Foto: Sady Gonzalez, tomada de www.fotografonofotografo.com

Por Cristian Vega

Domingo 30 de octubre de 1938. Era la víspera de la festividad de Halloween en los Estados Unidos: todos los norteamericanos preparaban sus ajuares para esta celebración, traída por los migrantes irlandeses, consistente en que las personas salen disfrazadas para liberar la tensión de la cotidianidad de aquellos años en una sola noche. Pero la serenidad de ese día se turbó de repente cuando la radio empezó a emitir contenidos sobre la aparente llegada de seres extraterrestres a la tierra, en lo que sería una inminente invasión coordinada con una sola finalidad: la aniquilación de la humanidad. Tan solo unas horas después, un absorto Orson Wells descubre que su perfecta interpretación de la obra de H.G. Wells había creado una histeria colectiva de magnitudes sin precedentes. Ese día, se descubrió el gran poder que tendrían de allí en adelante los medios de comunicación en las sociedades.

Viernes 9 de abril de 1948. Ya era la hora del almuerzo en Bogotá. Los ilustres cachacos buscaban a sus compañeras y a sus amigos para salir a merendar algo en los cafés cercanos a la Carrera Séptima. A esa hora, el prestante abogado y caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, recientemente proclamado como el candidato oficial del liberalismo ante el repentino fallecimiento de su contendor dentro de las toldas rojas, Gabriel Turbay, salía del Edificio Agustín Nieto, en donde quedaba su oficina, junto con sus amigos Plinio Mendoza Neira (padre de Plinio Apuleyo Mendoza), el Doctor Pedro Eliseo Cruz, Alejandro Vallejo y Jorge Padilla, quienes lo habían invitado a almorzar en el Hotel Continental, luego del triunfo que obtuviera la noche anterior al lograr la exculpación del Teniente Jesús María Cortés por el homicidio del periodista manizalita Eudoro Galarza Ossa (primer caso documentado de un crimen contra periodistas en el país).

Justo cuando el reloj marcaba la 1 en punto de la tarde, alguien llamó a Gaitán por su nombre. Suenan cuatro detonaciones que impactan a Gaitán. La muchedumbre empieza a salir de los comercios, de los cafés, de los edificios; una turba agarra a un fulano llamado Juan Roa Sierra y le da muerte mediante puños, patadas y golpes contundentes con varios objetos. El asesino de Gaitán había sido eliminado, pero aun no era suficiente.

De repente, el espíritu festivo de la radio capitalina cambió por un furibundo rugir colérico que cual fuego en pólvora se esparció por todo el país, encabezado por la emisora La Voz de Bogotá, que hasta hacía unos cuantos meses era parte de la cadena radial Todelar, hoy en proceso de liquidación. En la sede de esta estación, ubicada en diagonal al antiguo edificio de la Gobernación de Cundinamarca, cercano al sitio del magnicidio, RómuloGarzón, abanderado mediático de la causa de Gaitán desde su noticiero Ultimas Noticias, con un dejo de ira y rabia efervescente informaba del suceso a todo el país, al tiempo que instaba a la ciudadanía para armarse con todo lo que tuviera a la mano, a asaltar las ferreterías y los comercios donde hubiera cualquier artefacto con la capacidad de sacarles sangre a los enemigos conservadores, a quienes había proclamado como los legítimos conspiradores detrás del crimen del líder, que habría podido ser el próximo presidente de la República.

La inmediatez del suceso con la que el noticiario de Guzmán, afín a la causa gaitanista, logró movilizar a Bogotá, tenía como propósitos lograr la venganza por el crimen de Gaitán, la caída del Gobierno del entoncesPresidenteMarianoOspinaPérez y la formación de una Revolución armada en Colombia.

En cuestión de minutos miles y miles de simpatizantes enojados y henchidos de rencor empezaron a movilizarse. Con el devenir de las horas, con el trasegar de los hechos y con la muerte del caudillo en la Clínica Central, la Radio bogotana, que tenía un amplio espectro de frecuencias activas para ese momento, quedó dividida entre las emisoras que activamente informaban los hechos que ocurrían en Bogotá y en otras regiones del país, y entre otras de ascendencia conservadora que prefirieron cambiar la programación de ese día por música solemne, o apagar sus transmisores ante el peligro de la turba enardecida, alcoholizada y rabiosa.

El mensaje de la denominada Revolución Liberal invocando a la insurrección violenta y al derrocamiento del Estado Colombiano, alcanzó un nivel inesperado, que tal vez hasta el mismo Orson Wells habría calificado de inverosímil. Bogotá era el escenario más cercano al Apocalipsis ese día, y todo el país lo supo de manera cuasi inmediata, gracias a que las emisoras de todo el país se enlazaban con las estaciones capitalinas a través de los insipientes servicios telefónicos de la época, que les permitió mantenerse al tanto de los hechos a través del servicio de telegramas. Esto fue (para bien o para mal) el eslabón de los enlaces de las nacientes cadenas radiales que se formarían meses después.

El poder de la radio en el denominado bogotazo fue de tal magnitud, que las emisoras prestantes fueron tomadas por los alzados en armas hasta tener prácticamente el control total de la información respecto a lo ocurrido entre el 9 y el 12 de abril. En este aspecto el hecho más relevante fue la toma de la Radiodifusora Nacional, en ese entonces ubicada entre la Carrera 17 y la Calle 25 (en donde hoy se alza una cafetería, un parqueadero y un motel), que fuera tomada por estudiantes, revolucionarios consagrados, intelectuales y simpatizantes del “Negro”, como Gaitán se había auto apodado, desde donde daban reporte de aparentes tomas del mando de los alzados en todo el país, en medio de la euforia y el éxtasis del momento.

La apoteosis del Bogotazo estaba en pleno furor: todo lo que diera indicios de pertenencia al gobierno y al Partido Conservador estaba en llamas. Los periódicos fueron atacados, saqueados e incinerados. La única forma de enterarse de lo que ocurría era a través de la radio, que bajo el mando de los insurgentes, promulgaban una permanente retorica verbal con un dejo de desprecio que incitaba a los ciudadanos a permanecer en las calles, armados y resistiendo contra las fuerzas estatales (o todo lo que les pasara a su alrededor).

La fuerza de estos mensajes era tal que, durante esos momentos surgieron de la nada muchas emisoras clandestinas que emitieron desde techos, azoteas, calles, bosques e incluso, desde carros en movimiento, dirigidas por personas con pocos conocimientos en radiodifusión o por expertos radioaficionados, que valiéndose de lo que tuvieran cerca para fabricar transmisores y antenas caseras, realizaron transmisiones desde cualquier lugar, enlazadas a las emisoras tomadas, como La Voz de la Víctor, (luego Cadena Súper, hoy Radio Red), Nueva Granada (hoy RCN Radio) y Radio Cristal (frecuencia ocupada hoy en día por la Cadena Melodía).

El ocaso de la cruzada radiofónica del 9 de abril empezaría lentamente, al tiempo que las llamas de la destruida Bogotá se consumaban. La magnitud de los hechos rebasó todo lo que se transmitía en los transistores y altoparlantes. Los sucesos de ese fatídico 9 de abril cambiaron para siempre la historia de Colombia, convirtiéndose en el desencadenante del movimiento violento que se mantiene hasta nuestros días.

No obstante, los fenómenos que movilizaron a la Radio a ser el tizón de la tragedia vivida en Bogotá, de manera irónica terminó favoreciendo el desarrollo y la reconstrucción del país. Las nuevas emisoras mantendrían un enfoque de servicio ciudadano, que en la actualidad caracteriza a la radio colombiana. Los enlaces logrados por las radios gaitanistas, le servirían de ejemplo a los dueños de La Voz de Antioquia y a la Emisora Nueva Granada, en la actualidad Caracol y RCN, respectivamente. La velocidad como se informó de los hechos forjaron el carácter del periodismo radial colombiano, caracterizado por la presencia inmediata en los diversos acontecimientos. Las emisoras clandestinas serían la base de las actuales radios comunitarias y de servicio público, así como de La Radio Nacional, que después de estos sucesos saldría más fuerte hasta consolidarse como referente cultural y educativo De Colombia.

Aunque es casi inconcebible reconocer que, gracias al Bogotazo, la radio colombiana tuvo su bautizo de fuego para consolidarse como la mejor en América Latina, es necesario reconocer cómo el Bogotazo logró anticiparlo que con el paso de los años sería el poder de los medios de comunicación en nuestro país, y de cómo un mensaje puede cambiar realidades sociales, así como lo hizo Rómulo Guzmán, el rabioso Orson Wells de los medios colombianos.