Por: María Camila León Fierro
Juana Afanador es una de esas mujeres que han aportado en la defensa de los derechos de las mujeres en Colombia, y a no olvidar a aquellas víctimas de feminicidio, con la publicación de su libro Eso no es amor: diez feminicidios que sacudieron a Colombia.
En el fondo de la estancia, sobre un librero tiene un cuadro en blanco y negro con la frase IMPORTAS, que como si fuera una señal, corrobora el reconocimiento a la importancia de su labor y de la pertinencia de hablar de feminismo, de los roles de género y de los derechos de las mujeres, en un contexto en el que una parte de la sociedad pide que las mujeres les entreguen su voto a sus parejas, regresen a ser esposas tradicionales sin ningún otro rol que fomente su crecimiento personal, y en el que la palabra niñas se excluye de las comunicaciones oficiales del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), una forma de invisibilizar las violencias diferenciadas que enfrenta esta población.
Juana Afanador creció en una familia progresista, donde los roles de género estaban definidos, donde había amplitud y espacio para que las mujeres trabajaran y fueran independientes, lo que reconoce ha tenido efecto a lo largo de su vida. “Llegué al feminismo y a la práctica feminista ya de adulta, justo cuando empecé a interesarme en la militancia política”, explica Juana, a propósito del momento cuando inició su interés y activismo en el feminismo.
Juana es socióloga de profesión, fue profesora universitaria durante mucho tiempo y sus trabajos de investigación estaban centrados en la historia de la infraestructura en Colombia; era lo que le interesaba y le gustaba principalmente. A la par empezó su militancia, porque siempre tuvo interés en hacer política, aunque se preguntaba: “¿Hacer política para qué?”. La respuesta llegó cuando empezó a ejercerla y notó que las mujeres dentro de la izquierda también viven violencias machistas, porque quienes legislan son mayoritariamente hombres que lo hacen a nombre de las mujeres bajo sus términos, dejando a un lado sus luchas e intereses. “Cuando empiezo a estar en proyectos y movimientos políticos de izquierda, a ver y a trabajar de cerca las implicaciones de la participación política de las mujeres, empiezo a percatarme de las violencias basadas en género que pasan en los espacios políticos; ahí empieza, esta necesidad de mencionarme y de reconocerme como feminista”.
Este desarrollo político, que acompañó con denuncias, la llevó a que la contactaran mujeres que no conocía y que no hacían parte de ningún proceso político cercano para que las acompañara en sus denuncias de abuso sexual e intentos de feminicidio, hecho que le abrió una puerta para ir más allá del pequeño círculo en el que ejercía, con un acompañamiento más grande hacia mujeres de otras ciudades, dándoles visibilidad a sus historias porque quieren ser escuchadas y, que como proceso de reparación, necesitan que el mundo sepa lo que les pasó y no se olvide.
Es en este proceso cuando llegó a la escritura de su libro, publicado en julio de 2025. Nunca había trabajado sobre feminicidios; su primer acercamiento empezó con la investigación de los casos: “Familias queriendo hablar y contarte la historia de su familiar, que se traducía en una necesidad de no ser olvidadas, no ser olvidados, de poder seguir existiendo de alguna manera, de volver a contar la historia de ese familiar, de otra manera, más allá que como víctima.
Los relatos de su libro están soportados con cifras, investigaciones y archivos de prensa, que en mí generaron sentimientos de molestia, tristeza, frustración, sorpresa e indignación al leer los actos atroces que se cometieron en contra de estas mujeres, por lo que le pregunto ¿Cómo se sintió escribiendo el libro? “Durante la escritura no tuve esas sensaciones, todo fue metódico durante las entrevistas; muchas veces uno crea una relación con la familia, pero uno tiene que tomar distancia para estar bien emocionalmente. Una vez salió el libro, es cuando todo se vuelve más difícil, porque ellos no saben cómo se van a sentir una vez lo lean”.
Luego de la publicación, los familiares de una de las víctimas, que no estuvieron relacionados con las entrevistas, porque en vida dejaron de sostener vínculo con la víctima, contactaron a Juana, y la amenazaron a ella y a la editorial de denunciarlos por injuria y calumnia, además de pedirles que retiraran ese capítulo, lo que hizo que la familiar que concediera la entrevista se sintiera mal y contactara a Juana para insultarla, aunque nuevamente la llamó y le ofreció excusas, lo que la llevó a tomar distancia para cuidarse emocionalmente.
“Pensábamos que iba a ser un libro necesario, por eso la editorial estuvo contenta, y dijeron que era una de esas obras imprescindibles. Tengo la hipótesis de que la gente no quiere leer estas historias; recibí muchos comentarios bonitos; estoy casi segura de que la mayoría de quienes compraron el libro y lo leyeron son mujeres, que eso ha sido bonito, pero también entiendo la dificultad de acercarse a un tema triste, duro, doloroso y violento como el feminicidio. Los feminicidios son violentos, son terribles, son de una violencia inmensa y no todas las personas dicen que se van a sentar a leer una historia, triste, horrible y dolorosa”.
Juana dice que escribe con gusto, porque siente que le está aportando a la sociedad, pero a la vez se pregunta si debería escribir algo más alegre, porque al dedicarse a escribir no ficción, le gusta apegarse a la realidad, como la que vive con sus dos perros, Nacho y Pola, de los que dice con una sonrisa y brillo en sus ojos, que le cambiaron la vida totalmente hace 8 y 9 años cuando los adoptaron con su esposo, pues nunca habían tenido mascotas. Por eso precisamente ha pensado en escribir sobre la relación que los humanos construimos con los animales y las historias alrededor de ellos.
Una de las más recientes actividades políticas de Juana, fue su experiencia como candidata a la Cámara de Representantes por Bogotá en las pasadas elecciones al Congreso de 2026: “Fue un experimento interesante, porque decidí que iba a hacer una campaña 100% feminista, y que iba a hablar de lo que me interesaba; fue chévere porque pude decirlo y pude hacerlo. Estaba muy segura, muy feliz, y a todo le pude meter género; la recepción de las mujeres jóvenes fue fabulosa.
Se ratifica en que con los hombres no se puede hacer política, porque no es la primera vez que le pasa que las necesidades del compañero son más importantes que las de la candidata, por lo que prefiere hacer política con mujeres. Por el momento no cree que vuelva a lanzarse a la política: “Acepto que fui una güeva porque muchas veces me dejé llevar”.
Juana busca emplearse nuevamente en los campos en los que tiene experiencia, pero está abierta a posibilidades. Mientras tanto, se dedica al trabajo doméstico, al cuidado de su hogar y de sus padres. Sin embargo, esto no quita que con su esposo, con el que llevan 16 años, también sociólogo y de su misma edad, se repartan estas labores, al que le pregunta de manera irónica, con una sonrisa: “¿Acaso soy Dobby, el elfo doméstico de Harry Potter?”. Juana sabe que es una mujer inteligente, cuidadora, amorosa y amable, dedicada al cuidado del hogar, pero también tiene presente que la complacencia por no incomodar no es una opción: “porque desde nuestros vínculos cercanos, mediante la promoción de un trato equitativo, lograremos grandes cambios en la sociedad”.









