Es un texto que propone un cambio de paradigma en la manera de entender la calidad universitaria: dejar de leer la responsabilidad social como un componente periférico o estrictamente ambiental y situarla como el motor estructural de la formación profesional.
La obra se inscribe en la línea editorial Libros que construyen, una de las tres apuestas de la propuesta institucional UNIMINUTO Lee, junto con las líneas Libros que inspiran y Libros que transforman, articuladas con el lema de esta edición de la FILBo, Escucharnos es leernos.
Más allá del cumplimiento documental
Uno de los aportes centrales del libro, discutido durante la presentación por la editora y autora Angélica María Arboleda, es el cuestionamiento a la visión tradicional de la “calidad educativa”. El texto argumenta que la calidad no puede reducirse al cumplimiento documental ante el Ministerio de Educación o a una lista de chequeo para normas ISO, y plantea la necesidad de un tablero de control para el aseguramiento de la calidad que integre a todos los actores del proceso formativo: estudiantes, egresados y sector externo.
“La responsabilidad social es el corazón de la calidad educativa”, afirmó Arboleda, al sostener que sin un impacto real en los territorios no es posible hablar de excelencia académica. Bajo esa premisa, el libro invita a las instituciones de educación superior a replantear sus indicadores y a evaluar el cumplimiento de su misión a partir del efecto que producen en las comunidades en las que están insertas.
Aprendizaje y servicio: el caso del pan de arroz
La obra no se queda en el plano conceptual. La investigadora Ángela María Niño presentó los resultados del proyecto internacional Students for Change, financiado por el programa Erasmus+ y aplicado en la región del Meta. A través de la metodología de aprendizaje y servicio, estudiantes de administración de empresas realizaron diagnósticos y consultorías a productores de pan de arroz, uno de los productos insignia de la región.
El ejercicio, según explicó Niño, demuestra que la formación integral ocurre cuando el estudiante sale del aula y enfrenta problemas reales. “Nuestra comunidad son los empresarios de la región”, afirmó la investigadora, al destacar que este enfoque permite a los jóvenes desarrollar competencias técnicas y habilidades transversales —comunicación, persuasión, trabajo en equipo— mientras generan un impacto social concreto en organizaciones productivas que no podrían acceder a consultorías privadas.
Un análisis econométrico sobre el retorno educativo
Otro capítulo que despertó interés en la presentación es el análisis econométrico comparativo entre Villavicencio y Medellín, realizado por los economistas Yeisson Bejaráno y César Castellanos. La investigación aborda la rentabilidad de la inversión en educación superior y deja sobre la mesa hallazgos que matizan los discursos tradicionales sobre los beneficios económicos del título universitario.
El estudio muestra una caída en la rentabilidad marginal de la educación: el incremento salarial por cada nivel adicional de estudio es menor que el observado en décadas anteriores. Los autores concluyen que el título profesional ha dejado de ser una garantía de salario elevado y se ha convertido más bien en un requisito mínimo de entrada al mercado laboral. El análisis también identifica diferencias regionales, con un retorno de inversión ligeramente mayor en Medellín, asociado a su tejido industrial más consolidado, frente al observado en Villavicencio.
Frente a este panorama, los investigadores sostienen que las universidades deben dejar de operar como “fábricas de egresados” y avanzar hacia una formación enfocada en habilidades de vanguardia —entre ellas las relacionadas con la inteligencia artificial— y en una conexión profunda con las necesidades cambiantes del mercado laboral y de los territorios.
La “Triple Hélice” y el reto de la articulación
El libro insiste en la necesidad de articular la denominada “Triple Hélice”: universidad, empresa y Estado o sociedad, entendidos respectivamente como ámbitos del conocimiento, la ejecución y la legitimidad. Los autores advierten sobre una “desconexión fuerte” entre las instituciones de educación superior y los territorios, donde en ocasiones se ofrecen programas académicos que no responden a las realidades productivas y sociales locales.
El cierre del conversatorio dejó planteada una pregunta abierta: ¿qué sigue después de este libro? Para los autores, el reto consiste en “desencasillar” la responsabilidad social del campo de las ciencias sociales y llevarla a todas las disciplinas, desde las ciencias exactas hasta las naturales, bajo la idea de que cada profesional, sin importar su campo, debe ser un agente de cambio ético en el entorno en el que actúa.
Una pregunta para estudiantes y docentes
La responsabilidad social como eje transformador en la educación superior deja, en última instancia, una pregunta para estudiantes y docentes: cómo puede cada profesión, más allá del lucro, contribuir a transformar el entorno en el que se desarrolla. Esa pregunta dialoga con la vocación de la línea Libros que construyen, en la que UNIMINUTO agrupa publicaciones orientadas a fortalecer la práctica docente y la formación de profesionales preparados para los retos contemporáneos.








