Cuidar la casa común también implica transformar la manera de vivir

Durante la tercera Jornada de Ecología Integral del Minuto de Dios, el padre Camilo Bernal, CJM, presidente de la Corporación Organización El Minuto de Dios, habló sobre más de cuatro décadas de trabajo ambiental, la necesidad de transformar los hábitos cotidianos y el papel de la educación universitaria en la construcción de comunidades comprometidas con el cuidado de la casa común.

Hablar de ecología integral en el Minuto de Dios implica mirar más allá de las acciones relacionadas exclusivamente con el medio ambiente. También significa hablar de educación, espiritualidad, trabajo comunitario, producción, comunicación, economía circular y transformación de los territorios.

Ese fue uno de los planteamientos centrales del padre Camilo Bernal durante la tercera Jornada de Ecología Integral del Minuto de Dios, un encuentro que reunió experiencias desarrolladas desde diferentes áreas de la Organización El Minuto de Dios alrededor del cuidado de la casa común.

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El presidente de la organización recordó que esta preocupación tiene una trayectoria de más de cuatro décadas dentro de la obra y que, con el paso del tiempo, se ha incorporado a distintos espacios de formación y acción social.

“Ya vamos en esta tercera jornada que recoge más de 40 años de trabajo del Minuto de Dios en todos los temas ambientales”, afirmó durante una entrevista con UNIMINUTO Radio.

Para el padre Bernal, uno de los aspectos que permite comprender esta trayectoria es la manera como la preocupación ambiental ha ido llegando a diferentes generaciones y escenarios. Desde los niños de los jardines y los estudiantes de los colegios hasta los universitarios, las familias y las comunidades, la ecología integral plantea una tarea que atraviesa distintas etapas de la vida.

A esto se suman las iniciativas de las entidades que hacen parte de la Organización El Minuto de Dios. El sacerdote mencionó experiencias relacionadas con la economía circular, la confección, la producción de alimentos y la biotecnología, así como procesos educativos y de comunicación.

En su lectura, estas experiencias no funcionan de manera aislada. Hacen parte de un ecosistema de iniciativas que busca generar conciencia y promover prácticas relacionadas con la sostenibilidad.

Una responsabilidad que comienza en la vida cotidiana

Uno de los planteamientos centrales de la conversación fue la necesidad de llevar la discusión ambiental a los espacios donde transcurre la vida cotidiana.

Para el padre Bernal, el cuidado de la casa común no depende únicamente de grandes proyectos ambientales o de decisiones institucionales. También está relacionado con la manera como las personas viven en sus hogares, utilizan el agua y la energía, se movilizan, consumen y se relacionan con su entorno.

“Nuestra propia sostenibilidad depende de nuestra capacidad de hacer sostenible a la casa común”, sostuvo.

Desde esta perspectiva, la ecología integral implica revisar prácticas cotidianas y reconocer que las decisiones individuales tienen una relación con problemas que afectan a las comunidades.

El llamado incluye los espacios educativos, los lugares de trabajo, las universidades, la industria, el comercio y los templos. En cada uno de estos escenarios, señaló el padre Bernal, existe la posibilidad de incorporar prácticas que contribuyan al cuidado del ambiente.

La reflexión también está relacionada con los cambios en las condiciones climáticas y con fenómenos que afectan la disponibilidad de recursos. Por eso, el sacerdote planteó que las circunstancias actuales exigen revisar estilos de vida y formas de consumo.

La tarea, según explicó, no corresponde a un único sector. Requiere la participación de las familias, las instituciones educativas, las empresas, las organizaciones sociales y las comunidades.

El vínculo entre el cuidado ambiental y las comunidades

En la entrevista también apareció una idea que atraviesa buena parte del trabajo social del Minuto de Dios: la relación entre el cuidado del ambiente y las condiciones de vida de las comunidades.

El padre Camilo Bernal hizo referencia al llamado a escuchar simultáneamente “el clamor de la tierra y el grito de los pobres”, una expresión asociada a la perspectiva de ecología integral promovida por el papa Francisco en Laudato si’.

Esta mirada plantea que las problemáticas ambientales y sociales no pueden analizarse completamente por separado. El deterioro de los ecosistemas tiene consecuencias sobre las personas y, particularmente, sobre comunidades que dependen directamente de los recursos naturales para desarrollar sus actividades y garantizar sus condiciones de vida.

Desde el trabajo de El Minuto de Dios, esta relación se aborda mediante diferentes proyectos educativos, productivos y comunitarios.

Por eso, la jornada no se limitó a presentar iniciativas ambientales. También permitió mostrar experiencias que relacionan sostenibilidad, educación, producción y desarrollo comunitario.

Universidad: de la teoría a la experiencia

La participación de los estudiantes universitarios fue otro de los temas abordados durante la conversación.

Para el padre Camilo Bernal, la universidad tiene un papel relevante en la formación de profesionales capaces de comprender las problemáticas sociales y ambientales desde el territorio. Sin embargo, esa formación, a su juicio, requiere una relación permanente entre los conocimientos académicos y las experiencias concretas de las comunidades.

“La educación debe ser no solo conceptual, teórica, sino también experiencial”, afirmó.

Como ejemplo, recordó la experiencia de una estudiante que participó en un proceso de inmersión en el Colegio Formemos. Según relató, la estudiante manifestó que lo aprendido durante su experiencia en la comunidad había tenido un impacto mayor que buena parte de los conocimientos adquiridos exclusivamente desde el aula.

El ejemplo permite abrir una discusión sobre la manera en que se forman los estudiantes universitarios. La experiencia directa con comunidades puede convertirse en un espacio para comprender problemas que, vistos únicamente desde la teoría, pueden parecer abstractos.

En el caso de UNIMINUTO, esta relación entre educación y territorio está vinculada con la apuesta institucional por la responsabilidad social y el desarrollo de proyectos que acercan a los estudiantes a diferentes realidades del país.

La ecología integral se convierte así en un campo en el que convergen la formación profesional, la responsabilidad social y el conocimiento de las comunidades.

La Ciudadela Minuto de Dios: una experiencia que comenzó con 70 viviendas

Durante la conversación, el padre Bernal también llevó la discusión hacia una experiencia concreta: la Ciudadela Minuto de Dios.

Recordó que el proyecto comenzó con 70 viviendas, cuando el sector todavía tenía características rurales, y que con el paso de las décadas se convirtió en una ciudadela con más de 4.000 viviendas.

La transformación del territorio está vinculada, según explicó, con el propósito del padre Rafael García Herreros de construir una comunidad en la que los principios de la doctrina social cristiana pudieran expresarse en acciones concretas.

Solidaridad, fraternidad, justicia, inclusión y educación aparecen, en su relato, como algunos de los principios que orientaron ese proceso.

La Ciudadela es presentada así como una experiencia que permite observar cómo una iniciativa comunitaria puede modificar progresivamente un territorio y generar nuevas dinámicas sociales.

Para el sacerdote, la experiencia también plantea una pregunta para otros territorios: cómo replicar, con sus propias características, procesos comunitarios que permitan mejorar las condiciones de vida de las personas.

“Ojalá tuviéramos 100 comunidades como estas en Colombia, así sean pequeñas”, expresó.

La experiencia se extiende a otros territorios

El trabajo de transformación territorial mencionado por Bernal no se limita a la Ciudadela Minuto de Dios.

Durante la entrevista se refirió a procesos desarrollados en diferentes lugares del país, entre ellos Ciudad Bolívar, Soacha, Putumayo, Chocó, Catatumbo y Bello, Antioquia.

También recordó los cuestionamientos que surgieron cuando comenzó el proyecto universitario en Bello. Según relató, algunas personas consideraban que una institución universitaria no tendría posibilidades de consolidarse allí.

La respuesta, explicó, fue persistir.

Con el tiempo, UNIMINUTO consolidó su presencia en ese territorio. Bernal utilizó esta experiencia para hablar de una característica que considera propia del trabajo de la Organización El Minuto de Dios: la decisión de permanecer en los territorios y construir procesos de largo plazo.

“Persistir, nunca desistir, insistir para transformar”, resumió.

La frase conecta el trabajo ambiental con una concepción más amplia del desarrollo comunitario. El cuidado de la casa común no aparece únicamente como una agenda ambiental, sino como parte de una tarea que también involucra educación, organización comunitaria, inclusión y construcción de oportunidades.

Cuatro décadas de trabajo y un desafío hacia adelante

La tercera Jornada de Ecología Integral del Minuto de Dios permitió reunir diferentes experiencias bajo una misma preocupación: cómo avanzar hacia formas de relación más responsables con el ambiente y con las comunidades.

Para el padre Camilo Bernal, el reto está en que la conciencia ambiental se traduzca en prácticas concretas. Esto implica revisar hábitos en el hogar, en las instituciones educativas, en los lugares de trabajo y en los territorios.

También supone fortalecer los espacios donde estudiantes, docentes y comunidades pueden encontrarse para compartir conocimientos y experiencias.

La ecología integral, desde esta perspectiva, no se reduce a una jornada o a una actividad específica. Se plantea como una tarea permanente que atraviesa diferentes dimensiones de la vida de la Organización El Minuto de Dios.

Al finalizar la entrevista, el padre Bernal insistió en la importancia de la unidad entre quienes hacen parte de esta obra.

“Somos una familia que entre más nos unamos, más vamos a poder servir”, afirmó.

La tercera Jornada de Ecología Integral deja así una pregunta abierta para instituciones, comunidades y ciudadanos: cómo convertir la preocupación por la casa común en decisiones concretas que puedan sostenerse en el tiempo y cómo hacer que esas decisiones tengan un impacto real en los territorios donde se desarrolla la vida cotidiana.

| Nota del editor *

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