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De la HJN al Podcast: Un siglo de la radio que conectó a Colombia

En Colombia, el Día Mundial de la Radio no es un simple trámite del calendario; es el homenaje al medio que alfabetizó el campo, narró la guerra y hoy lidera la transición digital en una geografía que nunca dejó de escuchar.

La historia de Colombia podría contarse a través de sus ondas electromagnéticas. Desde que en la década de 1920 los primeros aficionados experimentaron con la telegrafía inalámbrica, el país entendió que la radio no era un juguete tecnológico, sino una necesidad nacional. En 1929, con el nacimiento de la estatal HJN, se dio el primer paso hacia una radio institucional. Sin embargo, el verdadero “estirón” llegó entre los años 30 y 50. Fue la era donde la Radio Nacional de Colombia (1940) se convirtió en el gran aula de clases y escenario artístico de un territorio con profundas brechas de educación formal. Las familias dejaron de mirar a las montañas para mirar al receptor: la música en vivo y los boletines informativos eran el nuevo fuego alrededor del cual se construía la identidad nacional.

La Edad Dorada: Entre el radioteatro y la alfabetización

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Mientras en las ciudades se consolidaban gigantes como Caracol Radio y RCN Radio (1948), revolucionando el mercado con radioteatros y concursos masivos, en el campo ocurría un milagro social: Radio Sutatenza. Este modelo educativo, pionero en el mundo, demostró que la radio era el puente de integración definitivo. Técnicas agrícolas, lectura y escritura viajaban por el aire hasta los rincones donde no llegaban los libros. La radio en Colombia no solo entretenía; transformaba realidades.

La llegada de la televisión en los años 50 fue el primer gran desafío. Pero la radio colombiana, lejos de rendirse, se hizo portátil. Con la llegada del transistor, el medio salió de la sala de estar y se metió en el bolsillo de los trabajadores, en los taxis y en las cocinas. A partir de los años 70, la especialización fue la clave de su supervivencia. Surgieron los grandes noticieros matutinos y la radio de opinión que hoy domina el debate público. La radio se volvió participativa: el oyente ya no solo escuchaba, sino que llamaba para ser parte de la noticia.

La metamorfosis del dial: El salto al ecosistema digital

La transición de lo analógico a lo digital en la radio colombiana no ha sido una simple sustitución de antenas por servidores; ha sido una reconfiguración total del contrato con el oyente. En el pasado, el dial imponía una tiranía de la programación: el usuario debía estar presente a la hora exacta para escuchar su programa favorito. Hoy, la radio ha pasado de ser un “flujo” continuo a ser una “biblioteca” de contenidos bajo demanda.

Esta migración tecnológica comenzó con el streaming, que rompió las barreras de la frecuencia modulada (FM) y la amplitud modulada (AM), permitiendo que una emisora local de Bogotá o Medellín fuera escuchada con fidelidad cristalina en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, el cambio más disruptivo ha sido el paso del dial al podcast. Mientras que la radio tradicional se fundamenta en la compañía y la inmediatez (lo que ocurre ahora mismo), el podcast ha introducido la profundidad y la hiperespecialización.

Hoy, las grandes cadenas colombianas ya no solo emiten al aire; producen narrativas sonoras diseñadas específicamente para ser consumidas en soledad y a ritmo propio. El podcast ha permitido rescatar géneros que la radio comercial había olvidado, como el documental sonoro y la crónica de largo aliento, pero bajo una lógica de algoritmo donde el contenido busca al oyente. En este nuevo escenario, la radio colombiana no ha muerto, se ha expandido: el locutor ha pasado de ser una voz en un parlante a ser un creador de contenido multiplataforma que habita en redes sociales, sitios web y aplicaciones móviles.

La radio en Colombia es un medio resiliente. Ha sobrevivido a la televisión, al internet y a las crisis sociales, adaptándose siempre a las necesidades de su audiencia. Su capacidad de ser un espacio de encuentro social la mantiene vigente. Como cada 13 de febrero, celebramos que, más que un dispositivo, la radio es el latido sonoro de un país que, a pesar de los cambios tecnológicos, sigue encontrando en la voz del locutor un refugio de confianza y compañía.

| Nota del editor *

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