Aída Quilcué responde a las críticas: “La sabiduría ancestral también forma líderes”

La candidata a la vicepresidencia reivindica su trayectoria comunitaria, la gestión de recursos y la educación intercultural como méritos.

Colombia, 09 de junio 2026 – Aída Quilcué salió al frente de las críticas sobre su formación académica con un mensaje claro y contundente: su legitimidad política y su capacidad para gobernar no se miden únicamente por un diploma, sino por años de trabajo territorial, gestión comunitaria y la construcción de modelos educativos propios. En un video difundido en redes, la senadora y fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda puso en primer plano su recorrido como autoridad dentro de su resguardo, su experiencia en la administración de justicia y recursos, y su papel en la creación de proyectos educativos interculturales.

Quilcué recordó que desde joven asumió responsabilidades en su territorio —entre ellas la administración del resguardo y la coordinación de procesos colectivos— tareas que, según ella, implican decisiones complejas sobre presupuesto, territorio y justicia comunitaria. Señaló además su paso por el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), donde desempeñó funciones de liderazgo y manejo de recursos, y destacó que esa práctica cotidiana de gestión es una forma de formación política y técnica que no siempre aparece en los currículos académicos convencionales.

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La candidata no negó el valor de la educación formal; por el contrario, afirmó que cree en la educación superior y en quienes han aportado desde las universidades. Sin embargo, subrayó que existe otro tipo de saberes —la sabiduría ancestral— que han permitido a las comunidades indígenas preservar la vida, la cultura y formas propias de organización. En ese sentido, defendió la importancia de reconocer y articular esos conocimientos con las políticas públicas y los sistemas educativos oficiales.

Un eje central de su defensa fue la promoción de la educación propia intercultural. Quilcué explicó que en su territorio se han implementado modelos pedagógicos diseñados desde la cosmovisión indígena, y que incluso funciona una “universidad propia intercultural” que facilita el acceso de jóvenes a programas formativos adaptados a sus realidades. Para ella, esos espacios son prueba de que la educación puede y debe ser diversa, contextualizada y vinculada a las necesidades de cada comunidad.

La fórmula vicepresidencial también aprovechó el mensaje para denunciar campañas de desinformación que, dijo, buscan desacreditar su trayectoria. Invitó a la ciudadanía a no dejarse llevar por rumores y a valorar la experiencia acumulada en el trabajo de base: reconstrucción tras la tragedia de Tierradentro en 1994, promoción de salud, docencia en contextos rurales y la defensa de los derechos territoriales y étnicos que la llevaron a ocupar un escaño en el Senado desde 2022.

En una entrevista previa, Quilcué reconoció que su camino escolar fue interrumpido: cursó hasta octavo grado y no siguió la ruta académica tradicional. Admitió que “su fuerte no fue estudiar” en el sentido convencional, pero enfatizó que aprendió en la práctica, en la comunidad y en la gestión cotidiana. Esa experiencia, dijo, la formó como lideresa y la impulsó a participar en movilizaciones y en la política institucional para visibilizar las demandas indígenas.

Además de reivindicar su propia trayectoria, Quilcué planteó una crítica constructiva al sistema educativo nacional: abogó por la necesidad de que las universidades y los centros de formación incorporen enfoques que respondan a la diversidad de contextos del país. Relató sus visitas a múltiples universidades, públicas y privadas, donde ha promovido la adaptación de los modelos pedagógicos para que permitan desarrollar conocimientos en consonancia con las realidades locales.

El debate sobre los requisitos para ocupar cargos públicos se intensificó en el marco de la campaña, y la respuesta de Quilcué busca ampliar la discusión: más allá de los títulos, ¿qué peso deben tener la experiencia comunitaria, la gestión territorial y los saberes ancestrales en la evaluación de quienes aspiran a representar a la ciudadanía? Su intervención propone que esas dimensiones sean consideradas como aportes válidos y necesarios para la construcción de políticas inclusivas.

Con la educación como uno de los pilares del plan de gobierno en el que participa, Quilcué cerró su mensaje reafirmando el compromiso con los jóvenes y con la inclusión: impulsar oportunidades educativas que respeten la identidad cultural, fortalecer procesos de formación propios y garantizar que las políticas públicas reconozcan la pluralidad de saberes que conviven en Colombia. Su defensa pública no solo responde a cuestionamientos puntuales, sino que plantea una agenda más amplia sobre reconocimiento, diversidad y justicia educativa.

| Nota del editor *

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