Foto tomada de: KienyKe

Para mediados de año, todo parecía jugar en contra de los sectores de oposición que buscaban a toda costa la salida de Maduro. Desde la contundente y a la vez dudosa victoria del hasta entonces canciller y vicepresidente de Venezuela en 2013, a tan solo meses de la muerte de Hugo Chávez, hasta el arrasador triunfo en las elecciones legislativas en el 2015 y nuevamente hasta el año pasado, la coalición de partidos políticos que expresa su descontento con el gobierno socialista ha vivido un permanente movimiento de subidas y descensos, manteniéndose incondicionales cuando sus líderes naturales empezaron a ser detenidos y enjuiciados políticamente por el Régimen, pero tuvieron una fractura inigualable después del intento electoral de Maduro de perpetuarse en el poder con unas elecciones presidenciales poco creíbles que ganó con un margen aun cuestionable, con las instituciones a su favor, sin ningún tipo de garantías y verificaciones y con todos los partidos opositores inhabilitados (salvo un par que decidió jugarle el juego).

Todo parecía perdido, la Asamblea Nacional era el último reducto de esperanza en el país y se hallaba dividida entre quienes insistían en mantener un diálogo con Maduro a fin de garantizar la existencia legal de sus partidos y permitirle un poco de maniobrabilidad a Maduro; y los que se mantenían en la línea de la posición del mandato ante la ilegalidad tanto de su elección como la de un llamado a una Asamblea Nacional Constituyente solamente integrada por los más leales militantes del chavez-madurismo y así dar la estocada final al firmar con sangre la eliminación de las pocas libertades que le quedan a Venezuela al proclamarse como una República Social-comunista imitando a rajatabla el modelo revolucionario cubano, su más férreo defensor y para muchos, desde donde verdaderamente se gobierna al país suramericano.

En la siguiente hora continúe con el especial: Juan Guaidó tiene todo para cambiar el rumbo de su país. El punto es: ¿podrá lograrlo?