Tecnopolítica: comprender el poder detrás de la tecnología para defender la democracia

Durante la XX Semana Internacional de la Comunicación de UNIMINUTO, expertos y académicos analizaron los desafíos que plantean la inteligencia artificial, los algoritmos, la desinformación y las infraestructuras digitales, y llamaron a formar ciudadanos y periodistas capaces de comprender críticamente el poder tecnológico.

La tecnología dejó de ser únicamente una herramienta para convertirse en un escenario donde también se disputan el poder, la democracia, los derechos ciudadanos y la construcción de la opinión pública. Esta fue una de las principales conclusiones del panel “Tecnopolítica, democracia digital y algoritmos”, realizado durante la XX Semana Internacional de la Comunicación de UNIMINUTO.

El encuentro contó con la participación de Farith Amed, activista tecnológico; Tomás Durán, vicerrector académico de UNIMINUTO; y Alejandro Lopera, profesor de la institución, quienes abordaron los desafíos que representa la transformación tecnológica para la sociedad y, particularmente, para quienes se están formando en comunicación y periodismo.

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Uno de los conceptos centrales de la conversación fue el de alfabetización mediática e informacional, entendida no solamente como la capacidad para acceder a dispositivos o utilizar herramientas digitales, sino como la posibilidad de comprender los entornos mediáticos, informacionales y tecnológicos desde una perspectiva crítica.

Del acceso a la tecnología al empoderamiento ciudadano

Tomás Durán explicó que durante años las políticas públicas de América Latina estuvieron concentradas principalmente en garantizar el acceso a computadores, tabletas y conexiones a internet. Sin embargo, señaló que este enfoque resulta insuficiente frente a los desafíos actuales.

La discusión, según planteó, debe avanzar hacia el empoderamiento tecnológico, entendido como la capacidad de las personas para comprender, utilizar y cuestionar las tecnologías que hacen parte de su vida cotidiana.

Esta transformación también implica incorporar la alfabetización algorítmica, de manera que los ciudadanos puedan comprender las asimetrías existentes entre las grandes industrias tecnológicas y quienes utilizan sus plataformas.

“Hablar de tecnología es también hablar de derechos, hablar de desafíos y hablar de un debate ciudadano”, fue una de las ideas que atravesó la conversación.

En este contexto se presentó la experiencia de Digitalia, Educomunicación para la Paz, una iniciativa orientada a la alfabetización mediática e informacional y al empoderamiento frente a tecnologías emergentes como la inteligencia artificial y el big data.

De acuerdo con lo explicado durante el panel, el programa desarrolló herramientas para identificar contenidos manipulados mediante inteligencia artificial, como imágenes, audios y videos, además de un sistema orientado a detectar agentes sintéticos o bots asociados con procesos de desinformación.

La experiencia también produjo contenidos audiovisuales, materiales pedagógicos y herramientas digitales para fortalecer las capacidades ciudadanas frente a la desinformación.

Una internet cada vez menos humana

Uno de los momentos de mayor preocupación durante el panel estuvo relacionado con la transformación del ecosistema de internet y el crecimiento de los agentes automatizados.

Farith Amed planteó que una parte creciente del tráfico en internet ya no corresponde a interacciones humanas, sino a sistemas automatizados. Desde esta perspectiva, habló de la denominada “internet muerta”, una idea que advierte sobre un escenario en el que los bots y contenidos generados artificialmente podrían llegar a dominar buena parte de las conversaciones digitales.

Más allá de la cifra específica mencionada durante el encuentro, el planteamiento apunta a un problema de fondo: la dificultad creciente para distinguir entre interacciones humanas y contenidos producidos o amplificados artificialmente.

Para Amed, esto puede tener consecuencias sobre la opinión pública, la democracia y la salud mental, especialmente cuando las personas terminan interactuando con agentes que creen humanos y reciben de ellos mensajes diseñados para provocar determinadas reacciones.

Por ello, sostuvo que la respuesta no puede limitarse a desconectarse de las redes sociales. Aunque reconoció la importancia de establecer límites en el consumo digital, defendió internet como un espacio fundamental para la participación, el acceso a la información y la expresión ciudadana.

El desafío, entonces, es construir una internet más humana, transparente y ética.

La tecnología no es neutral

Otro de los ejes fundamentales de la discusión fue la necesidad de superar la idea de que la tecnología es neutral.

Amed explicó que detrás de cada tecnología existen decisiones, intereses, diseños y relaciones de poder. Por ello, propuso comprenderla también desde las ciencias sociales, las humanidades y la comunicación.

“La tecnología deja de ser neutral cuando en ella hay un logos”, explicó durante el encuentro, al señalar que los dispositivos tecnológicos incorporan determinadas formas de pensar, organizar y orientar las acciones de sus usuarios.

Desde esta perspectiva, comprender la tecnología implica también preguntarse quién la diseña, con qué propósito, quién controla los datos, de dónde provienen los recursos necesarios para producirla y cuáles son sus consecuencias sociales y ambientales.

La discusión llevó el análisis incluso hasta las infraestructuras que hacen posible internet. Los centros de datos, el consumo energético y de agua, la extracción de minerales y las condiciones laborales vinculadas a la fabricación de dispositivos hacen parte, según los panelistas, de una cadena que normalmente permanece invisible para los usuarios.

Por eso, pensar tecnopolíticamente significa mirar más allá de la pantalla.

La tecnopolítica como una nueva dimensión ciudadana

Durante el panel también se hizo un recorrido por las diferentes formas en que el concepto de tecnopolítica ha sido entendido.

De acuerdo con Amed, inicialmente el término estuvo relacionado con la administración pública y la incorporación de tecnologías a las estructuras del Estado. Posteriormente, con el desarrollo de internet y los movimientos sociales, comenzó a utilizarse para describir el empleo de herramientas digitales en procesos de movilización y defensa de derechos.

El concepto adquiere hoy una dimensión más amplia: el análisis crítico de las relaciones de poder en un mundo cada vez más condicionado por la tecnología.

En este escenario aparecen fenómenos como la microsegmentación política, el uso de datos personales, el perfilamiento de ciudadanos, la economía de la atención y la utilización de algoritmos para intervenir en las conversaciones públicas.

El panel recordó experiencias como el movimiento 15M en España y el caso de Cambridge Analytica para explicar cómo las tecnologías digitales pueden convertirse tanto en instrumentos de movilización ciudadana como en mecanismos de manipulación política.

Por ello, la tecnopolítica no debería entenderse exclusivamente como una cuestión de programación o ingeniería.

El desafío de formar periodistas tecnopolíticos

Uno de los principales llamados del encuentro estuvo dirigido a las facultades de comunicación y a las nuevas generaciones de periodistas.

Farith Amed planteó la necesidad de formar “periodistas tecnopolíticos”, profesionales capaces de comprender el funcionamiento y las consecuencias de las tecnologías digitales desde una perspectiva humanista.

Para el activista, el conocimiento tecnológico no debería quedar exclusivamente en manos de ingenieros, desarrolladores o especialistas. Los periodistas también necesitan comprender los algoritmos, los datos, las plataformas y las infraestructuras digitales para poder investigar sus impactos y explicarlos a la ciudadanía.

Como ejemplos mencionó el trabajo periodístico de Laura Poitras, relacionado con las revelaciones de Edward Snowden, y el papel de The Guardian en investigaciones vinculadas con WikiLeaks y Julian Assange.

La propuesta implica pasar del periodismo que simplemente informa sobre el último dispositivo, aplicación o innovación tecnológica a un periodismo capaz de preguntar qué hay detrás de esa tecnología y qué efectos tiene sobre la sociedad.

“Necesitamos tecnopolíticos o tecnoculturales”, sostuvo Amed, al insistir en que los grandes desafíos tecnológicos del presente requieren profesionales capaces de conectar tecnología, cultura, política, economía y derechos humanos.

Soberanía tecnológica: de consumidores a productores

El debate también llegó a una preocupación estratégica para América Latina: la soberanía tecnológica.

Amed señaló que la región continúa dependiendo en buena medida de tecnologías desarrolladas fuera del continente y planteó la necesidad de fortalecer las capacidades propias de investigación, innovación y desarrollo.

En ese proceso, las universidades y los centros de investigación tendrían un papel fundamental: no solamente enseñar a utilizar tecnologías desarrolladas por terceros, sino participar activamente en la creación de soluciones relacionadas con las necesidades de cada país.

La pregunta, entonces, deja de ser únicamente qué tecnología comprar y pasa a ser qué tecnología necesita la sociedad, quién debería desarrollarla y bajo qué principios debe hacerlo.

Una mirada crítica frente a la inteligencia artificial

La conversación también abordó los temores relacionados con el futuro de la inteligencia artificial y la posibilidad de desarrollar sistemas de capacidades superiores a las actuales.

Amed diferenció entre la inteligencia artificial generativa disponible actualmente y una eventual superinteligencia, y cuestionó que decisiones de semejante alcance puedan quedar exclusivamente en manos de grandes corporaciones tecnológicas.

En su opinión, los Estados, la sociedad civil, las universidades y las empresas deben participar en una discusión amplia sobre el desarrollo y los límites de las tecnologías emergentes.

El desafío, insistió, no consiste en asumir una posición exclusivamente tecnofóbica o tecnofílica, sino en adoptar una perspectiva tecnopolítica que permita comprender las oportunidades y los riesgos.

Una agenda para la comunicación del futuro

El panel concluyó con una invitación a incorporar estas discusiones en la formación universitaria. Para Tomás Durán, el acelerado desarrollo tecnológico plantea preguntas sobre la pertinencia de los actuales currículos y sobre la necesidad de preparar profesionales capaces de responder a transformaciones que ocurren a una velocidad mayor que la de las instituciones educativas.

La conversación dejó una idea central: la tecnología ya no puede ser considerada un asunto exclusivo de especialistas.

Los algoritmos intervienen en la información que recibimos; las plataformas condicionan parte de nuestras conversaciones; los datos permiten perfilar comportamientos; la inteligencia artificial transforma la producción de contenidos y las infraestructuras tecnológicas generan impactos económicos, sociales y ambientales.

En consecuencia, comprender estos fenómenos se convierte en una nueva responsabilidad ciudadana.

Para quienes se forman en comunicación, el reto es aún mayor. El periodista del futuro no solo tendrá que saber contar historias, investigar fuentes y verificar información. También deberá comprender cómo funcionan las tecnologías que determinan qué historias vemos, qué información circula y qué conversaciones alcanzan visibilidad.

La tecnopolítica propone, en última instancia, mirar detrás de la pantalla. Entender el poder que existe en los datos, los algoritmos, las plataformas y las infraestructuras para que la ciudadanía pueda participar de manera más consciente en las decisiones que definirán el futuro digital.

Y en ese escenario, como quedó planteado durante la XX Semana Internacional de la Comunicación de UNIMINUTO, formar ciudadanos y periodistas capaces de comprender críticamente la tecnología no es una opción: es una necesidad para la democracia.

| Nota del editor *

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