[Editorial] “El ciudadano primero” el próximo 21 de junio

Pero más allá de los números, lo que esta jornada deja en evidencia es una campaña marcada por el ruido: ataques entre equipos, desinformación en redes sociales, publicidad que primó sobre las propuestas, y un ambiente electoral saturado de adrenalina política y poca sustancia programática.

Colombia habló. El 31 de mayo, millones de colombianas y colombianos ejercieron su derecho al voto, uno de los actos más profundos y soberanos de una democracia. Y ese solo hecho merece ser reconocido y celebrado.

Los resultados del preconteo de la Registraduría dan como primer votado a Abelardo de la Espriella con cerca de 10 millones 360 mil votos —el 43,74%—, seguido por Iván Cepeda con alrededor de 9 millones 650 mil sufragios, el 40,9%. Una diferencia de casi tres puntos que no alcanzó para elegir presidente en primera vuelta. El próximo 21 de junio, los colombianos deberán volver a las urnas para el balotaje.

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Pero más allá de los números, lo que esta jornada deja en evidencia es una campaña marcada por el ruido: ataques entre equipos, desinformación en redes sociales, publicidad que primó sobre las propuestas, y un ambiente electoral saturado de adrenalina política y poca sustancia programática.

El presidente Gustavo Petro, antes y durante la jornada, cuestionó el software de preconteo a cargo de la empresa ASD, filial de Thomas Greg & Sons, alegando presuntos vínculos con uno de los candidatos y antecedentes de irregularidades en procesos previos. Por su parte, el candidato Cepeda rechazó los resultados preliminares y pidió esperar la proclamación oficial de las comisiones escrutadoras. Sin embargo, tanto Cepeda como De la Espriella, lejos de reconocer con altura el resultado de una campaña que tuvo muchos altibajos, en sus discursos se dedicaron a lanzarle más fuego y gasolina a las declaraciones, a las amenazas y a un entorno ya de por sí caldeado. Ese tono guerrerista, confrontativo y radicalizado no es el escenario que puede ayudar a superar la polarización; por el contrario, la profundiza, y aleja aún más del debate las propuestas y las eventuales soluciones a los problemas del colombiano de a pie. Se esperaba más —mucho más— del nivel de estos dos candidatos, y del propio presidente de la república, en términos de llamado a la unidad y a la búsqueda de salidas reales para el país.

Porque en medio de todo este ruido, conviene recordar las palabras que el Padre Rafael García Herreros, fundador del Minuto de Dios, escribió hace más de tres décadas y que hoy resuenan con una vigencia inquietante:

La grave e innegable situación del país nos debe llevar a todos los colombianos a abrir las represas de un nuevo amor a Colombia, que inunde todo el país con un inmenso torrente de colombianismo y de patriotismo. No es, ésta, época para politiquerías pequeñas; es la época de la gran política, que es el servicio al país, la ayuda, la colaboración en todo sentido para salir, con el esfuerzo de todos, de esta situación desesperante.”

Siervo de Dios, P. Rafael García Herreros Unda, “Artesanos de paz”

El llamado del Siervo de Dios no era para un partido ni para un candidato. Era para una nación. Y sigue siendo para esta.

Lo que Colombia necesita de quien llegue a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto no es más guerra de narrativas, sino la claridad y la voluntad para resolver los problemas reales de la gente: salud como derecho y no como negocio, educación de calidad, vivienda digna, productividad que genere empleo, y relaciones internacionales que abran oportunidades para todos.

El 21 de junio, Colombia tiene una segunda oportunidad. Que en esa cita prime la conciencia. Que gane el país.

| Nota del editor *

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