual como lo fue en todo el siglo XX, dejando varias reflexiones en sus desarrollos y un potente símbolo dentro de su estructura narrativa, con una carga de simbolismos que personalmente siento, van a ser que la película envejezca muy bien y sea valiosa para estos días.

¡La novia! puede solo ser interpretada desde su carga feminista, pero esa sería minimizar su carga simbólica y el tipo de denuncia estructural que encarna, con un reparto completado con nombres de peso como Annette Bening, Peter Sarsgaard y Jake Gyllenhaal, que muestra una presencia contundente de intérpretes con grandes trayectorias que refuerzan el tono dramático en una película de 2 horas y 7 minutos de metraje, que para mi sorpresa resultó ser romántica, una oda a encontrar esa luz dentro de tanta oscuridad, pero esa falta de luz no es negativa, porque en definitiva, es la que también se lleva por dentro. Juzguen ustedes. 

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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