Muchas de las grandes bandas en la historia de la música han vivido rompimientos que definen el fin de una época entre integrantes, que derivan en otras grandes bandas. De estas rupturas han sido protagonistas los Beatles con sus diferencias y la muerte de John Lennon, decesos como el de Ian Curtis que dejó un gran legado heredado de cierta manera con New Order, o Scott Weiland con Stone Temple Pilots y posteriormente con Velvet Revolver, entre muchos ejemplos, pero la separación de Liam y Noel Gallagher de Oasis concibió otros matices en la historia reciente de la música.
Esta banda británica se separó en 2009 por una fuerte pelea entre los hermanos Gallagher, famosos por tantos éxitos del britpop como por su intensa y larga rivalidad, que se reunieron en 2025 luego de 15 años para una gira mundial llamada Oasis Live 25, que produjo mucho material audiovisual, que dio para la realización del documental Oasis: Don’t Look Back in Anger, estrenado en el Festival Internacional de Cine de Venecia donde fue recibido con una gran ovación.

Este documental, más que poner en escena una de las creaciones humanas más antiguas como la música, que no tiene fecha exacta de creación ni un único inventor, que surgió de forma gradual hace al menos 40.000 a 60.000 años, que se define como el arte de organizar de manera coherente y estética los sonidos y los silencios a lo largo del tiempo, es una alegoría a la memoria colectiva de quien escucha y se emociona por medio de la música de esta banda británica nacida en Mánchester, Reino Unido.
El director y guionista de cine, el inglés Will Lovelace, responsable de documentales musicales contundentes como Shut Up and Play the Hits (2012), (un documental aclamado por la crítica que sigue a James Murphy, líder de LCD Soundsystem, durante las últimas 48 horas previas a su concierto de despedida en el Madison Square Garden) entre otros, en esta ocasión regresa al lado del tambiéndirector de cine y guionista inglés Dylan Southern, que han firmado juntos grandes trabajos como No Distance Left to Run (2010) sobre la banda inglesa Blur (archienemigos de Oasis) o Meet me in the bathroom (2022), un gran documental que es un viaje inmersivo por la escena musical neoyorquina de principios de la década de 2000, con imágenes inéditas de bandas como The Strokes, Interpol, entre otros.
Oasis: Don’t Look Back in Anger no se presenta como la redención de una pelea añeja entre dos super estrellas del rock, con canciones legendarias a sus espaldas, sino como el reencuentro de dos hermanos músicos que buscan encender ese fuego de nuevo con una conciencia diferente a la de la última vez que se vieron, donde no importaba nada más que el ego de cada uno. Ahora, además de sus intereses y de ellos mismos, el documental es un reconocimiento a quien los escucha y a quienes por tantos años fueron capaces de mantener las expectativas con la misma emoción que fuera transmitida a sus familias para mantener esa comunión entre la música, el gran escenario y todos los músicos de Oasis.
Los directores hacen gala de su manera de capturar momentos icónicos de los lugares para preservar las particularidades de cada uno con la emoción como hilo conductor hacia la banda, que en ocasiones se convierte en devoción, que se celebra en el escenario como el mejor rito de paso humano, una fiesta para quien quiera estar allí, convirtiendo cada concierto de la mítica banda británica en un capítulo aparte de toda su historia, construyendo Oasis: Don’t Look Back in Anger, desde el nombre de su canción lanzada en 1996 que viene de What’s the Story, Morning Glory, uno de sus álbumes más exitosos.

En su recorrido alrededor del mundo gracias a su gira, la banda muestra que no existe un impedimento para disfrutar de la música más allá de la cultura, del idioma o del contexto de cada país, porque muestra que cada canción se disfruta por varias generaciones al compás de letras como Wonderwall, Live Forever, Champagne supernova, Stop Crying Your Heart Out, y por supuesto “Don’t Look Back in Anger”.
Oasis: Don’t Look Back in Anger es una carta de amor a los fans de la banda, y un homenaje a la música y lo que representa para la gente, clave en las emociones de la humanidad que cada vez se ve envuelta en canciones desechables, olvidables y sin emociones que perduren, de calidad musical inexistente. Este documental recuerda que la música es un arte, y que las emociones que transmite deben ayudarnos a trascender, así sea por unos minutos. ¡Salud!








