Lo invisible que sostiene la vida: Colombia fue sede de la cumbre mundial de los microorganismos eficaces

Durante el XX Seminario Internacional de Agricultura Regenerativa y Medio Ambiente, organizado por Fundases y la Obra Minuto de Dios, delegaciones de 17 países presentaron resultados de campo, laboratorio y territorio. De los viñedos del desierto peruano a las lagunas de Tabasco, de la fermentación del cacao ecuatoriano a los efluentes porcinos del Paraguay, el hilo conductor fue el mismo: la restauración empieza en lo más diminuto.

Una jornada para volver a mirar el suelo, el agua y la vida

Más de 600 asistentes, 20 ponentes internacionales y delegaciones de 17 países se reunieron en el barrio Minuto de Dios para participar en el XX Seminario Internacional de Agricultura Regenerativa y Medio Ambiente. El encuentro, organizado por Fundases —la Fundación para el Desarrollo Agroecológico Social Sostenible de la Obra Minuto de Dios—, celebró cerca de 40 años de trabajo de la fundación y sirvió como cierre del XX Encuentro de Productores de EM de Latinoamérica.

El telón de fondo no era abstracto. El sismo del 10 de agosto y los incendios forestales que afectaron la capa vegetal en varias regiones del país estuvieron presentes en casi todas las intervenciones, desde la oración inicial hasta la última pregunta del foro.

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La instalación: una obra que nació en el campo

El padre Camilo Bernal, vicepresidente de la Corporación Organización El Minuto de Dios, abrió el seminario pidiendo a la sala ponerse de pie para orar por las víctimas del terremoto, “de manera especial por todos los campesinos y las personas que habitan en el sector rural”.

Luego recorrió los 72 años de la Obra fundada por el padre Rafael García Herreros, cuya causa de beatificación cursa en Roma. Recordó las 70 viviendas entregadas en 1957 —el próximo año cumplirán 70 años— cuando todavía no había calles por donde transitaran los coches, y la ciudadela de cerca de 4.000 viviendas que existe hoy.

Explicó los tres pilares fundacionales, simbolizados en la cadena que el padre hizo romper en tres partes a la entrada del templo: la presencia de Dios, el estudio de calidad y el trabajo para la generación de ingresos.

“El círculo de la pobreza se rompió en una generación”.

En 20 años, las familias que llegaron pobres pasaron a la clase media, el 90 % de los hijos se hizo bachiller y el 65 % llegó a la universidad.

De esa escuelita que empezó en la sala de una casa —con un salón para hombres y otro para mujeres, pero mixta desde 1958— nació lo que hoy es el grupo educativo privado más grande de Colombia: 150.000 personas en sus aulas cada semana, cerca de 110.000 estudiantes en educación superior, 43.000 en primera infancia y 275.000 graduados, “un ejército comparable con la Policía Nacional”. A ello se suman unas 220.000 viviendas construidas o mejoradas y el programa de televisión que en enero cumple 70 años ininterrumpidos, probablemente el más antiguo del mundo en su género.

El padre Camilo recordó también la acusación que enfrentó el fundador y la respuesta que se volvió doctrina:

“Le dijeron: usted es comunista. Y él dijo: yo no soy comunista, soy comunitarista”.

Cerró situando el trabajo de Fundases en el marco de Laudato si’ y del reciente documento de la Comisión Teológica Internacional sobre el cuidado de la casa común, con una fórmula que resumió el sentido del seminario:

“poner la ciencia al servicio de la vida; el campo y quienes lo trabajan exigen de nosotros una conversión ecológica”.

“La naturaleza nos está hablando”

Milena Salgado, gerente de Fundases, agradeció a la junta directiva —Ricardo Lozano, Gabriel Cadena, Santiago Vélez— y honró la memoria del doctor Amílcar Salgado, gerente y promotor de la fundación fallecido hace dos años y medio.

Reconstruyó luego el origen de la tecnología EM en Colombia. Fundases nació en 1988 por iniciativa del padre García Herreros y fue pionera en la aplicación de biotecnología en el sector agrícola, pasando de microorganismos foráneos al desarrollo de un acondicionador de suelo con microorganismos nativos. A mediados de los años noventa, tras un encuentro clave en Costa Rica, se logró que el doctor Teruo Higa visitara el barrio Minuto de Dios en el año 2000. Ese encuentro entre “empatías técnicas, científicas y realidades sociales”, junto al padre Diego Jaramillo y a Amílcar Salgado, dejó en manos de Fundases el desarrollo y la distribución de la tecnología EM en el país.

Su diagnóstico del momento fue el que más se repitió durante el día:

“Los recientes eventos de la naturaleza nos envían un mensaje inevitable: la naturaleza nos está hablando, nos exige dejar de ser espectadores para convertirnos en actores de la recuperación”.

Definió el EM como “un verdadero catalizador de vida y un pilar indiscutible para la bioeconomía y la economía circular”: una biotecnología viva capaz de acelerar el compostaje, convertir residuos orgánicos en nutrientes, purificar aguas y devolver la vocación productiva a suelos degradados. Se despidió citando al fundador:

“todos soñamos con un país en paz, con sus campesinos embelleciendo y recuperando sus tierras… sin esto difícilmente habrá paz”.

El puente con Japón

Keita Kojima, representante de EMRO Japón, intervino alternando español y japonés. Dedicó buena parte de su saludo a Amílcar Salgado, “una persona fundamental para la historia de la tecnología EM en Colombia”, cuyo trabajo permitió construir una relación duradera entre Colombia, Fundases y EMRO.

Su mensaje fue breve y directo:

“Creo que la mejor manera de honrar su memoria es continuar el legado que nos dejó, trabajando juntos y llevando hacia el futuro aquello a lo que dedicó tantos años de su vida”.

Desde la tarima también se envió un saludo al profesor Teruo Higa, de 86 años, desde Okinawa.

Perú: el suelo como sistema vivo

El ingeniero Francis Reyes Laines, gerente técnico de Bioem SAC y consultor internacional con 24 años de experiencia, abrió el bloque de experiencias internacionales con videos de campo. Mostró un cultivo de uva de mesa en el desierto peruano manejado bajo enfoque regenerativo desde hace más de cuatro años, con rendimientos de 45 toneladas por hectárea de la variedad Autumn Crisp sin semilla.

Su técnica central es devolver la poda al suelo, con cinco ventajas que enumeró una a una: mantener la humedad, termorregular la temperatura, controlar las malas hierbas, proteger a los microorganismos del sol y aportar materia orgánica.

“Lo que tratamos es de imitar lo que ocurre en un bosque, en un cultivo de uva a gran escala”.

Mientras la cámara mostraba la cantidad de lombrices en el suelo, el testimonio de Luis Antonio, encargado fitosanitario del fundo con 12 años usando la tecnología, completó el cuadro: árboles de más de 28 años renovados, follajes limpios, menor ataque de hongos, suelos sueltos y mayor retención de agua.

Brasil: la pérdida invisible en la ganadería

La delegación brasileña llevó el caso a la producción pecuaria. Presentó los resultados obtenidos en una empresa ganadera de referencia en el estado de São Paulo, certificada en bienestar animal, donde la incorporación de EM se tradujo en ganancias adicionales de peso diario que, multiplicadas por el volumen mensual de animales comercializados, convierten un margen aparentemente pequeño en un resultado económico relevante para el productor.

Más allá de las cifras, el ponente insistió en la medición: los productores y las empresas deben acompañar los indicadores de cerca, porque lo que está en juego es “menos pérdida invisible”. Su síntesis fue conceptual y quedó como una de las definiciones más claras del seminario:

“El EM no sustituye el manejo, mejora la base biológica del manejo. No vino para dividir nada: vino solamente para sumar, para que todo aquello que el productor hace sea potencializado”.

Ambiente más equilibrado, animales con menos presión, mejor manejo de las deyecciones e indicadores claros para decisiones eficientes fueron los cuatro resultados que dejó consignados.

Colombia: cuando el dato se convierte en decisión

El ingeniero Alfonso Nieto presentó el trabajo del laboratorio de Fundases, que combina tres capas de análisis: un examen fisicoquímico convencional con 21 parámetros, lecturas microbiológicas —hongos, actinomicetos, bacterias fijadoras de nitrógeno, mesófilas aerobias, levaduras y solubilizadores de fósforo— y bioindicadores de fertilidad como la actividad celulolítica, la actividad ureásica, el carbono orgánico disuelto, el fósforo soluble y el nitrógeno orgánico disuelto. La integración de las tres capas produce lo que llaman “recomendación agroecológica”.

Los datos provienen de Coraflor, el centro de desarrollo rural sostenible ubicado en el kilómetro 1,5 de la vía Puente Piedra–Subachoque, certificado en producción orgánica desde 2010 y con suelos manejados bajo principios orgánicos desde hace unos 20 años. Sobre esa serie histórica, la inteligencia artificial construye proyecciones cinéticas.

Los hallazgos son contraintuitivos y elocuentes. El nitrógeno total aumenta mientras el nitrógeno orgánico disuelto y la actividad ureásica bajan: señal de que no hay pérdida por volatilización ni por lavado y de que el nutriente está “atrapado de forma segura” en la biomasa microbiana. La ligera caída de las unidades formadoras de colonia de fijadores de nitrógeno no indica deficiencia sino “la autorregulación natural de un ecosistema que está alcanzando la estabilidad”. La materia orgánica y el carbono orgánico muestran tendencia creciente —captura de carbono, formación de humus, un suelo que se comporta “prácticamente como una esponja”—. Y en el fósforo ocurre lo mismo: los solubilizadores descienden ligeramente a medida que el fósforo disponible aumenta, porque una vez cumplida su función dejan de reproducirse.

Nieto cerró con la “agricultura digital”: mapas del predio con la actividad celulolítica y el nitrógeno orgánico disuelto comparados entre 2022, 2024 y 2026, que permiten bajar la fertilización nitrogenada donde ya hay alta población de fijadores y reforzar compost donde escasean.

“Eso me permite ser más eficiente en el tiempo, reducir costos y mantener una producción más homogénea en cada área del terreno”.

El padre Nelson Torifio Sánchez, CJM, químico farmacéutico de la Universidad Nacional, doctor en interdisciplinariedad y ética de la Universidad Javeriana e integrante del grupo Maker de Inteligencia Artificial de UNIMINUTO, tomó la posta para explicar el modelo de investigación que respalda ese trabajo. Junto con el doctor Sergio Zavala y la doctora María Alejandra, y con el apoyo de UNIMINUTO Virtual, desarrollan un modelo basado en tecnologías emergentes —inteligencia artificial, big data e internet de las cosas— aplicado a la gestión organizacional, la gestión de proyectos y la toma de decisiones. La ruta metodológica va del diagnóstico y la vigilancia al diseño del modelo y de allí a la validación con pilotos.

Su advertencia:

“Muchas veces tenemos los datos, pero cuando no los socializamos y no los sustentamos, el dato se nos pierde”.

Guatemala: el consorcio contra los “ingenieros de la muerte”

El ingeniero Vinicio Arreaga, exviceministro de Guatemala y gerente de MTEC, presentó una ponencia deliberadamente “de campo”. Antes de los resultados, planteó tres reflexiones: que ningún microorganismo actúa solo —“una sola golondrina no hace verano, pero un consorcio de microorganismos en un ambiente va a ser la diferencia”—, que en el mundo natural coexisten bacterias y hongos, y que el equilibrio de poblaciones importa tanto como la diversidad.

Explicó los tres efectos del EM en la rizosfera: defensa activa como barrera del tejido radicular, bioestimulación del sistema de raíces —“hacer que la planta tenga más bocas”— y solubilización del banco de nutrientes acumulado en el suelo.

Luego desplegó los resultados por cultivo. En tomate, reducción del uso de fertilizantes con aumento de productividad. En papa, reducción de nematicidas, fungicidas y bactericidas, con el nematodo dorado presente pero inofensivo. En zanahoria, mejores indicadores de largo y diámetro y una reducción de daños del 21 % al 7 %, catorce puntos que se convirtieron en producto comercial. En loroco —flor comestible muy difundida en Centroamérica— más flores por racimo y una precocidad de diez días. Y en crisantemo, en San Juan Sacatepéquez, un adelanto de ciclo de 20 días que permitió a la familia productora pasar de tres a cuatro ciclos por año. En cacao, el productor Carlos Canil reportó que la producción se le traslapa con la nueva floración:

“prácticamente no hay cierre del ciclo productivo”.

Su frase más dura, retomada de Reyes, recorrió el resto de la jornada:

“Cuando estamos recomendando pesticidas, estamos recomendando muerte”.

Y una observación agronómica que desarmó a la sala:

“El 78 % de la atmósfera es nitrógeno. No necesitamos una urea si lo tenemos en el aire: solo necesitamos quién lo fije, y para eso están los microorganismos”.

Ecuador: el sabor del chocolate se decide en la fermentación

El ingeniero Fabián Castillo, de Envío EXA, presentó en reemplazo de Rafael Parducci, director de I+D de Ecocacao. Empezó con una pregunta a la sala y una anécdota familiar: su hija Alicia, que a los 13 años abrió por primera vez una mazorca, probó la semilla y puso cara de decepción total.

“Papá, no huele a chocolate, no parece chocolate y no sabe a chocolate”.

De ahí partió la explicación técnica. La fermentación ocurre en dos etapas y en dos lugares: primero las levaduras metabolizan los azúcares del mucílago —esa “ropa” blanca que envuelve la semilla— y los transforman en alcohol; luego el ácido acético penetra la cáscara y desencadena las reacciones bioquímicas que forman los precursores del sabor.

Mostró la curva: las levaduras alcanzan su pico hacia el día uno, los lactobacilos hacia el día dos y allí deben ceder el paso a las bacterias acéticas. Ese cruce marca el momento exacto del volteo, que introduce oxígeno y controla la temperatura entre 45 y 50 grados.

“Es bueno el culantro, pero no tanto”.

La frase resumió el riesgo de prolongar la fase láctica.

El problema del sector, dijo, es que ese proceso se deja al azar y varía de finca a finca, lo que impide homogeneizar el producto. El ensayo con EM sobre cacao CCN-51 —Colección Castro Naranjal 51— arrojó una diferencia clara: el lote tratado alcanzó cerca de un 76 % de granos correctamente fermentados frente a un 52 % del testigo, sin presencia de moho ni de granos pizarrosos.

La evaluación sensorial con catadores expertos confirmó el patrón: mismo grado de tostado, pero mayor intensidad de sabor a cacao, menor acidez y aparición de notas de madera y nuez en el lote con EM. Castillo remató con una cata a ciegas en vivo con cinco voluntarios del público, que eligieron mayoritariamente la muestra tratada:

“mucho más suave, se diluye más fácil en la boca, menos ácido, muy frutal”.

Y dejó una conclusión sobre el papel de la vida microscópica en el producto final:

“La semilla de cacao por sí sola no sabe a chocolate. Requiere de un proceso donde el rol principal lo juegan los microorganismos”.

Paraguay: un millón de litros al día

El ingeniero Jorge Martínez, fundador de Tecnosa, saludó en guaraní y planteó de entrada la deuda ambiental de su país:

“los arroyos de hace 10 o 15 años atrás hoy ya no los podemos usar, están totalmente contaminados”.

Su primer caso fue un frigorífico avícola que faena entre 35.000 y 40.000 pollos diarios y genera entre 700 y 1.000 metros cúbicos de efluente al día. Los problemas eran colmatación, exceso de carga orgánica, parámetros de salida fuera del rango permitido por el Ministerio del Ambiente y olores fuertes que molestaban a la comunidad vecina.

Tras la intervención con EM lograron una reducción del 92 % de la carga orgánica y, con ello, un modelo de circularidad hídrica: el agua de la última pileta retorna al circuito y hoy se usa para lavado de camiones, riego de barreras forestales y climatización avícola. Llevan siete años de alianza.

El segundo caso fue un frigorífico porcino de 1.000 cerdos diarios —cada animal consume unos 1.000 litros de agua—, con salida rojiza, espuma y colonias de bacterias filamentosas. Tras el tratamiento, la demanda química de oxígeno se estabilizó en 127, muy por debajo del límite de 150 permitido en Paraguay.

El tercer bloque, desarrollado con la distribuidora Agromáquina en una cuenca de unos 200.000 cerdos, mostró las cifras más contundentes. Con dosis de 1 litro de EM activado por cada 1.000 litros de agua de bebida, 20 mililitros por animal y 1 litro por cada 300 metros cuadrados de galpón, el recambio de las láminas externas de agua pasó de cada tres días a cada cinco, y el de las internas de un día a tres.

El ahorro por ciclo productivo llegó a 640.000 litros en láminas externas y hasta 2.000 metros cúbicos en las internas —agua limpia extraída de pozos subterráneos—, más 312 metros cúbicos por cada 1.000 cerdos en limpieza y cerca de 18 camiones cisterna menos por granja.

“El camino hacia la sustentabilidad y la producción regenerativa no tiene que ser un desafío costoso: manejado eficientemente podemos llegar a esos objetivos sin una inversión a gran escala”.

México: devolverle al agua su capacidad de sanarse

El ingeniero Andrés González, socio fundador de Desarrollo Integral Ambiental, empezó por la literatura. Recordó el capítulo de Los miserables en que Jean Valjean escapa por las cloacas de París y Victor Hugo interrumpe la novela para reflexionar sobre cómo la humanidad arroja lo peor de sí a lo mejor que tiene.

“Eso fue en 1860. Estamos en 2026 y seguimos preguntándonos cuándo vendrá el siguiente paradigma que nos ayude a tener seguridad hídrica”.

Más adelante recurriría a García Márquez y al doctor Juvenal Urbino de El amor en los tiempos del cólera para explicar por qué los cuerpos de agua se vuelven transmisores de enfermedades.

Su concepto central fue el de capacidad de autodepuración: un cuerpo de agua puede degradar cierta cantidad de materia orgánica por día, y cuando el ingreso supera esa tasa el sistema colapsa y la sucesión ecológica se acelera, convirtiendo lagos y ríos en pantanos.

Lo ilustró con humor local:

“Llevo tres días comiendo una bandeja paisa al día, está bien; pero si me la comiera en desayuno, comida y cena, tendría serios problemas”.

Y advirtió contra la solución fácil:

“No basta con echar solo agua limpia. Cuando un cuerpo de agua ya está altamente perturbado hay que hacer acciones, y hay que hacerlas de manera continua”.

El primer caso fue personal. En 2009 intervino la Laguna de las Ilusiones, en Tabasco, donde estaba la casa de su abuelo y donde él aprendió a nadar. Llegó al ministerio con una propuesta de riesgo compartido:

“Permítanos intervenir; si funciona, me paga; si no funciona, yo no estuve aquí”.

La aplicación fue deliberadamente precaria —un bote de refresco partido a la mitad, al voleo— porque el recurso debía destinarse al insumo, no a la maquinaria:

“Lo robusto está en los microorganismos”.

Al mes hubo una explosión de clorofitas que alarmó a la secretaria de Medio Ambiente y que él tuvo que explicar como una transición de la sucesión ecológica. Los resultados finales: coliformes fecales muy por debajo de la norma, demanda bioquímica de oxígeno en valores de 10 a 12 cuando la norma mexicana exige un máximo de 35 partes por millón, y el retorno de las aves.

El segundo, en Xalapa, Veracruz, involucró 14 sitios de monitoreo, más de 15 parámetros y ocho meses de trabajo. El pH pasó de 8,6–8,9 a valores cercanos a 7, subió el oxígeno disuelto en los cuatro lagos y se alcanzaron remociones de hasta 88 % de demanda bioquímica de oxígeno y 87 % de demanda química, además del control de microcistina.

Su explicación de por qué funciona dejó la imagen más recordada del día:

“Los microorganismos son extremadamente chismosos: quieren saber quién es la célula de al lado, si es amiga, si es enemiga, y a ver si podemos hacer comunidad”.

Chile: 99,2 % de control y un reconocimiento de la FAO

Ana Patricia Luengas, arquitecta paisajista colombiana radicada en Chile hace más de 30 años, gerente técnica de Biopunto y vicepresidenta de la Red Chilena de Bioinsumos, presentó cuatro casos respaldados por laboratorios externos: la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y Nemachile, acreditado ante el SAG.

Insistió primero en el principio:

“un ambiente oxidativo y putrefacto es perfecto para el desarrollo de patógenos; un ambiente fermentativo y antioxidante es propicio para los microorganismos benéficos. Lo que el EM hace es proporcionar ese ambiente fermentativo”.

En la Viña Emiliana —brazo orgánico y biodinámico de Concha y Toro, en Requínoa— trabajó dos hectáreas de Cabernet Sauvignon, una tratada y otra testigo, con 320 litros de EM activado por hectárea al mes vía riego por goteo durante dos temporadas. Nemachile certificó un 99,2 % de control de Xiphinema, el nematodo que atrofia las puntas de las raíces. Sobre Meloidogyne el control fue apenas del 20,8 %, y ella misma explicó por qué: ese nematodo se aloja dentro de la raíz y solo queda expuesto cuando sale a poner huevos.

En Superflor, productora de gerberas en Las Palmas de Ocoa, el fusarium pasó de 1.000 unidades formadoras de colonia a estar ausente, mientras la Trichoderma subió de 2.000 a 3.000 colonias por gramo. El balance microbiológico mostró aumentos en toda la línea: bacterias rojas, levaduras que antes no existían, pseudomonas que aparecieron desde cero y microorganismos totales que pasaron de 1,2 × 10⁵ a 1,2 × 10⁶.

La producción aumentó un 45 % y los costos cayeron a un cuarto. El propietario, Ariel Cádiz, técnico agrícola con 16 años en el cultivo, lo resumió en video:

“nunca había logrado sacar un tamaño de vara y un diámetro de flor como los que tengo ahora”.

En un cultivo de tomate al norte de Santiago, con Meloidogyne y fusarium, las raíces tratadas aparecían blancas y llenas de pelos radiculares frente a un testigo que “parecía más plantas de maní”, lleno de nódulos. El Meloidogyne bajó de 2.450 a 800 por cada 200 centímetros cúbicos de suelo en una sola temporada, mientras los nematodos no fitoparásitos —los benéficos— subieron de 1.675 a 2.600. Los costos de control cayeron cerca de un 80 %.

El cuarto caso fue el de Eduardo Atala, agrónomo de Pichidegua que llevaba 13 años perdiendo hasta la mitad de su producción por cancro bacteriano. No quiso dejar testigo ni hacer análisis: había probado todo. El protocolo incluyó 50 metros cúbicos de compost por hectárea, fumigación de la estructura con EM-5, inmersión de las plántulas al 2 %, 80 litros por hectárea de EM activado quince días antes de plantar, aplicación mensual al suelo y foliar cada quince días al 3 %, más una aplicación en cada poda o despunte —“la puerta de entrada de las enfermedades”—.

El resultado: cero pérdida de plantas, un salto de 6.000 a 9.000 cajas de tomate y un porcentaje de fruta comercial que pasó del 60 % al 95 %, vendida además como producto ecológico.

Luengas cerró con un anuncio. La experiencia, presentada en 2023 a una convocatoria de la FAO sobre prácticas agrícolas que mejoran suelos y agua por Brasil, Perú, Paraguay y Chile con el cultivo de tomate como denominador común, fue seleccionada entre 88 participantes de todo el mundo y ubicada en el noveno lugar.

“Para nosotros es un orgullo muy grande que la FAO haya reconocido que el EM puede recuperar suelos, y que puede ser tan importante para la salud y la vida no solo del suelo sino del planeta”.

Belice: dos pájaros de un tiro

El ingeniero William Us, director de Belize Agro Enterprise, se presentó con humor —“¿quién sabe dónde está Belice?”— y advirtió que hablaría “spanglish”. Su ponencia recogió una investigación realizada por el Instituto de Investigación y Desarrollo de la Industria Azucarera (SIRDI) con la Universidad de Belice, cuya misión es reducir el uso de plaguicidas sintéticos en la industria del azúcar.

El problema es el salivazo de la caña —Aeneolamia varia y Aeneolamia albofasciata—, que al alimentarse inyecta una toxina que quema la parcela, y el barrenador del tallo. SIRDI produce Metarhizium, un hongo entomopatógeno, pero la adopción era baja porque los productores solo confiaban en insecticidas. Us propuso atacar dos frentes a la vez: el insecto, con el hongo, y su hábitat, los rastrojos donde se refugia y que se acumulan con el paso a la cosecha en verde.

“El EM no mata directamente al insecto. Lo que hace es exclusión competitiva y descomposición de rastrojos: matando dos pájaros con un tiro”.

El ensayo de laboratorio evaluó compatibilidad. A concentraciones del 5, 10 y 15 %, el EM no mostró diferencias estadísticas frente al control de agua en la germinación de esporas, pero a la dosis recomendada en Belice —20 litros por acre, equivalente al 10 %— se registró mayor cantidad de esporas germinadas, lo que se traduce en más cobertura sobre el insecto: el hongo penetra la cutícula, se establece y esporula.

El EM-5, en cambio, sí inhibe al Metarhizium, algo esperable por sus componentes —ácido acético del vinagre, alicina del ajo y alcohol que desnaturaliza proteínas—, lo que confirma su valor como bioinsecticida pero desaconseja mezclarlo con el hongo.

Cerró con una advertencia agronómica:

“muchos de los problemas de insectos en cualquier cultivo son causados por el uso excesivo de nitrógeno. La planta necesita mucho menos de lo que se le está aplicando”.

El foro final: “Territorios que se regeneran”

Moderado por Milena Salgado, el foro reunió a Francis Reyes, Adriana Ocampo, Alfonso Nieto y Andrés González en torno a cuatro pilares: suelo, agua, cierre del ciclo de residuos y ciencia de datos.

Ante la pregunta por la recuperación de suelos esterilizados por los incendios forestales, Reyes contó que en 25 años de recorrer el Perú ha hecho un promedio de 30 charlas al año con la misma pregunta:

“¿Quién tiene un suelo más fértil que hace 40 años?”.

La respuesta lo llevó a una conclusión categórica:

“puedo asegurar que en Perú y Bolivia el 95 % o más de los suelos agrícolas están degradados, y no fueron degradados por incendios”.

La ruta que propuso —cobertura del suelo, corrección biológica y aplicación de probióticos— tiene, dijo, una ventaja económica poco intuitiva:

“si un agricultor empieza a usar microorganismos, el año siguiente va a usar menos, porque la idea es que se vayan multiplicando”.

Adriana Ocampo, miembro del Consejo Superior del Parque Científico de Innovación Social e ingeniera con 28 años en la industria aeroespacial, presentó su proyecto de economía circular al norte de Dallas: una ciudad con 200 restaurantes y 44 hoteles donde la separación de residuos orgánicos no es obligatoria.

Su estrategia arrancó por los supermercados —ya tiene una cadena de ocho tiendas interesada— y por distribuidores que generan entre 25 y 40 toneladas semanales. La clave fue económica: hoy esas empresas pagan por llevar sus residuos al relleno sanitario y les resulta más barato entregarlos.

“Lo que para ellos es un residuo, para mí es un insumo bastante importante”.

Ocampo añadió la lección más práctica del foro, aprendida la semana anterior conversando con uno de los mayores ganaderos de Estados Unidos: la narrativa debe adaptarse al interlocutor.

“No todos están pensando en que quieren mejorar el planeta y qué bueno sería tener las aguas limpias, sino en qué impacto va a tener esto en mi negocio y qué rentabilidad me va a dar”.

Y reclamó integrar sector público, sector privado y academia, con la visita a Cajicá y a Bioagrícola del Llano como ejemplo.

Nieto insistió en la memoria documental:

“hay fincas y exploraciones científicas de más de 40 o 45 años, pero por desgracia los recuentos históricos no se han podido definir con claridad, y eso hace que desde la ciencia formal se hayan negado estas experiencias”.

Pidió además frenar el hiperconsumo como parte de la ecología integral.

González defendió la gobernanza sobre la planificación:

“no caben los planes de manejo de recursos hídricos, porque al hablar de planes damos por hecho que tenemos la certeza de llegar del punto A al punto B; cuando hablamos de gestión, los dueños del territorio son quienes hacen agricultura”.

Explicó que los efluentes tratados siguen mejorando los cuerpos receptores incluso cuando los microorganismos ya no están, por las enzimas de comunicación que dejan, y que los cultivos regados con esas aguas generan sustancias como las acuaporinas, que ayudan a las plantas a resistir el estrés hídrico.

Su síntesis:

“El agua es el hilo integrador de la vida: la agricultura llega hasta donde hay agua y la ciudad llega hasta donde hay agua”.

La última pregunta pedía un solo cambio de mentalidad para pasar de mitigar a regenerar. Respondió Francis Reyes, y su frase cerró el seminario:

“Los seres humanos somos muy inteligentes, pero nos falta mucha sabiduría para hacer lo correcto. Tenemos que volver a lo simple, vivir con humildad y sencillez”.

La conducción cerró la jornada con una invitación:

“hagamos un eco imparable con el conocimiento adquirido; multipliquemos estas experiencias en cada cultivo, en cada fuente de agua y en cada comunidad”.

El seminario dejó una idea transversal: la regeneración no depende únicamente de una tecnología, sino de la manera en que se entiende y se gestiona la vida. En el suelo, el agua, los cultivos y los residuos, los microorganismos aparecieron como parte de sistemas que requieren observación, equilibrio y decisiones sustentadas.

La jornada también mostró que el conocimiento necesita circular: entre productores y científicos, entre empresas y comunidades, entre la academia y los territorios. En ese diálogo, la agricultura regenerativa se presentó como una búsqueda de soluciones que integren productividad, cuidado ambiental y responsabilidad social.

La invitación final fue clara: convertir el conocimiento en acción y multiplicar las experiencias en cada cultivo, cada fuente de agua y cada comunidad.

| Nota del editor *

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