De los agroquímicos al “compostómetro”: la revolución silenciosa para salvar el suelo platanero en Colombia

Hoy, en el corazón del Eje Cafetero, un conjunto de acciones podrían revertir el daño a los suelos, no se trata de una lucha contra la naturaleza, sino de un esfuerzo por volver a trabajar de la mano con ella.

En los supermercados, el consumidor promedio busca la fruta perfecta: plátanos y bananos sin una sola mancha, brillantes y de tamaño uniforme, pero detrás de esa estética de revista a menudo se esconde una historia de suelos agotados y décadas de uso intensivo de químicos.

Hoy, en el corazón del Eje Cafetero colombiano, una silenciosa revolución podría revertir este daño, no se trata de una lucha contra la naturaleza, sino de un esfuerzo por volver a trabajar de la mano con ella.

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El escenario es el departamento del Quindío, donde se estima que hay cerca de 72 mil hectáreas dedicadas al cultivo de plátano y banano. Allí, un proyecto piloto liderado por la Universidad La Gran Colombia (seccional Armenia) y financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias) podría cambiar las reglas del juego en 36 fincas distribuidas en seis municipios: Armenia, Buenavista, Calarcá, Génova, Montenegro y Quimbaya.

¿El objetivo? La transición hacia una agricultura regenerativa.

A través de lotes “testigo” (donde se cultiva de forma tradicional) y lotes “experimentales” (donde se aplican técnicas regenerativas), los productores pueden comparar los resultados con sus propios ojos. Foto: Generada por IA para ilustrar artículo.

La ciencia de escuchar a la tierra (y al campesino)

El paso de la agricultura convencional a la orgánica no es un salto al vacío, sino un proceso que exige tiempo, paciencia y, sobre todo, confianza. “Hay todavía resistencias a la adopción de estas formas y técnicas de producción limpia”, explica el profesor Óscar Alberto Quintero, doctor en filosofía y coordinador social del proyecto, quien agrega además que “Hay un imaginario que persiste: que la producción limpia cuesta más y que lo que se produce es más difícil de comercializar”.

Para derribar estos mitos, el proyecto no llegó a imponer fórmulas de laboratorio, en su lugar, apostó por la “apropiación social del conocimiento”. ¿Cómo funciona esto? A través de lotes “testigo” (donde se cultiva de forma tradicional) y lotes “experimentales” (donde se aplican técnicas regenerativas), los productores pueden comparar los resultados con sus propios ojos.

Una de las grandes innovaciones nacidas de este diálogo de saberes es el “compostómetro”, una aplicación tecnológica que permite a los agricultores estimar los nutrientes que se generan a partir del compostaje de los propios residuos de sus fincas, convirtiendo lo que antes era “basura” en el principal alimento para revitalizar sus suelos.

Sin atajos ni falsas promesas

El camino hacia la agricultura regenerativa en el Quindío no es uniforme, las fincas participantes tienen puntos de partida radicalmente distintos: mientras unas pocas ya operan bajo un manejo estrictamente orgánico, otras aún se apoyan en insumos de síntesis química mientras atraviesan su etapa de transición. Por esta razón, el proyecto es transparente al advertir que el conjunto de estos cultivos no se presenta, de momento, como un bloque certificado u orgánico.

La transición ecológica exige tres ingredientes que no se pueden acelerar: tiempo, continuidad y confianza. Mientras los agricultores esperan que los cambios positivos se manifiesten en la salud de sus suelos y en sus cosechas, la directriz de la investigación es la cautela absoluta. En una época de promesas climáticas apresuradas, el proyecto quindiano mantiene una regla estricta: las mejoras en los rendimientos, el enriquecimiento del suelo y el impacto en los ingresos de las familias solo se comunicarán públicamente cuando estén respaldadas por evidencias y resultados irrebatibles.

El profesor Óscar Alberto Quintero Ocampo es doctor en Filosofía y responsable del componente social de la investigación. Foto: Archivo personal

El Minuto de Dios y la ola regenerativa latinoamericana

El proyecto en el Quindío no es un esfuerzo aislado, forma parte de un despertar agroecológico que recorre Colombia y América Latina, un movimiento en el que instituciones con profundo arraigo social, como la Obra Minuto de Dios, han tomado la batuta.

Recientemente, El Minuto de Dios, a través de su organización Fundases, organizó el XX Seminario Internacional de Agricultura Regenerativa. Las cifras del evento son un termómetro del interés que despierta el tema:

  • Más de 600 asistentes.
  • Ponentes expertos de 17 países.
  • El respaldo de 40 años de trabajo de Fundases demostrando que la biotecnología y la ciencia pueden estar al servicio de la vida.

Para El Minuto de Dios, la agricultura regenerativa es una extensión natural de su legado social, es la materialización del cuidado de la “casa común”: entender que la pobreza rural y la degradación del medio ambiente son dos caras de la misma moneda.

Tanto el megaseminario internacional de Fundases como el trabajo focalizado con las 36 familias en el Quindío comparten una misma filosofía, heredada de figuras como el padre Rafael García Herreros: el suelo no se cuida solo, se cuida en comunidad.

Escuche la entrevista a continuación:


Si quiere profundizar el día a día de las acciones de la Obra de El Minuto de Dios, escuche de lunes a viernes de 11 a 12 del día el programa de radio RenovAcción por Emisora Minuto de Dios 107.9 FM en Bogotá y UNIMINUTO Radio 1430 AM en Bogotá y 1580 AM en Cundinamarca, también en UNIMINUTORadio.com.co

| Nota del editor *

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