Hay prendas que tienen una segunda oportunidad. También hay historias de vida que comienzan de nuevo.
En la tercera Jornada de Ecología Integral de la Organización El Minuto de Dios, una conversación entre estudiantes de los colegios de El Minuto de Dios y Jesús Libardo Hernández permitió acercarse a una experiencia en la que el cuidado del ambiente y la construcción de paz se encuentran en un mismo proyecto.
Hernández, procedente de la vereda La Fila, en Icononzo, Tolima, es firmante del Acuerdo de Paz entre el Gobierno nacional y la antigua guerrilla de las FARC. Desde hace aproximadamente diez años participa en un proceso productivo relacionado con la confección de prendas de vestir y la reutilización de telas y retazos.
Su historia está ligada a una decisión que comenzó con la firma del Acuerdo de Paz y que posteriormente se convirtió en un proceso de aprendizaje, organización y trabajo colectivo.
Una nueva vida después de la guerra
Cuando se produjo la firma del Acuerdo de Paz, Hernández tuvo que decidir qué camino tomar dentro de las posibilidades que comenzaban a abrirse para los integrantes de la antigua guerrilla.
El proceso contemplaba un capital semilla para la creación de cooperativas y el desarrollo de proyectos productivos. Entre las alternativas apareció la confección.
“Entre ellos resultó crear el proyecto de confecciones”, relató durante la entrevista.
La experiencia era nueva para él. No tenía conocimientos previos de costura, aunque algunos de sus compañeros sí habían trabajado en confección. A partir de esos saberes y con el acompañamiento de instructores del SENA, comenzaron un proceso de formación.
La capacitación se convirtió así en uno de los primeros pasos de una actividad productiva que hoy les permite presentar sus prendas en distintos escenarios.
El camino, sin embargo, no fue inmediato. Hernández explicó que la aprobación del proyecto tardó cerca de dos años. Durante ese tiempo, el grupo continuó capacitándose y buscando instituciones y personas que pudieran acompañar el proceso.
Diez años después de aquel comienzo, la confección se convirtió para él en una manera concreta de mostrar qué hacen los firmantes de paz durante su proceso de reincorporación.
De los retazos a nuevas prendas
La actividad productiva que desarrolla la cooperativa tiene además un componente ambiental.
A través de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización, según explicó Hernández, han tenido contacto con empresas interesadas en aportar al cuidado del ambiente. Algunas de estas organizaciones entregan prendas y materiales que pueden ser reutilizados.
El trabajo consiste en identificar qué se puede hacer con esos materiales y transformarlos en nuevas piezas.
El proceso parte de algo que podría terminar como residuo: una prenda usada, un retazo o un material que ya cumplió su primera función. Con diseño y trabajo de confección, esos elementos adquieren una nueva posibilidad de uso.
Para Hernández, el valor de este trabajo está precisamente en mostrar que aquello que parece no tener utilidad puede convertirse en una nueva prenda.
“Uno a veces mira unos retazos donde dice: ‘¿Pero qué hacemos con esto?’”, explicó. La respuesta está en el diseño, la confección y la posibilidad de volver a poner esos materiales en circulación.
Esta perspectiva conecta directamente con uno de los planteamientos de la Jornada de Ecología Integral: buscar formas de producción y consumo que reduzcan el desperdicio y promuevan un uso más responsable de los recursos.
La moda como una forma de contar la paz
Durante la jornada, las prendas elaboradas por la cooperativa fueron presentadas en un desfile.
Para Hernández, mostrar el resultado del trabajo tiene un significado que va más allá de la ropa.
Cada prenda permite explicar un proceso. Habla de quienes participaron en su elaboración, de los materiales que fueron recuperados y de una actividad productiva que surgió en el marco de la reincorporación.
Pero también permite mostrar públicamente qué están haciendo los firmantes de paz.
Hernández considera que estos espacios sirven para acercar a la sociedad a las experiencias de quienes dejaron las armas y decidieron incorporarse a proyectos productivos.
Su mensaje parte de una experiencia concreta: la reincorporación requiere oportunidades, formación, acompañamiento institucional y posibilidades reales de trabajo.
Por eso, la confección se convirtió en una herramienta para avanzar hacia la vida civil, pero también en un medio para relacionarse con otras comunidades y organizaciones.
“Para mí sí valió la pena”
Durante la conversación, una de las preguntas llevó a Hernández al terreno más personal: después de todo lo ocurrido, ¿había valido la pena el proceso de paz?
Su respuesta fue directa: sí.
La razón principal tiene un nombre propio: su familia.
El proceso le permitió reencontrarse con sus seres queridos después de muchos años. También le permitió construir una nueva historia familiar. Durante la entrevista contó que tiene una hija de diez años, nacida después del proceso de paz.
Su hija lo acompañó durante la jornada en la que se realizó la entrevista.
Para Hernández, esa posibilidad representa una de las razones por las que considera que el camino recorrido ha valido la pena.
A esa experiencia familiar se suma la posibilidad de mostrar públicamente el trabajo realizado durante estos años.
“Estamos mostrándole a la gente: esto es lo que estamos haciendo los firmantes de paz”, explicó.
Su relato también incluye experiencias de trabajo con víctimas del conflicto y el acompañamiento de distintas organizaciones. En su perspectiva, esos procesos permiten demostrar que la reincorporación puede construirse desde actividades productivas y relaciones con diferentes sectores de la sociedad.
Recomponer el tejido social
Hernández no habla de la paz como una idea abstracta. Su referencia parte de lo que conoció durante los años de conflicto y de lo que ha encontrado durante su proceso de reincorporación.
En su reflexión, la guerra deja víctimas y victimarios, pero también afecta las relaciones entre las comunidades.
Por eso considera que la implementación del Acuerdo de Paz debe contribuir a recomponer el tejido social afectado por décadas de conflicto.
“Lo que requiere es recomponer el tejido social que dejó la guerra”, afirmó.
Desde su experiencia, llegar a acuerdos es posible incluso cuando existen diferencias ideológicas. Su preocupación está relacionada con la continuidad de la violencia en diferentes regiones del país y con la necesidad de mantener abiertas las posibilidades de diálogo.
Su experiencia personal también le permite valorar los cambios que ha vivido desde la dejación de armas.
Pasó de una vida marcada por el conflicto a una actividad productiva que hoy le permite presentarse ante distintos públicos como empresario de la confección y firmante de paz.
La educación como una oportunidad que faltó
Uno de los momentos más significativos de la conversación ocurrió cuando Hernández habló de su propia historia educativa.
Estudió hasta quinto de primaria. No pudo continuar con el bachillerato y, de acuerdo con su relato, la falta de oportunidades hizo parte de las circunstancias que influyeron en la decisión que tomó años atrás de ingresar a la insurgencia.
“No miré otra opción, no tuve oportunidades de estudiar”, expresó.
Hernández no presenta esta experiencia como una justificación de su decisión, sino como una reflexión sobre las condiciones que enfrentó durante su juventud.
Cuando una de los estudiantes le preguntaron por el papel de la educación, su respuesta fue contundente:
“Importantísimo”.
Su historia pone la educación en el centro de una discusión que trasciende la reincorporación. Para él, ofrecer oportunidades de formación a los jóvenes puede abrir caminos distintos frente a los escenarios de violencia.
La capacitación que recibió años después, esta vez para aprender sobre confección, se convirtió precisamente en una herramienta para construir una actividad productiva.
El SENA, las organizaciones que han acompañado el proceso y las instituciones que han facilitado oportunidades aparecen en su relato como parte de una red de apoyos que permitió convertir una iniciativa en un proyecto.
Organizarse para salir adelante
La experiencia de Hernández también tiene una dimensión comunitaria.
Desde su perspectiva, organizarse permite alcanzar objetivos que difícilmente podrían conseguirse de manera individual.
“Un organizado puede lograr muchas cosas”, afirmó durante la entrevista.
El trabajo colectivo permitió poner en marcha la cooperativa, acceder a formación, buscar apoyos institucionales y desarrollar productos.
Su origen campesino también influye en la manera como entiende este proceso. Hernández explicó que proviene de una familia campesina y que esa relación con el territorio y las comunidades permanece presente en su vida.
La cooperativa se convierte así en un espacio de trabajo, pero también en una forma de demostrar que las comunidades pueden construir alternativas cuando cuentan con oportunidades y acompañamiento.
Ecología integral y construcción de paz
La presencia de Jesús Libardo Hernández en la tercera Jornada de Ecología Integral del Minuto de Dios permitió conectar dos asuntos que con frecuencia se abordan por separado: la protección ambiental y la construcción de paz.
En su caso, la relación aparece en una actividad concreta.
Una prenda usada puede convertirse en materia prima. Un retazo puede dejar de ser residuo y transformarse en una nueva pieza. Un grupo de personas que debió comenzar una nueva vida después del conflicto puede encontrar en el trabajo productivo una forma de reincorporarse.
La experiencia también muestra que la sostenibilidad puede estar vinculada con las condiciones sociales en las que se desarrolla la producción.
La reutilización de materiales requiere conocimientos, diseño, capacitación, organización y mercados. En este caso, también ha requerido el acompañamiento de instituciones y organizaciones interesadas en apoyar el proceso de reincorporación.
Por eso, el desfile realizado durante la jornada no fue solamente una presentación de prendas. Para sus protagonistas, fue una oportunidad para contar una historia.
Una historia que comienza en el campo colombiano, atraviesa décadas de conflicto, pasa por la firma de un acuerdo, continúa con la capacitación en confección y llega hasta un espacio dedicado a la ecología integral.
Una historia que todavía se está construyendo
Diez años después del inicio de su proceso de reincorporación, Jesús Libardo Hernández continúa trabajando en la confección y buscando espacios para mostrar los resultados de la cooperativa.
Su experiencia no presenta la construcción de paz como un proceso terminado. Al contrario, su relato habla de una tarea que requiere continuidad, oportunidades y acompañamiento.
También plantea preguntas sobre las condiciones que permiten que una persona pueda escoger un camino diferente.
En su caso, la educación aparece como una oportunidad que no tuvo en su juventud y que hoy reconoce como fundamental. La formación técnica que recibió posteriormente le permitió adquirir conocimientos para desarrollar una actividad productiva.
La reutilización de prendas y retazos, por su parte, abrió otra posibilidad: vincular el proyecto de reincorporación con el cuidado ambiental.
En medio de telas, máquinas de coser y prendas recuperadas, Hernández encontró una manera de mostrar que la reincorporación puede expresarse también en el trabajo cotidiano.
Su mensaje durante la Jornada de Ecología Integral fue sencillo: organizarse, buscar oportunidades, insistir y trabajar con otros.
Y detrás de cada prenda presentada en el desfile quedó una historia que va más allá de la moda: la de una persona que dejó atrás las armas, recuperó el vínculo con su familia y encontró en la confección una forma de construir su presente y aportar a una sociedad que todavía busca caminos para recomponer los vínculos afectados por la guerra.








