En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2026, la Corporación Universitaria Minuto de Dios (UNIMINUTO) presentó El código galáctico, su más reciente título de literatura infantil y juvenil, integrado en la colección Voces de Resistencia. La obra, liderada por el profesor Fernando y coescrita con estudiantes de maestría, busca ofrecer a niñas, niños y adolescentes una narrativa que opera como “dispositivo didáctico” para conversar sobre los desafíos del mundo contemporáneo, en particular el lugar de la tecnología en la vida cotidiana.
El lanzamiento se realizó en la tarima del stand 110 del Pabellón 3, segundo piso de Corferias, dentro de las 25 actividades que UNIMINUTO desarrolla en la feria entre el 21 de abril y el 4 de mayo. El título se inscribe en la línea editorial Libros que inspiran, una de las tres apuestas de la propuesta institucional UNIMINUTO Lee, junto con Libros que construyen y Libros que transforman, articuladas con el lema de esta edición de la FILBo, Escucharnos es leernos.
Una travesía entre lo virtual y lo real
El libro, dirigido a un público de entre 11 y 13 años, narra la historia de Samuel y Sanemi, dos jóvenes que provienen de contextos opuestos pero quedan unidos por un videojuego. Samuel disfruta de un acceso privilegiado a la tecnología; Sanemi vive en una vereda con conectividad limitada y se conecta de manera clandestina desde un salón de cómputo en su pueblo. Esa asimetría inicial, lejos de ser anecdótica, opera como un diagnóstico sobre las brechas digitales que atraviesan a la infancia colombiana.
La trama alcanza su punto crítico cuando ambos protagonistas activan un código secreto que los transporta físicamente al universo digital de Novanexus. Allí, bajo la guía de una inteligencia artificial llamada Cerebra, deben atravesar tres mundos —uno medieval, uno invertido y un laboratorio científico— donde la condición para sobrevivir no es la destreza técnica ni la velocidad de respuesta, sino la memoria afectiva y los vínculos familiares.
La tecnología como factor de inclusión y de exclusión
Uno de los ejes del conversatorio fue la redefinición del concepto de inclusión. Según los autores, este término suele asociarse únicamente a condiciones médicas, pero en El código galáctico se aborda también como la superación de barreras sociales y el uso responsable de las tecnologías. “La tecnología es una herramienta, pero también un fenómeno que nos excluye a todos”, afirmaron durante la presentación, al subrayar cómo el encierro en el mundo digital puede fracturar los vínculos con el entorno inmediato.
El conflicto central de la historia surge cuando los protagonistas, atrapados en el videojuego, descubren que han olvidado detalles vitales de sus seres queridos: la fecha de cumpleaños de sus padres, el sabor del pastel favorito de la abuela, los rituales mínimos que sostienen la vida en familia. Esa amnesia digital se encarna en Cerebra, una entidad que se alimenta precisamente de la desconexión de las y los jóvenes con el mundo real, en una imagen que el libro propone como advertencia y, al mismo tiempo, como invitación a recuperar la presencia.
Un glosario para mayores de 40 y un diálogo entre generaciones
Una particularidad de la obra es la inclusión de un glosario para personas mayores de 40 años, pensado para acompañar la lectura de padres, madres, docentes y cuidadores. La herramienta recoge términos del lenguaje de las “adolescencias” —gamer, XP y otras expresiones del universo gaming— con el propósito de habilitar un diálogo genuino entre generaciones, tanto en el hogar como en el aula.
María Paula, colaboradora de la obra, destacó que estas historias tocan sentimientos profundos y buscan recordar a las y los preadolescentes que “hay vida en vez de quedarte encerrado en tu casa” y que es vital expresarse más allá de un dispositivo electrónico. La intención didáctica, en ese sentido, se aleja de un tono prescriptivo y opta por un registro narrativo que invita al lector a reconocerse en los dilemas de los personajes.
Una conversación que continúa fuera del libro
El cierre de la presentación incluyó testimonios del público, en su mayoría docentes, padres de familia y mediadores de lectura, quienes compartieron reflexiones sobre cómo los videojuegos —aunque divertidos y formativos— pueden ampliar las distancias con los seres queridos si no se acompañan de equilibrio y conversación. La victoria de Samuel y Sanemi sobre Cerebra fue interpretada por los participantes como una metáfora del triunfo de la memoria, el afecto y la conexión real sobre la frialdad del algoritmo.
Con esta entrega, UNIMINUTO consolida una colección que ha venido sumando títulos en torno a la idea de que la literatura puede operar como un espacio seguro para tramitar las preguntas más difíciles de la infancia y la adolescencia. El código galáctico dialoga, dentro del catálogo de la feria, con otras obras de la propuesta institucional como ¿Dónde están mis likes?, que explora la presión de las redes sociales, y La sombra detrás de los sueños, que aborda la migración, la violencia y la desigualdad.
Una apuesta por una literatura con oficio y con propósito
El proceso de creación de la obra, en el que participaron estudiantes de maestría junto al profesor Fernando, ilustra una apuesta institucional por integrar la formación de posgrado con la producción editorial. Esa articulación, planteada en distintos momentos de la programación de UNIMINUTO en la FILBo, dialoga con la idea expresada por el padre Harold Castilla Devoz, rector general de la institución, según la cual los libros pueden “inspirar, construir pensamiento crítico y contribuir a la transformación de las realidades sociales”.
La FILBo, organizada desde 1988 por la Cámara Colombiana del Libro y Corferias, es uno de los principales eventos editoriales del mundo hispanohablante. Con la presentación de El código galáctico, UNIMINUTO reafirma su compromiso con una literatura infantil y juvenil que invita a las y los jóvenes a ser “seres imaginativos” sin perder de vista sus raíces ni su humanidad, en un tiempo en el que la tecnología puede operar tanto como puente como muro frente a lo que realmente importa.








