Una investigación periodística de Juan David Palomino Castañeda.
Con más de 100.000 vendedores ambulantes en la capital, y presencia de estos en más del 95% de las estaciones del sistema, el espacio público, en una ciudad con más de 10 millones de habitantes, deja de ser un lujo para convertirse en un tema de intenso debate.
Para comprender la rigurosidad que implica esta situación, y las múltiples aristas que la componen, le invitamos a consultar la investigación periodística: “Invasión del espacio público por vendedores ambulantes en estaciones de Transmilenio”. Este material audiovisual profundiza, a través de una consulta rigurosa de fuentes de información y testimonios, en la descoordinación institucional y la realidad de quienes dependen del rebusque.
La complejidad del caso: más allá de la institución y el vendedor
El corazón del conflicto radica en cómo conciliar el sustento de un sector de la sociedad que prefiere el comercio independiente o lo hace por necesidad social, con la necesidad de garantizar la movilidad y seguridad de los cerca de 5 millones de personas que se transportan diariamente en TransMilenio. Las estaciones son identificadas por los mismos vendedores como el mejor sitio para ejercer su labor, pues por allí se mueven cerca de 2 millones de viajes diarios en los buses troncales.
La problemática abordada en la investigación periodística no solo se detiene en las realidades de los vendedores, muchos de los cuales desconocen o rechazan las ofertas del Instituto para la Economía Social (IPES), pues la única oferta que les sirve es que los dejen donde están, sino también en las fallas estructurales. El Estado debe entrar a regular, pero se ha evidenciado una “descoordinación institucional”. La competencia sobre quién debe recuperar el espacio está en disputa, con entidades como TransMilenio, la Defensoría del Espacio Público (DADEP), el IPES y las alcaldías locales sin una línea de trabajo clara y actuando como “átomos volando separadamente”. En muchas ocasiones, la recuperación solo es posible bajo conceptos de emergencias graves, como ocurrió en las estaciones de Ricaute y Avenida Jiménez.
El rol ineludible del ciudadano y las consecuencias ocultas
Este no es solo un asunto institucional o de vendedores; es un asunto ciudadano. La venta ambulante divide las opiniones de los usuarios. Mientras algunos la ven como parte del “rebusque”, otros denuncian el desorden, la inseguridad y la falta de higiene, especialmente en puestos de comida callejera que no cumplen con normas de salubridad.
La rigurosidad en la consulta de fuentes expuesta en la investigación periodística también destapa prácticas irregulares graves: detrás del espacio público se esconden bandas criminales que extorsionan a los vendedores, llegando a cobrar cuotas diarias.
El impacto de la ciudadanía es fundamental: si los ciudadanos entendieran que es responsabilidad de ellos y dejaran de comprar a los vendedores en TransMilenio, “tarde o temprano eso se acaba”. La ciudadanía juega un papel activo en si estos espacios permanecen ocupados o no.
El espacio público en Bogotá sigue siendo un territorio en disputa, reflejando un problema que no se ha resuelto tras años de políticas y operativos. ¿Ha fallado la oferta institucional, o el problema no se ha entendido de raíz?.
Vea la investigación periodística para explorar en detalle este dilema que navega entre la necesidad del sustento diario y el derecho colectivo a disfrutar del espacio público.








