El 12 de marzo de 1992 quedó grabado en la memoria de Gustavo Galán, en aquel año, el empresario y consultor internacional, formado en el rigor técnico de la confección en Alemania, Inglaterra y Atlanta (Estados Unidos), asesoraba en Medellín a PMX (Promotora de Manufactura para la Exportación), una iniciativa respaldada por los principales grupos económicos del país para generar oportunidades laborales en las comunas.
Fue en medio de esa tarea cuando sonó el teléfono: al otro lado de la línea hablaba el padre Rafael García Herreros, el sacerdote eudista fundador de El Minuto de Dios y un convencido de que la caridad debía transformarse en empleo formal. El padre lo convocó a Bogotá para poner en marcha un proyecto que entonces parecía una quijotada: una planta textil y de confecciones que dignificara la vida de los más necesitados.
Ese encuentro personal selló un pacto que supera ya los 34 años de permanencia ininterrumpida, tras el diálogo inicial con el fundador y la posterior vinculación formal promovida por el padre Camilo Bernal, Galán pasó a integrar la junta directiva de la naciente Corporación Industrial Minuto de Dios (MD). Desde allí, su conocimiento en ingeniería de confección y posicionamiento de marcas fue el engranaje clave para dar vida al denominado Plan 807 con los Estados Unidos. Bajo ese modelo de maquila y exportación, la planta instalada en el propio barrio Minuto de Dios recibía insumos internacionales para producir prendas infantiles y masculinas de alta calidad. Lo que comenzó con talleres y máquinas de coser ha representado, a lo largo de más de tres décadas, la creación de más de 42 mil puestos de trabajo forjados bajo la triada fundacional de la obra: presencia espiritual, educación y trabajo digno.
La experiencia acumulada en la gran industria textil encontró un nuevo cauce con la llegada de la pandemia en 2020, Galán recuerda cómo la Corporación, articulada con el Gobierno Nacional, volcó sus esfuerzos hacia la base de la economía popular, logrando acompañar y capacitar a más de 40 mil micronegocios en todo el país. Hoy, ese compromiso cobra una urgencia renovada en el marco de la Segunda Jornada de Micronegocios y la campaña ‘10.000 latidos para volver a empezar‘, una iniciativa que busca levantar a los comerciantes informales y pequeños productores del Valle, Chocó y el Eje Cafetero que perdieron maquinaria, hornos y enseres tras el terremoto del pasado 10 de agosto.
Al observar a los cientos de comerciantes que exhiben sus productos en el Teatro Minuto de Dios, Galán no duda en compartir lecciones aprendidas a pulso de aciertos y errores. Su primer consejo para quienes hoy inician es tajante: perder el miedo. Él mismo renunció a la seguridad salarial a los 28 años para lanzarse al ruedo del emprendimiento y la consultoría independiente. Sin embargo, advierte que la valentía es estéril sin formación rigurosa. Recomienda también a los microempresarios que se capaciten permanentemente en finanzas, contabilidad y, de manera primordial, en ventas y mercadeo. “De nada sirve tener el mejor producto del mundo si la registradora no suena; el mercadeo es la esencia que hace viable a una compañía“, señala, recordando además que el activo más valioso de cualquier negocio siempre será la calidad humana en el trato con las personas.
Desde esa autoridad moral que da haber construido empresa en los momentos más difíciles del país, Galán remata su diálogo con un llamado urgente al empresariado nacional y a gremios como ProAntioquia y ProSantander, para el directivo, vincularse como benefactores a El Minuto de Dios no debe verse únicamente como un gesto de filantropía tradicional, sino como una decisión inteligente de desarrollo: genera rentabilidad económica, beneficios tributarios y, por encima de todo, estabilidad social para Colombia.
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