A pesar de que en septiembre de 2024 el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible presentó un plan oficial para frenar el crecimiento de los hipopótamos en Colombia, la estrategia no ha mostrado avances concretos y el problema ambiental continúa intensificándose. Expertos advierten que, de no aplicarse medidas urgentes, la población de esta especie invasora podría alcanzar los 1.000 ejemplares en 2035.
Así lo señaló Germán Jiménez, profesor e investigador en manejo y conservación de fauna silvestre de la Universidad Javeriana, quien aseguró que, aunque el plan fue sancionado, “no ocurrió nada” en términos de implementación. El investigador hizo la advertencia en el marco del Día Internacional del Hipopótamo, que se conmemora cada 15 de febrero.
Los hipopótamos llegaron a Colombia en la década de 1980, cuando el narcotraficante Pablo Escobar introdujo cuatro ejemplares en la Hacienda Nápoles, ubicada en el Magdalena Medio. Tras su muerte y el abandono de la finca, los animales escaparon y encontraron en la región un entorno favorable: abundante alimento, clima estable y ausencia de depredadores naturales. Estas condiciones permitieron una rápida reproducción sin control.

En 2022, el Ministerio de Ambiente incluyó oficialmente al hipopótamo en el listado de especies invasoras, reconociendo su impacto negativo sobre los ecosistemas, los cultivos y las comunidades humanas, especialmente en municipios como Puerto Triunfo, Antioquia.
El plan gubernamental contempla medidas como la esterilización quirúrgica, el traslado de animales, el confinamiento y, como último recurso, la eutanasia bajo estándares de bienestar animal. Sin embargo, según Jiménez, no se evidencia una articulación real de estas acciones en el territorio.
Además del impacto económico esterilizar un solo hipopótamo puede costar alrededor de 40 millones de pesos, el daño ambiental es creciente. La presencia de estos animales altera la calidad del agua de ríos y humedales al aumentar la carga de nutrientes por sus desechos, lo que favorece la proliferación de algas y reduce los niveles de oxígeno. Esto afecta directamente a peces y otras especies acuáticas, además de erosionar las riberas y modificar la vegetación.

El riesgo también alcanza a las comunidades humanas, ya que los hipopótamos son animales territoriales y pueden presentar comportamientos agresivos, especialmente durante la noche cuando salen a alimentarse en tierra firme.
Expertos advierten que, si no se toman decisiones prontas, la problemática se agravará no solo por el crecimiento poblacional, sino también por el posible tráfico ilegal de crías y la expansión de los animales hacia otras cuencas del país. A esto se suma la reducción de recursos económicos para la gestión ambiental, producto de recortes presupuestales y de la disminución de cooperación internacional.
“El plan es viable, pero debe ejecutarse ya. Si se sigue postergando, el problema será cada vez más complejo y costoso de resolver”, concluyó Jiménez.








