Ilustración: Hector Fonseca.

Por Laura Alejandra Galvis 

Después de los asesinatos ocurridos hacia los líderes sociales en Colombia, el miedo está venciendo la buena voluntad de la labor, excepto, que aún quedan luces iluminando el sendero. “Don César”, un hombre con servicio a la comunidad, da lo mejor de sí a tres localidades de Bogotá que tienen problemas ambientales, microtráfico y expendio de drogas; próximamente estará en un conversatorio internacional donde mostrará su trabajo realizado frente a funcionarios que observan sus herramientas para lograr un cambio social.

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César Cuervo es un hombre de 47 años, tiene el rostro cansado, su mirada refleja la experiencia obtenida a lo largo de su vida, hay unas cuantas arrugas en las expresiones de los ojos, los brazos bronceados de tanto estar bajo el sol, la postura es erguida y con autoridad, al hablar cruza los brazos y mientras camina sonríe con satisfacción. Cuando muestra con orgullo su barrio los niños lo saludan y abrazan, la emoción es inmediata. Él es un líder social con vocación y pasión completa hacia el servicio a la comunidad y todo comenzó desde muy pequeño, pues explica que “esto se trae en las venas”.

Creció en la localidad Rafael Uribe Uribe de Bogotá, en una familia humilde y, aunque era un niño, a los 7 años había escogido su camino, ser un agente de cambio colectivo, pero esto es fruto del ejemplo. Su padre es amante del servicio social, recuerda muy bien cuando sus padres, en medio de sus necesidades, buscaban la forma de compartir un poco con las personas habitantes de calle y enseñarle que hay muchos seres afuera de su puerta que necesitan ayuda. “Mi papá ayudaba mucho a las personas habitantes de calle y comunidades en estado de vulnerabilidad en Patio Bonito, barrio que antes se inundaba porque no era un barrio legalmente constituido”.

Sus primeros pasos estuvieron presentes en los Boy Scout y la Defensa Civil, cuenta que se casó a una edad muy temprana donde tuvo que afrontar la responsabilidad de un hogar que después se amplía con la llegada de sus tres hijos. Por motivos económicos entró al mundo laboral y le dijo adiós a su sueño comunitario, aunque tenía todo el apoyo de su esposa. Ya han pasado alrededor de 20 años desde que retomó el camino siendo un agente de cambio; su labor la realiza en tres localidades: Kennedy, Rafael Uribe Uribe y Puente Aranda donde los principales temas que maneja son: el microtráfico, el expendio de drogas y problemas ambientales; tiene presente que la mayor labor es el de generar conciencia ciudadana. Una de las zonas complejas de manejar es el barrio María Paz porque queda cerca de abastos y, según él, ahí llega todo lo que surte a Bogotá en alimentación, pero también es un surtidor de microtráfico.

En su memoria tiene el rostro del hombre que fue, es y será su ejemplo para seguir, Luis Carlos Galán. “Recuerdo que un día mi familia iba a realizar una actividad para los habitantes de calle y llegó Galán a ayudar, era muy fácil tener un círculo social grande porque mi papá era el presidente de la Junta de Acción Comunal. Claro, el recuerdo es muy nublado por mi corta edad, pero me llena de emoción siempre”.

A la hora de ejercer su labor el panorama no es muy favorable ya que algunos “soberbios”, como él los llama, tratan de apagar su luz como ha pasado con los 343 líderes asesinado o amenazados por medio de vía telefónica, web o presencialmente, según cifras de la Defensoría del Pueblo. Asegura que también ha habido políticos utilizando estos mecanismos. Claramente el miedo le invade cada día porque, aunque su postura es de acero, su familia es lo más importante, pero lo tranquiliza las denuncias que hace ante la Fiscalía y el acompañamiento que ellos le brindan, como lo son las estrategias de prevención; “Pero ya con el tiempo el cuero se vuelve rústico de tanta amenaza”. Su opinión del tema se limita a la tristeza inmediata con el fallecimiento de tantos compañeros de sueño y responsabiliza al Estado y su corrupción, lo único que pretende es incentivar a más personas a ejercer esta labor sin miedo alguno, por el contrario, entre más tristezas hay más fortaleza.

El súper héroe sin capa, pero con sudadera, tenis y gorra tiene claro que aún queda mucho por recorrer y hacer. Su trabajo ha tenido gran recompensa y eso lo demuestra el próximo conversatorio internacional sobre espacio público y temas ambientales, del cual aún no se tiene fecha establecida pero la intención es poder ayudar a los funcionarios que ahora se encuentran en un proceso de observación para implementarlo en sus problemas internos de los países presentes.

La razón que lo fortalece día a día es el rostro de aquellas personas que con una sonrisa le agradecen el trabajo realizado, como es el caso de los habitantes de calle que ahora se encuentran totalmente rehabilitados y con ayuda del Distrito se encuentran laborando en 4-72, el Servicio Nacional Postal. Sus amigos destacan su amabilidad y humildad, tiene varios enemigos cerca pero no le brinda mucha importancia porque aquí lo único importante es que aún queda esperanza, que el sendero está iluminado y que aún queda muchos años para que las huellas de sus tenis se borren del pavimento.

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