Foto: Federación Colombiana de Cafeteros

Por Gabriel Andrés García Castro

Durante los últimos meses el precio del café ha disminuido considerablemente en relación con el costo del proceso de cultivo; de hecho, a día de hoy el precio total por carga de 125 Kg de pergamino seco es de 680,000 COP, una cifra escandalosa según los cultivadores, quienes afirman que está por debajo del precio de producción, que se aproxima a los 790.000 COP.

Por su parte, Roberto Vélez Vallejo, Gerente General de FNC se pronunció al respecto afirmando que “a estos niveles de precio, nuestra caficultura no es sostenible”. A raíz de este problema, el pasado 26 de febrero se propuso ante el Comité Nacional de Cafeteros en Colombia la iniciativa de retirar el café de la Bolsa de Nueva York para invertir, por ejemplo, en bolsas de materia prima o commodities que circulan principalmente en Europa.

A pesar del riesgo que esta supondría, Vélez afirmó que “El que quiere café colombiano pagará lo justo; es decir, los costos más una pequeña rentabilidad”. Lo que hay que resaltar de todo esto es que la iniciativa busca reorganizar la manera de cotizar el grano, así como vender el producto a un precio razonable que no represente pérdidas en el sector caficultor.

En contraste, si no se toman medidas significativas, muchas fincas derrumbarían el café y lo remplazarían por un cultivo más productivo, hecho que podría llevar a una crisis económica teniendo en cuenta que desde 1929 Colombia ha usado el café como método para mitigar la deuda externa.

Sin embargo, algunos economistas creen que esta medida sería poco favorable, según Fernando Camacho, economista de la Universidad Nacional quien afirma que “Este método funcionaría a través del mercado extrabursátil, que en definitiva es un acuerdo bilateral, a través de precios irregulares y variables sin un contrato estándar para empezar cualquier negociación” lo que podría inclinar el precio del producto en función de las empresas que regulen el estado de producción, la cantidad y los intereses que existan de por medio.

“A diferencia de este mercado, en las bolsas hay un contrato estandarizado que dictamina el estado del producto y fija el precio” sostuvo Camacho.

No hay que olvidar la importancia cultural y económica del café en Colombia, pues este ha sido una herramienta fundamental para solventar varias crisis sufridas en la década de 1930 a raíz de la deuda externa con Estados Unidos, así mismo, para mitigar este problema se deben proponer varias iniciativas que giren en torno a los derechos y al bienestar de los caficultores y la sociedad en general.

“El café colombiano no se debe transar allá, pues los especuladores fijan el precio mediante cálculos que ellos manipulan. Además, nuestro café no es un commoditie mecanizado, es una materia prima artesanal” afirmó Juan David Cardona, miembro de Dignidad Cafetera