Por: Andrés Camargo
Lo que inicia como un minuto para revisar un mensaje rápido se transforma, casi de forma imperceptible, en diez minutos de lectura de noticias o redes sociales.
Esta escena, cotidiana para millones de personas, es el eje de una investigación que asocia el uso de tecnología en el baño con un incremento del 46 por ciento en la probabilidad de desarrollar hemorroides.
La presencia constante de los teléfonos inteligentes ha modificado incluso los hábitos más privados. Sin embargo, lo que parece un uso eficiente del tiempo podría tener consecuencias para la salud.
Investigadores del Centro Médico Beth Israel Deaconess, afiliado a la Escuela de Medicina de Harvard, analizaron –mediante el cruce de múltiples variables– cómo este comportamiento impacta directamente la salud gastrointestinal.
El peligro real: el reloj supera al esfuerzo
Contrario a la creencia popular de que el esfuerzo excesivo es el único culpable, el estudio no halló diferencias significativas en el nivel de presión ejercida entre quienes usan el móvil y quienes no. El factor de riesgo determinante radica en la duración de la estancia en el inodoro.
Cifras del fenómeno: El 66 por ciento de los participantes utiliza su teléfono en el baño.
Tiempo de exposición: El 37,3 por ciento de los usuarios de dispositivos móviles permanece más de cinco minutos por visita, frente a solo el 7,1 por ciento de quienes no los usan.
Actividades frecuentes: La mayoría emplea este tiempo para leer noticias (54,3 por ciento), o revisar redes sociales (44,4 por ciento).


¿Por qué el inodoro es distinto a una silla común?
El estudio ofrece una explicación mecánica clara: al sentarnos en una silla o sofá, el suelo pélvico cuenta con un soporte firme. En cambio, el diseño de un asiento de inodoro estándar deja la zona pélvica suspendida y sin apoyo.
Esta posición, prolongada por más de cinco minutos debido a la distracción digital, puede aumentar la presión sobre los “cojinetes” hemorroidales. Con el tiempo, esta tensión persistente inflama los vasos sanguíneos hasta convertirlos en hemorroides clínicas.
Hacia una “desconexión” sanitaria
El análisis también identificó diferencias demográficas. La edad promedio de quienes utilizaban el teléfono en el baño fue de 55 años, frente a 62 entre quienes no lo hacían. Además, los participantes con este hábito reportaron niveles de actividad física más bajos.
Los especialistas recomiendan una regla simple para la salud intestinal: limitar el tiempo en el inodoro a menos de cinco minutos.
La próxima vez que sienta la tentación de revisar su correo o redes sociales en el baño, recuerde que su bienestar pélvico podría depender de que ese “momento de paz” sea lo más breve posible.
Para más información de Rizoma:
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