Cuando Diego Rodríguez aterrizó en Sídney en diciembre de 2019, no imaginaba que su llegada coincidiría con el inicio de una pandemia global que paralizaría al mundo. Atrás había dejado Colombia, una dolorosa ruptura sentimental y cinco años de desgaste en una gran constructora, donde el manejo de las relaciones laborales terminó por desencantarlo de su propia profesión.
Llegó con sus ahorros y una maleta cargada de incertidumbre a un país con un idioma y una cotidianidad completamente ajenos. Su título de ingeniero civil, obtenido en 2016 en la Corporación Universitaria Minuto de Dios (UNIMINUTO), quedó temporalmente en pausa mientras se enfrentaba al reto más urgente: sobrevivir.
El camino desde cero
Como ocurre con miles de migrantes, Diego tuvo que reinventarse. Sus primeros ingresos los consiguió pedaleando las calles de Sídney para entregar pedidos de Uber Eats. Sin embargo, pronto descubrió en la industria del aseo —un sector con altísima demanda para los recién llegados en Australia— una oportunidad de crecimiento. Lo que empezó como una labor de supervivencia se transformó rápidamente en un sólido proyecto empresarial.
Hoy, siete años después de haber dejado su país, dirige su propia compañía de limpieza. El negocio ha escalado hasta administrar el mantenimiento de entre 85 y 100 propiedades, abarcando oficinas, casas y locales comerciales. En su nómina actual no solo cuenta con ciudadanos japoneses, sino que ha logrado integrar a sus propios primos colombianos, quienes también emigraron buscando nuevas oportunidades.

Un choque cultural convertido en comedia
Pero Australia no solo le brindó estabilidad financiera; también le presentó a quien hoy es su esposa, de nacionalidad japonesa. Juntos, y ahora acompañados de su bebé de seis meses, han encontrado una manera peculiar de lidiar con los contrastes culturales: el humor digital.
A través de la cuenta de Instagram “Mimicochann“, la pareja comparte videos sobre su cotidianidad y los retos de una relación internacional. El nombre del perfil esconde una anécdota que refleja su dinámica: ella lo bautizó “Mimico” porque, según cuenta, él se mueve “como un mico”. La ironía, que divierte a sus seguidores, es que “Mimico” es un nombre de mujer en Japón, al que le añadieron el sufijo “chan”, usado tradicionalmente para las chicas. Mientras conquistan las redes, su esposa es también una pieza clave en el mundo real, encargándose de la facturación y el área financiera de la empresa.

Próxima parada: Japón
A pesar del éxito construido, la paternidad lejos de una red de apoyo familiar ha sido, en sus propias palabras, un desafío “bastante duro”, por ello, la familia ha decidido cerrar este capítulo australiano. Mantendrán la administración de la empresa de forma remota y se mudarán a Japón, dejando la puerta abierta a un futuro regreso a Colombia.
A la distancia, Diego reconoce que su formación en UNIMINUTO fue el cimiento de su trayectoria. Más allá de los cálculos estructurales, destaca que la institución le inculcó la ética y el valor de entregar un servicio real a la sociedad, moldeando al profesional que hoy, lejos de actuar por inercia, triunfa al otro lado del planeta.
Quieres conocer los contenidos de Diego, dale un vistazo a su cuenta en Instagram: @mimicochann
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