Muchos de los grandes artistas, eruditos, académicos y personas sensibles a su entorno que han dejado una huella en la historia, han señalado que la mejor maestra de los días y sus noches es la naturaleza. Esa que respira, que siente, que se mueve y ha estado siempre desde antes del principio de los tiempos del hombre para cuidarlo y alimentarlo, pero también para enseñarle que todos podemos convivir.
Desafortunadamente, con el paso del tiempo el hombre ha entendido que puede hacer lo que mejor le convenga sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos, que, con las décadas han abarcado grandes cambios en la manera de subsistir del hombre y de la naturaleza, en su intento por sobrevivir a la destrucción y al consumo desmedido del auto proclamado cabeza de la cadena alimenticia, que solo es el más despiadado depredador.

Desde una perspectiva que se muestra naturalista, el animador, artista de guion gráfico, productor, guionista estadounidense y ahora director Daniel Chong, presenta a Mabel, una estudiante universitaria que ama los animales y encuentra en una nueva tecnología supersecreta la clave para inmiscuirse en el bosque de la ciudad, trasladando su conciencia a un castor robótico hiperrealista. Hasta aquí la premisa se hace cada vez más cómica, pero su objetivo final es unir fuerzas con las especies que allí habitan para salvar el terreno de una amenaza inminente: la construcción de una autopista que forma parte de los planes de reelección del alcalde de la ciudad.
Hoppers: operación castores es una película que encuentra de nuevo esa esencia que hizo grande a los estudios Pixar, ahora en propiedad de la compañía del ratón, pero que desde hace años intenta regresar a esas grandes historias que todos pueden entender y disfrutar, pero que desafortunadamente se han visto en perspectivas equivocadas cuando joyas como Un mundo extraño (2022) o Lightyear (2022) son tan incomprendidas como la nominada al Premio Oscar por mejor película de animación 2026, Elio (2025).

Es tan interesante como entretenido tener la percepción de una castor, pero no solo de una especie en particular, ya que cuando está en esa visión, no solo entiende a los de su especie, sino a todos los seres que conforman la naturaleza, con el potente mensaje desde el arranque que todos somos parte de un todo, ya que la naturaleza no tiene ambivalencias, nacionalidades o sesgos por el color de piel, recordando que sus reglas y equilibrio son sabios y esenciales para todo ser vivo que habite en esta tierra.

El primer acto se desarrolla en la relación de Mabel con su abuela, delineando una marca registrada Disney para fabricar un efecto trágico y dramático, pero eso solo es una catapulta para la presentación de personajes llenos de gracia y corazón, dentro de una buena historia que hace que ninguno sea un extra o un relleno, inyectando un carisma especial en personajes como el rey castor y haciendo entrañables las referencias que siempre se dejan en otros títulos de Pixar como Buscando a Nemo (2003), Up (2009) y hasta un homenaje al clásico The Thing (1982) de John Carpenter.

La película acumula capas de discurso desde lo ecologista, una firme crítica al extractivismo, también reflexiona sobre la tecnología, sus alcances y puntos negativos como perder la identidad por medio del exceso de información, enmarcada en una reflexión sobre el daño que el ser humano constantemente le produce a un entorno lleno de vida, pero que se marchita por la falta de conciencia y cuidado.

Hoppers: operación castor no es una película netamente infantil, que divierte y entretiene a audiencias de todas las edades sin ideas huecas que marcan caminos fáciles para solo producir metraje y justificar asiento en la sala. Al contrario, en 1 hora y 45 minutos de metraje la cinta logra armar una película que invita a repensar la cotidianidad de manera amable para los más pequeños y un buen tema de conversación en casa para los más grandes, a fin de ser conscientes de la riqueza de la naturaleza y que es posible que no haya malos, como en esta cinta, donde solo falta un ejercicio de conciencia para darse cuenta que esta casa es de todos y depende de cada uno para coexistir con ella en armonía. Juzguen ustedes.








