Por: Luisa Fernanda Güiza Barbosa
En el Teatro Colón se realizó el 14 de abril el lanzamiento del libro Sangre Blanca: la guerra perdida contra la cocaína, de Mads Nissen y Juan Manuel Arreaza, en un conversatorio que reunió a la periodista María Jimena Duzán y al panelista Santiago Rivas, con el objetivo de analizar por qué, tras décadas de políticas antidrogas, el narcotráfico persiste como un fenómeno global marcado por la desigualdad y la fragilidad institucional.
El evento, desarrollado en el marco de la programación del Centro Nacional de las Artes, se consolidó como un espacio de discusión que trascendió la presentación editorial para situarse en el terreno del análisis político y social. La pregunta que atravesó el encuentro fue directa: qué ha fallado en la llamada guerra contra las drogas y por qué sus efectos continúan reproduciéndose en distintos niveles y territorios.

La apertura estuvo a cargo de Nissen, quien presentó una serie de fotografías tomadas en América Latina, Europa y Estados Unidos. Las imágenes, de una crudeza deliberada, no solo documentan escenas de violencia y exclusión, sino que construyen una narrativa visual que evidencia la dimensión global del narcotráfico. Más allá de su valor estético, funcionan como una forma de testimonio que conecta al espectador con las consecuencias humanas de esta economía ilegal.
En el desarrollo del conversatorio, las intervenciones apuntaron a cuestionar los enfoques tradicionales con los que se ha abordado el fenómeno. En ese contexto, Santiago Rivas fue enfático al afirmar que “La guerra contra las drogas es una guerra perdida. En Colombia es una maldición”, una declaración que sintetiza el escepticismo frente a décadas de políticas centradas en la represión sin transformaciones estructurales.

Por su parte, María Jimena Duzán orientó la discusión hacia las raíces sociales del problema al señalar que “La droga produce conmoción porque evidencia lo profundo desigual que somos”. Su reflexión introduce un elemento clave en el análisis: la imposibilidad de entender el narcotráfico al margen de las brechas económicas, la exclusión y la debilidad institucional que lo sostienen.
A lo largo del encuentro también se abordaron las dimensiones globales del fenómeno, en particular su relación con sistemas económicos que reproducen desigualdad y con mercados internacionales que sostienen la demanda. En ese sentido, el narcotráfico aparece no solo como un problema de seguridad, sino como una expresión de tensiones estructurales más amplias que atraviesan a distintas sociedades.

El lanzamiento de Sangre Blanca deja, así, una reflexión de fondo: la persistencia del narcotráfico no puede explicarse únicamente desde la acción criminal, sino desde un entramado complejo de factores sociales, económicos y políticos. En ese escenario, donde también se disputa la manera de entender y narrar el fenómeno, emerge una idea transversal al encuentro: la guerra contra las drogas es también una guerra contra el relato.








