La Educación Superior en Colombia continúa atravesando una crisis profunda. Para inicios de 2026, la deserción universitaria ronda el 40% (según el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana), una cifra que evidencia no solo las dificultades económicas de los estudiantes, sino también fallas estructurales en el acompañamiento académico y emocional. Según el SPADIES (Sistema para la Prevención de la Deserción de la Educación Superior) en Colombia, uno de cada tres jóvenes que ingresa a la universidad termina abandonando sus estudios.
Las consecuencias son múltiples: pérdidas superiores a los $2,8 billones anuales, frustración personal y una menor formación de capital humano. Solo el 16 % de los estudiantes logra graduarse en el tiempo esperado, y programas como Ciencias de la Computación y Publicidad registran los mayores niveles de abandono.
La caída de las matrículas ya es una realidad
En 2025 se contabilizaron 2.475.823 matrículas en Educación Superior, con un leve aumento frente al año anterior. Sin embargo, este crecimiento resulta insuficiente para compensar la caída ocurrida durante la pandemia (año 2020 y 2021) y el impacto permanente de la deserción. Las universidades públicas han sido las más afectadas, mientras que las privadas apenas muestran señales de recuperación.
El abandono es mayor en los estratos socioeconómicos 1 y 2, así como en programas técnicos y tecnológicos. Factores como la falta de recursos, los problemas con el Icetex, la elección equivocada de carrera y la escasa preparación para la vida universitaria siguen empujando a miles de jóvenes fuera del sistema.
El desplome de la natalidad cambia el mapa educativo
A esta crisis universitaria se suma un fenómeno aún más estructural: la drástica caída de la natalidad. Según el Dane, en 2024 nacieron en Colombia 453.901 personas, un 35% menos que en 2008 y un 12 % menos que en 2023, la mayor reducción anual registrada.
Este descenso ya se traduce en menos matrículas en educación preescolar, básica y media, provocando el cierre de colegios en distintas regiones del país. En ciudades como Bogotá, los nacimientos han caído un 45 % en la última década, anticipando aulas cada vez más vacías.
Jóvenes que no quieren hijos ni cargas económicas
La decisión de no tener hijos se consolida entre los jóvenes. Encuestas recientes muestran que el 57% no quiere ser padre o madre, y más de la mitad está de acuerdo con la idea de quees preferible tener mascotas que hijos. La mayoría pertenece a estratos medios, vive en arriendo o con familiares y percibe ingresos entre uno y dos millones de pesos mensuales.
Expertos señalan que esta tendencia responde a la inestabilidad laboral, el desempleo juvenil, la informalidad y cambios culturales profundos: hoy se priorizan los proyectos personales, la autonomía y la calidad de vida, en un contexto donde la crianza sigue recayendo desproporcionadamente sobre las mujeres.
El futuro: menos cantidad, más acompañamiento
Frente a este panorama, las instituciones educativas enfrentan un desafío decisivo. Menos nacimientos implican menos estudiantes potenciales; más deserción significa mayores riesgos financieros. Algunas universidades ya exploran caminos alternativos: modelos de educación centrada en el estudiante, tutorías personalizadas, detección temprana de riesgos y programas de orientación vocacional desde el bachillerato.
La experiencia demuestra que el acompañamiento académico y emocional puede reducir la deserción. Preparar mejor a los jóvenes para la transición entre colegio y universidad será clave en un sistema que ya no puede darse el lujo de perder estudiantes.
Menos aulas llenas, más decisiones urgentes
Colombia avanza hacia un panorama marcado por la reducción de la población estudiantil, el cierre progresivo de colegios y universidades obligadas a achicarse o transformarse. Sin embargo, este escenario también abre la puerta a repensar el sistema educativo: uno más cercano al estudiante, con mayor acompañamiento y capaz de responder a las nuevas dinámicas sociales y económicas del país.
La discusión ya no gira en torno a si la educación cambiará, sino a la capacidad del Estado y de las instituciones para adaptarse con rapidez y visión de largo plazo. En un país donde nacen menos niños y miles de jóvenes abandonan la universidad cada año, el futuro de la educación y con él, el del desarrollo nacional se redefine en el presente.








