Foto. Getty Images

Por Julian León

El mundo de la información abierta y la verdadera libertad de prensa -y no de ataque- contempló con preocupación cómo los medios anunciaban con bombos y platillos la entrega del polémico Julian Assange, fundador del portal WikiLeaks, a las autoridades británicas luego de que éste gozara del protectorado diplomático en la embajada de Ecuador en el Reino Unido desde el 2012. De buenas a primeras parece una decisión legitima del Gobierno de Lenin Moreno, pero genera dudas al tenerse en cuenta que días antes Ecuador y el cuestionado FMI estrecharon lazos de cooperación económica. ¿Cuestión de favores?

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Julian Assange cobró vigencia internacional a raíz de la creación del portal WikiLeaks a través del cual el periodista y programador web australiano publicitó su mejor imagen de hacker al dar a conocer al mundo entero documentos ultra secretos que demostraban, por ejemplo, masivas arremetidas de fuerza desproporcionada del ejercito estadounidense contra población indefensa de próximo y medio oriente, sorpresivamente con la autorización del Departamento de Defensa de EE.UU. A partir de allí, Assange se dedicó a explorar y acceder a documentos que retrataran las crudas violaciones a DD.HH. acometidas por diferentes gobiernos tanto de derecha como de izquierda. Rafael Correa, expresidente ecuatoriano, en medio de su típica dialéctica populista otorgó a Assange la ciudadanía ecuatoriana y su residencia en la embajada del país sudamericano en Londres desde 2012, muy a pesar del descontento de las grandes potencias involucradas en los escándalos y la magnitud de la importancia de su entonces huésped.

Luego de que Correa dejara la presidencia después de diez años de gobierno, significó para muchos profesionales -en especial de economía- un campo de análisis rico y amplio. De acuerdo al actual Ministro Coordinador de Política Económica del Ecuador, Diego Martínez, los altos precios del petróleo ecuatoriano sumado a un avance en materia tributaria, “permitieron al gobierno de Correa emprender un programa de mejoras en la infraestructura productiva, vial, educativa y de salud.”, como aseguró para el medio BBC.

Por otro lado, el economista Walter Spurrier aseguró al mismo medio que “se desperdició la oportunidad de desarrollar al país con esa bonanza petrolera” que según él “terminó en 2015”. Spurrier reconoció para la BCC algunos de los avances proclamados por Martínez, pero derrocó por completo la ‘aurora de santidad y progreso correista’ al asegurar que debido al “sesgo anti capital” de Correa, se “privó al país de inversión privada” y se le condenó a poseer “un gasto público que no tiene cómo cubrir” sin recurrir al dólar. Spurrier concluyó en aquella consulta de la BBC que el siguiente gobierno debía tomar las riendas para reducir el déficit fiscal o estar consciente de un probable “periodo de recesión”.

Así las cosas, el actual gobierno de Lenin Moreno ha entendido a la perfección la necesidad de desvincularse con un pasado correista y comenzar a refundar su propio gobierno a costa de lo que fuera para asegurar una estabilidad económica frente a la dura predicción de Spurrier. La cabeza de Julian Assange parece haber sido el sacrificio.

El pasado 11 de abril se hizo eco de la noticia de la entrega de Assange a las autoridades británicas. Según Lenin Moreno, la decisión fue resultado de “la conducta irrespetuosa y agresiva de Assange, las declaraciones descorteces y amenazantes de su organización aliada contra Ecuador y, sobre todo, la trasgresión de los convenios internacionales”. Casualmente el mismo día, la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, alagaba al gobierno de Moreno por su nueva dirección económica y anunciaba una cooperación monetaria con el país sudamericano que rondaría los 10. 200 millones de dólares, según el portal El Comercio.

No deja de sonar en las cabezas más críticas la idea de que el poderosísimo FMI sea el ente manipulador de toda esta nueva trasgresión a la verdadera libertad de prensa, pues como bien se sabe, la máxima agrupación financiera del mundo está dominada por los países más ricos y los que más interesados están en la entrega de Julian Assange al versen sus organismos de inteligencia secretos involucrados en los documentos que el hacker dio a conocer. El gobierno de Lenin Moreno, en medio de su déficit fiscal en el que probablemente lo haya dejado su mismo antecedente correista, estaría desarrollando el rol que el típico dicho describe: por la plata baila el perro.

De ser así las cosas, quedaría demostrado que la soberanía de los países, en el mundo globalizado actual, está transgredida por la influencia del capital y los múltiples intereses de sus países con políticas neoliberales. Esto a su vez es como descubrir que el agua moja y que la experiencia misma, adquirida a través de la historia, dictamina que el modus operandi favorito del FMI es manipular a sus futuros deudores hasta que éstos últimos consigan millonarios desembolsos y el ente internacional una mayor influencia política y económica.

El destino del tocayo Assange está escrito; el de la libertad de prensa y de expresión, acorralado.

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