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‘‘Al final, lo que queda de ti son los libros y las historias’’: Pablo Concha

El autor de libros de terror, gracias a su pasión por la escritura, ha dejado claro que la literatura puede dejar una huella en las generaciones futuras de lectores colombianos.

Por: Valeria Sosa y María Ximena Ruiz

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Pablo Concha es uno de los pocos escritores colombianos pertenecientes al género de horror, influenciado por la literatura norteamericana con autores como Lovecraft -‘‘cuando lo leí sentí una patada en la cabeza, fue como ¡wow! qué es esto, por qué no lo había leído antes’’-; quien con su estilo propio ha cautivado a todos los lectores amantes de este género. “Fui atrapado por las garras del terror y de ahí no tuve escapatoria”.

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Aunque estudió Licenciatura en Lenguas Extranjeras, su amor por la lectura y escritura aún sigue más fuerte que nunca. Por esta razón, le ha generado oportunidades para su carrera como escritor con libros como Otra luz -el primero, publicado gracias a ser uno de los ganadores de la Convocatoria de Estímulos Cali 2017 y a la Secretaría de Cultura de Santiago de Cali- y La piel de las pesadillas -último libro publicado en 2020, ganador de la convocatoria de Estímulos en la temática de literatura de la Secretaría de Cultura de Cali.

¿Por qué ser escritor?  

P.C: En mi caso fue algo que resultó inevitable, de lo que no pude escapar. Porque desde muy niño me empezó a gustar leer mucho. El leer y escribir es algo de reacción y acción, si uno lee mucho termina escribiendo, es algo natural. Aunque es muy difícil, esa vocación es así, porque tienes que tratar de ser original, tener un estilo propio y tratar de contar algo que no hayan contado aún.

¿En dónde nació su gusto por el terror?

P.C: Cuando niño veía películas de terror con mi abuela y madre. A mi abuela le gustaba ver ese tipo de cine y a mi me gustaba mucho esa sensación de miedo, de asustarme. Mi mamá siempre decía ‘‘esa película es buena, pero el libro fue muchísimo mejor’’.

Fue algo que me quedó sonando porque las películas me gustaban, pero ella me decía que había algo mejor que eso, entonces tenía que descubrir que era. Por esta razón, un día me puse a explorar la biblioteca de mi abuela y encontré un libro de Stephen King -que era un autor que había oído mencionar en las películas- llamado Los ojos del dragón, era una especie de fábula, y decidí leerlo por curiosidad. Ahí fue donde me quedé enganchado y después quise leer más y más. Fue como una especie de droga que no me saciaba, siempre quería más. Ahí empezó todo.

Para usted, ¿qué hace único a este género? 

P.C: El género de terror explora las otras posibilidades que hay en nuestro entorno y mundo. Las ciencias tienen muchas cosas que no logran explicar, al igual que la religión, entonces este género entra a responder esas incógnitas que hay, por ejemplo, si hay vida después de la muerte, qué hay al otro lado, si estamos solos en el universo, etc. Da luz sobre esas preguntas que nadie nos puede responder; trata de darnos posibilidades.

Además, también trata cuestiones sociales dentro de una historia ficcional, como en Carrie de Stephen King que aborda el bullying y lo que este le causa a una adolecente, o como Una cabeza llena de fantasmas de Paul Tremblay, donde habla sobre los realities y su morbosidad por mostrar la desintegración familiar. Es decir, trata dilemas que nos competen a todos desde otra óptica.

¿En qué lugares se pueden encontrar mitos, leyendas o en general historias de terror que inspiren o incentiven la creación de libros en este género?

P.C: Aquí hay leyendas urbanas. En cada ciudad hay historias, acá en Cali hay muchas historias y en las demás también. Incluso de los soldados donde les toca ir a la parte de las fronteras, partes de los resguardos, con los campesinos. Hay muchas. En el caso del escritor no es el don de buscar, sino estar atento a las historias, estar alerta, escuchar a la gente. Las historias están en toda parte, en el día a día se pueden encontrar, sólo tiene que estar muy alerta para poderlas identificar y transmitir.

El terror es un género no tan presente o más bien escaso en la literatura colombiana, para usted, ¿qué se debería hacer para cambiar esto?

P.C: Sí, el terror es un género marginal en toda parte, en especial aquí, porque no hay un exponente claro a diferencia de E.E U.U y otros países. No hay un autor que uno diga que es el escritor de terror más exitoso de Colombia, eso todavía no existe.

En Latinoamérica tampoco, hay autores que lo han tratado, pero no hay uno claro, con la excepción de Mariana Enriques quien es la reina del terror que se consagró con su libro ‘‘Nuestra parte de noche’’, aparte de ella no hay nadie más consagrado en el continente. Y es porque en nuestros países prima el realismo, pues tratar nuestra problemática social y política es lo que ha tratado autores como Gabo y muchos otros, que es como una forma de denuncia incluso, denunciar toda esta problemática social que nos toca vivir, las injusticias y demás.

La única forma de que tuviera más prelación sería introducir algunos textos de este género en los colegios, para demostrar que es una literatura seria y puede tocar temas importantes. Demostrar lo que pueden hacer.

En su libro Otra luz, los cuentos, además de generar sensaciones y emociones, generan preguntas como: ¿Por qué sucede esto, o qué sigue después, es decir, deja intriga, entonces, para usted es mejor dejarle incertidumbre que certeza a los lectores?

P.C: Sí, claro. Es mejor que un lector quede siempre queriendo más, porque eso hace que vuelva al mismo texto o a otros nuevos. Si tú lo miras desde un punto de vista, uno en la vida no tiene las respuestas a todo, nosotros quisiéramos que alguien nos explicara lo que va a pasar o lo que ha pasado, pero nadie las tiene. Para llegar a algo más simple o banal, en una relación personal con alguien, puedes estar con una persona que al siguiente día termina contigo y no sabes ni entiendes por qué.

En la vida diaria no tenemos respuestas a todo, entonces en la ficción a veces es bueno que deje preguntas, y más si trata algún tema sobrenatural como el misterio. Que quede alguna incógnita. Es mucho mejor que el lector trate él mismo de pensar en lo que pasó y encontrar una respuesta. Me parece que si un cuento deja preguntas, es importante que uno se quede con eso en la cabeza un tiempo, incluso que vuelva y lo relea, ahí se puede decir que el cuento ha sido exitoso.

¿Fue difícil abrirse paso como escritor en un principio?

P.C: Sí, claro. Eso es lo más difícil para un escritor en cualquier país, y más aquí en Suramérica porque las industrias no son lo mismo. Si no estás ‘‘conectado’’ desde el principio, no es fácil. Yo tuve la suerte de que mi primer libro ganó una beca de creación y permitió que viera la luz, y que fuera hecho por personas que tenían una sensibilidad con el terror, por ejemplo, el diseñador del libro de Otra luz es un fanático de Lovecraft.

Cuando le llegó el escrito identificó una influencia con ese autor, repercutiendo así, en su diseño, que resultó atractivo para mucha gente, algunos jóvenes veían la portada y decían ‘‘¡Uy! esto que es’’, entonces hubo muchas cosas alineadas a mi favor pero no es fácil, toca perseverar bastante.

¿Cúal cree que son esas características esenciales que todo escritor debe tener?

P.C: Primero podría buscar un estilo propio, para que alguien al leerte diga ‘‘este es un libro de tal autor’’, que te diferencie de los demás. Es lo más importante, pero también difícil, porque se logra con trabajo y experiencia, sin embargo, al final es lo que hace que un autor destaque de entre sus contemporáneos y a nivel general. Otra cosa es que las historias que cuente sean interesantes, y si puede tratar algún tema o problemática actual de manera ingeniosa, mucho mejor.

¿Qué cree que lo diferencia de los demás escritores?

P.C: No sabría decirlo. Pero quisiera creer que hay algún estilo presente o que se nota, quizá las historias que he hecho tal vez son un poco diferentes a lo que se ha escrito en Colombia y Suramérica de terror. Eso tiene que ver con lo que yo leo, porque no es lo mismo a lo que lee el de aquí o el de allá, entonces quizá esas lecturas diferentes han alimentado mi estilo y han hecho que los cuentos sean algo distintos aun tratándose de terror.

¿En Colombia enseñan adecuadamente como amar o acercarse a la literatura?  

P.C: Por lo que sé, diría que no, porque en los colegios los planes de lectura me parece que, hasta lo que yo conozco porque no soy profesor pero puedo decirlo por experiencia, no son los libros adecuados para jóvenes de esa edad. Por ejemplo, no creo que Gabriel García Márquez sea para alguien de 12, 13, 15 años.

No lo va a disfrutar, le va a parecer aburrido. Entonces esos programas de los colegios no están pensados para el adolecente, para despertarle el amor a los libros. Cuando estaba en un colegio le hablé a un profesor sobre Andrés Caicedo y le pregunté en una ocasión por qué no los ponía a leer ¡Que viva la música!, y él dijo que en algún momento lo había propuesto, pero como en este libro está el uso de la marihuana, libertad sexual, unos papás se escandalizaron, por ende, no lo habían permitido.

Pero entonces el tipo de escritores que uno tiene que leer en esa época deben ser como más vitales que hagan enamorarse de las historias, pero sale la mojigatería de los papas. No te enseñan a amar la lectura, no hay un plan curricular que esté ligado a esto. Por otro lado, en las universidades, como en la licenciatura de literatura, están diseñadas para crear profesores, entonces creería que es un enfoque distinto y no siempre está en amar a la literatura.

Según las últimas estadísticas hechas por el Dane, en promedio los colombianos leen 2.7 libros al año, que a comparación  con otros países como Japón, que leen 47 libros al año o como España que leen 13, es una cantidad muy mínima. En su opinión, ¿dónde cree que radica el problema y cuál podría ser una solución para subir esta cifra?

P.C: Sí, esa cifra es deprimente aquí en Colombia. Yo empiezo por el hogar, pues el ejemplo empieza en la casa, así suene cliché, pero es que mucha gente no tiene el hábito de leer, por ejemplo, los papás, los tíos, etc, no tienen libros en la casa. No en toda parte hay bibliotecas tan bien surtidas como la Luis Ángel Arango que es bellísima y tiene todo lo que uno quiera, esa es una que está en un lugar de Bogotá, en las otras ciudades o pueblos no hay bibliotecas así.

Que lean digital, tampoco todos tienen acceso a leer en una tablet. Hay varios factores. Pero eso podría empezar en un plan lector desde los colegios, que en realidad lean libros para fomentar la lectura.

En vez de leer los clásicos de Colombia para exaltar la tradición acá, podrían leer otras cosas como la ciencia ficción, fantasía o el terror, tal vez elegido con más criterio pero ese tipo de historias son las que atraen a un lector joven. Un niño quiere ver naves espaciales, cosas así, y si les damos ese tipo de literatura sería más fácil que se enganche y siga -Incluso me gustaría y me parecería mejor que leyeran en el colegio a Poe que a Gabo, porque podría generar más interés-.

También necesitamos que los adultos y padres entiendan el valor de los libros. Otro tema es lo del gobierno con el tema del IVA que le pone a los libros, es muy complicado para alguien que no tiene recursos, por ejemplo un libro en Colombia por barato puede costar 50.000 pesos, y no todos los tienen.

¿Cúal es el papel del escritor en la realidad social colombiana?

P.C: Tratar de demostrar fielmente esa realidad social que vivimos, dependiendo de la temática que aborde o de su obra, para dejar un registro para otras generaciones, como una especie de historiador tal vez, pero lo que debe hacer el escritor es tomar esa realidad y de ahí sacar historias para su ficción, retratando fielmente y criticando también, porque en la ficción hay espacio para esta, para que otros que quizá que no la han comprendido o interiorizado noten o aprendan allí algo.

¿Qué opina acerca de los diferentes grupos intelectuales que de alguna manera chocan en el país?

P.C: Para mi, la verdad esa gente me da pereza, esos intelectuales que vienen a dárselas de mucho. Yo no pertenezco a ningún grupo de intelectuales, ni espero pertenecer. Es una gente que no tiene nada mejor en qué ocupar su tiempo, habla mucho, discute mucho, pero escriben poco.

El escritor debe mostrar su ‘‘sabiduría’’ por medio de los libros y textos, más no discutiendo con otro sobre tonterías. A nadie le importa después de un tiempo, entonces en vez de hacer polémica, debe dedicarse a  escribir y tratar de hacer obras que perduren en el tiempo e impactan a alguien, porque al final lo que queda de ti son los libros y las historias, no las polémicas haya hecho.

En su opinión, ¿cómo ha afectado la pandemia a los escritores?

P.C: En lo que más ha afectado es en el tema de las presentaciones y conferencias, aunque haya continuado virtual, ya que no es lo mismo el contacto con los lectores o el hecho de que te firme un libro.

Por ejemplo, en mi caso, nunca pudimos hacer una presentación de La piel de las pesadillas, hubo una en la feria de Cali que fue virtual pero si no hubiera sido así, hubiera sido presencial, de hecho lo íbamos a hacer de esa manera este año, pero llegó el segundo pico y nos lo impidió.

También ha afectado en el tema de las ventas, pues en las ferias se venden muchos libros y para varios escritores, su sustento está ahí. Aunque el aspecto del confinamiento a muchos no les ha afectado, porque algunos son personas solitarias y les gusta estar en la casa leyendo y escribiendo

¿Qué consejo le daría a alguien que no lee o no le gusta?

P.C: Le diría que los libros pueden ser mucho más divertidos que la televisión, igual de buenos que el cine, que tal vez si no leen es porque no han encontrado el libro para ellos, y que deberían darle una oportunidad, porque así como en el cine hay géneros de terror, ficción, drama y romance, en la literatura es exactamente lo mismo, entonces les diría que dejaran su reticencia a un lado y buscarán ese libro que en realidad les puede cambiar la vida.

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