Por: Mariana Mongui Jaime
En medio de globos de colores, música infantil y risas constantes que llenan salones de alegría, hay personas cuyo trabajo parece fácil, pero que en realidad requiere creatividad, paciencia y energía. Lograr que un grupo de niños esté feliz durante algunos minutos es la mayor felicidad de un recreacionista. En este mundo de juegos, risas y diversión está Karen Medina, conocida por los niños como La jefecita, que lleva varios años trabajando en este gremio de risas, bailes, colores, piñatas y mucha diversión. Su mayor reto: convertir cada evento en una nueva aventura cada día.
Su historia comenzó en el colegio, cuando estaba en noveno de bachillerato. La mejor amiga del momento le contó que tenía una tía cuyo amigo era propietario de una empresa de eventos infantiles llamada PEKIDS, y que, si quería iniciar en este gremio de la recreación, iniciaría como personal de apoyo, un rol fundamental en cada evento, que consiste en acompañar al coordinador, ayudar a organizar a los niños, motivarlos a participar en las actividades y estar pendiente de aquellos que suelen ser inquietos o difíciles.
Desde el inicio, Karen entendió que este trabajo no era solo seguir instrucciones, sino aprender a través de la práctica. Aunque al comienzo no sabía mucho del tema, poco a poco fue encontrando su lugar entre juegos, dinámicas y celebraciones. Su primera experiencia fue sencilla, pero llena de nervios, como todo lo nuevo. No sabía exactamente qué hacer, preguntaba constantemente si lo estaba haciendo bien o qué podía corregir, y observaba lo que sus compañeros realizaban. Sin embargo, su personalidad extrovertida se convirtió en una gran ventaja que le permitió adaptarse rápido al entorno, a las actividades y a las dinámicas de cada evento, donde la pena no tiene importancia, porque en la recreación, como Karen dice, simplemente no sirve.
Con el tiempo, lo que empezó como un trabajo temporal se fue convirtiendo en parte importante de su vida. La recreación era un ingreso extra, y un espacio donde podía aprender, crecer y descubrir habilidades que no sabía que tenía. La recreación le enseñó a comunicarse mejor, a hablar en público, a perder el miedo y a desenvolverse con seguridad frente al público, aprendizaje que ha influido en su formación como estudiante de comunicación social.
Una de sus experiencias difíciles en sus inicios en este gremio fue como decoradora de eventos. Recuerda una decoración en un evento importante, con un cliente de años, que le quedó muy mal. Karen apenas sabía lo básico y su jefe, que ahora es su pareja, le había dicho: “Ve adelantando la decoración que yo ya llego y te ayudo”. Él era el único que sabía decorar bien y no había nadie más que pudiera apoyarla mientras llegaba. Karen hizo lo que pudo con la decoración, pero el resultado no fue el esperado. El cliente se enojó, pues la decoración no cumplía con lo que había imaginado. La situación se complicó aún más porque Karen tuvo que dejar el trabajo a medio terminar porque debía salir pronto a otro evento donde encarnaría al personaje principal, y el Show estaba a punto de comenzar. Antes de irse, Karen pidió autorización para retirarse y dejar la decoración como estaba, debido a la urgencia del otro compromiso. Minutos después su jefe llegó e intentó arreglar la decoración como pudo, a contrarreloj, al tiempo que coordinaba otro evento.
Para Karen esa fue una experiencia difícil. La sensación fue horrible por el error, y por el miedo de que la empresa perdiera un cliente de tantos años, constante e importante. La hija del cliente expresó que no quería volver a verla en los eventos, lo que hizo que la situación fuera más impactante para ella. Con el tiempo, lograron solucionar el problema y recuperar la confianza del cliente. Actualmente, la empresa continúa trabajando con ellos, pero esa experiencia quedó marcada en Karen como un aprendizaje importante, que le recuerda que detrás de cada evento hay expectativas, responsabilidad y emociones que deben cuidarse.

Esas experiencias la ayudaron a crecer. Con el tiempo asumió nuevos retos, y pasó de ser apoyo a encargarse de decoraciones, hasta ser coordinadora. Este proceso le tomó años de práctica, aprendizaje y esfuerzo. Ser coordinadora significó dejar de ser quien ejecuta y convertirse en quien lidera, organiza y toma decisiones en medio de la presión. Ahora, su rol implica hablar con clientes, coordinar su equipo y asegurarse de que todo salga bien.
Ha aprendido a entender algo fundamental: no todos los niños reaccionan de la misma manera. Hay momentos en los que el público es difícil y se cohíbe a las actividades y no fluye como ella espera. En esos casos, la clave está en la motivación y saber llegarles a los niños mediante una buena comunicación.
En una ocasión reciente encontró una niña que no quería participar en ninguna actividad. Mientras los restantes niños disfrutaban, ella se mantenía al margen, incómoda. En lugar de obligarla, Karen decidió acercarse, hablar con ella y preguntarle qué quería hacer. Descubrió que la niña tenía otros gustos, otras ideas, y adaptó el evento a lo que la haría feliz. También ha vivido experiencias que la han marcado profundamente, como actividades sociales que ha realizado con la empresa. Una de las más significativas fue a través de una fundación a la cual le dan donaciones con celebraciones para los niños con madres privadas de la libertad. Al llegar el ambiente era tenso, frío, difícil. Todo cambió cuando los niños entraron al lugar. Las miradas, la energía, incluso el ambiente se transformó por completo. Ver a niños disfrutar, reír y olvidar por un momento su realidad fue algo que la impactó, más cuando para uno de ellos esa fiesta era su regalo de cumpleaños. Para Karen, esas experiencias van más allá del trabajo, son momentos que se quedan en la memoria y en el corazón, que le recuerdan el valor de lo que hace.
Durante la pandemia, cuando todo se detuvo, la recreación experimentó un cambio en su formato. La empresa encontró una manera de continuar a través de eventos virtuales. Se adaptaron espacios, utilizaron cámaras, luces y plataformas digitales para seguirles llevando alegría a los hogares. Aunque era diferente, fue una muestra de resiliencia y creatividad en un momento difícil.
Su vida personal también ha estado ligada a este trabajo: durante su embarazo Karen continuó trabajando hasta los ocho meses, incluso realizando decoraciones y participando en eventos. A pesar de las dificultades físicas, encontraba en la recreación un espacio donde se sentía bien, donde podía distraerse y disfrutar. Para ella, más que una obligación, era un lugar donde era feliz. Hoy como madre, su perspectiva ha cambiado. Ver a su hijo crecer en medio de este ambiente le ha permitido entender aún más la importancia de su trabajo. Para ella, no hay mayor recompensa que ver la sonrisa de un niño, escuchar un “gracias” o saber que, por unas horas, pudo hacerlos felices.
Detrás de cada evento hay un trabajo que pocos ven. No todo es diversión; también hay cansancio, largas jornadas, organización, montaje y desmontaje de equipos. Al finalizar cada evento, deben revisar que todo esté en buen estado: la logística, el sonido y, sobre todo, los recursos materiales que utilizan en los eventos. Es un trabajo exigente física y mentalmente. La historia de la empresa refleja ese esfuerzo constante. Desde sus inicios, marcados por dificultades económicas y momentos donde lo perdieron todo, hasta convertirse en lo que es hoy, demuestra que detrás de cada logro hay sacrificio. Empezaron sin recursos, incluso pidiendo personajes sin tener eventos asegurados, confiando en que el trabajo llegaría. Actualmente, cuentan con más de 300 trajes de personificación y una trayectoria que respalda su esfuerzo.
Karen no olvida de dónde viene todo esto. Sabe que cada paso ha sido parte de un proceso, de una construcción que no ha sido fácil, pero que ha valido la pena. Aunque se proyecta en el futuro trabajando en comunicación y en manejo de redes sociales, tiene claro que la recreación seguirá siendo parte de su vida, porque al final, más allá del trabajo, de las responsabilidades y del cansancio, hay algo que la define y que resume toda su experiencia en este camino: seguir siendo una niña.








