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El sonido del silencio

Quince es el promedio de asesinatos por mes, cuatro son las historias que por un momento han dejado de ser números para convertirse en protagonistas de estas líneas

Por: Jancy Hasbleidy Bustos García, Diego Alejandro Villamor Henao, Wilson Javier Pérez Tosano, Carlos Eduardo Ráquira Valbuena

En el corazón de las zonas rurales de Colombia, donde la abundancia de las riquezas naturales contrasta con la corta jurisdicción de las instituciones estatales, trabajaban Jorge Enrique Oramas, Gloria Ocampo, Artemio Nastacuas y María del Pilar Hurtado; todos, aunque se movían en su propia salsa y con su propia causa, tienen dos cosas en común: que realizaban una labor social en favor del medio ambiente o de los derechos humanos, y que fueron añadidos casi de manera inocua a una lista de más de 800 personas asesinadas desde la firma del Acuerdo de Paz con las FARC en 2016. Quince es el promedio de asesinatos por mes, cuatro son las historias que por un momento han dejado de ser números para convertirse en protagonistas de estas líneas; historias cuyo contenido se ha disipado como la niebla, opacadas por el estruendoso sonido del silencio mediático y de la indiferencia.

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Jorge Enrique Oramas
Hace quince años, Jorge Oramas, egresado como sociólogo de la Universidad del Valle, decidió que quería algo distinto con la vida que había llevado por más de 50 años; se radicó en la vereda Villacarmelo, ubicada al suroccidente de la ciudad de Cali, donde vivía en una casa sencilla junto a sus fieles compañeros caninos: Bambuco y Mambo. Don Jorge creía de manera fiel en la importancia de los alimentos orgánicos, de la autonomía alimentaria y de las tradiciones ancestrales, debido al trato de estas cosas con el medio ambiente. Es así que fundó Biocanto del Milenio, una pequeña empresa donde producía y comercializaba alimentos a base de quinoa y amaranta.
Lo que era diferente em Jorge era su capacidad de superar una clásica dificultad humana: vivir lo que se piensa; don Jorge tenía hábitos de vida muy específicos cada uno con su respectivo propósito, y su labor se concentraba en educar acerca de lo que buscaba defender. Esto implicó también que sus acciones nunca se recostaron sobre procesos políticos de ninguna índole, era un independiente realizando una labor tan incansable que ganó el respeto y cariño de quienes habitan en la región. Él promovía para los estudiantes y para quienes lo seguían una alimentación sin transgénicos, es decir, una alimentación saludable, libre de químicos, y amiga de quienes la labran y de quienes la consumen.
En cierto punto de su historia, cuando la sombra de la explotación se asomó al territorio en que trabajaba, decidió a través de la educación y el hablar oponerse a la explotación minera en el Parque Nacional Los Farallones, rechazando el agro capitalismo que contamina el suelo junto con la comida de las personas y que además empobrece al campesino de a pie. Aunque la llegada de la pandemia a las vidas de la región estancó la labor de don Jorge, la labor de la persona que lo asesinó el 16 de mayo de 2020 no se detuvo; después de este evento el foco de atención terminó en el debate de si don Jorge era o no un líder social que debía añadirse a la lista oficial de líderes sociales asesinados, ya que nunca se anexó a una junta de acción comunal, a una ONG o a cualquier organismo político.
Es desconocido el paradero del perpetrador, y también es desconocido el paradero de los esfuerzos por encontrarlo. El crimen produjo un ruido mediático muy moderado.

Gloria Ocampo
Lunes 6 de enero de 2020 en Putumayo. Después de que varios territorios inundados de cultivos de hoja de coca perdieran sus patrones iniciales con la firma de los Acuerdos de Paz en 2016, se despierta una disputa entre grupos disidentes de las FARC y entre carteles de narcotráfico que quieren hacerse con el tesoro y adueñarse de la producción de coca.
Allí, Gloria Ocampo, de 37 años de edad y defensora de los derechos humanos, residía desde hacía varios años procurando una gran consigna: restablecer los territorios donde había cultivos de hoja de coca como propiedades para los campesinos y fortalecer el agro. Esto, porque había sido desplazada junto a su esposo e hija, y también porque fue designada como secretaria del proyecto por una organización que realiza planes de desarrollo con enfoque territorial, que en este caso se concentraba en 170 municipios de alto nivel de violencia. Ella no sólo estaba asignada a la labor, sino que quería de corazón hacer parte de la construcción de la paz.
En la noche, cuando descansaba de sus labores en su lugar de residencia junto a un adulto mayor, se percató gracias a su acompañante de que alguien había estado llamando a su puerta preguntando por ella; cuando se acercó a la puerta recibió la visita de varios balazos que acabaron con su vida y con la de su acompañante. Se deduce gracias a la planeación del crimen que sus perpetradores eran sicarios con órdenes claras de “procurar” detener su labor de reemplazo de los cultivos de hoja de coca como parte de las gestiones políticas definidas en los Acuerdos de Paz de La Habana.
El crimen fue poco sonado en los medios, a pesar de los intentos de varios organismos por levantar la bulla que pudiera generar.

Ángel Artemio Nastacuas
Líder y representante de la comunidad Awá, no sólo fue una persona, sino un conjunto de ideologías ancestrales arraigadas desde los suyos, y todo un pueblo conectado de manera casi espiritual a su entorno biológico y agrícola. Durante cierto espacio de la historia colombiana, la comunidad Awá en el departamento de Nariño fue utilizada para hacer parte de los cimientos de una nueva economía: el narcotráfico. Fue tan adherida a este estilo de economía, que con la ayuda de la coerción y de la promesa de un “despertar hacia el desarrollo”, que la religión de la coca se convirtió en una de las únicas maneras de subsistir entre los indígenas; para ellos el trabajo de la tierra estaba en su ADN, sea cual sea el fruto. Por esta razón, eligieron la defensa de estos cultivos una vez que el Acuerdo de Paz dejó en riesgo el destino de estos.
Por parte de las autoridades, que no pudieron ignorar las pérdidas, las estructuras y las delincuencias provocadas por estos cultivos, surgió una estrategia tal vez demasiado inmediata: erradicar los cultivos de hoja de coca a la fuerza y con ayuda del poder del fuego.
Tumaco, 22 de abril de 2020. Defendiendo su tierra, y ante la poca atención recibida, la comunidad Awá decidió salir a marchar junto a otros paisanos a las rutas principales de comercio y a los pueblos importantes de las cercanías para evitar la erradicación forzosa de los cultivos de hoja de coca; al cabo de un rato se haría notar a través de estallidos y nubes de humo artificial la presencia de la fuerza pública, listos para apagar la movilización como un matacandelas apaga una vela. Es durante el versus de la fuerza pública y el campesinado cuando un agente decide disparar algunas balas para dispersar la turba; lo que no calculó fue que don Ángel estaba en una pequeña colina en el rango de su disparo. Don Ángel termina recibiendo algunas “balas sin rumbo” y fallece durante los conflictos en contra de la fuerza pública.
A pesar de que el caso fue de asesinato por parte de la Fuerza Pública, no provocó mayores molestias. La erradicación forzosa de cultivos se intensificó durante la pandemia de Covid – 19.

María del Pilar Hurtado Montaño
Mujer aguerrida, morena, de pelo churruto, con una familia conformada por su esposo y sus dos hijos. Nació en Puerto Tejada al interior del Cauca, donde creció como alguien interesada en las circunstancias y en aquellos que la rodeaban, al punto de llegar a ser una persona de efectividad en proyectos sociales. Su liderazgo la llevó a hacerse militante de la Fundación de Víctimas Adelante con Fortaleza (Funviavor), hasta que su labor se convirtió en algo incómodo para grupos al margen de la ley que no titubearon en hacerle llegar amenazas de muerte a su residencia; decidió entonces abandonar su hogar y se trasladó a la región de Tierralta en Córdoba, con la esperanza de un mejor mañana pero sin dejar de estar comprometida con sus ideales. Fue en esta tierra, donde María del Pilar como la líder que era, enseñó a los demás desplazados a cómo vivir del reciclaje.
Luego de desarrollar en su comunidad una forma de sustento, su liderazgo creció. Entonces gestionó con la alcaldía de Tierralta un lugar al cual llamar hogar, que en este caso fue un pequeño barrio de invasión en un espacio que pertenecía al padre del en aquel entonces alcalde. Sin embargo, esta heroína sin capa se encontró con un fantasma que asola las tierras de córdoba, ganaderas por excelencia desde hace décadas: los paramilitares. Un día, como tantos otros en los que María del Pilar salía a ganarse el pan, llegó un panfleto de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC): “no queremos guerrilleros mantenidos”, indicaba la carta; a pesar de las llamadas al gobierno nunca hubo una respuesta ante estas amenazas, María como quien se acostumbra a los “gajes del oficio” continuó con su labor.
Fue así hasta que una mañana, justo cuando transitaba el pueblo con su hijo, una pareja apareció de la nada en una motocicleta y disparó a aquel cuerpo, fruto de los trajines de la vida y de la desigualdad, acabando con sus proyectos y dejando huérfanos a quienes dependían de ella, con las ganas de salir adelante. Hoy, un año después, las lágrimas de un niño al que despojaron de su madre ya no están, las huellas que dejaron sus pies en busca de ayuda se borraron; los vecinos olvidaron que una vez ahí había un líder, el miedo ha podido más que la solidaridad.
Para este caso si hubo algo de sonido en los medios: el ruido de los gritos del niño de 9 años cuando su madre fue asesinada frente a él, gracias a un video grabado en celular que fue transmitido en varios medios del país.

Francia Márquez
Una mujer de inmenso coraje, líder social ambiental, procedente de la vereda Yolombó en el corregimiento de la Toma, ubicada a su vez en el departamento del Cauca, quien se crio en una familia humilde y trabajadora muy cerca al río Ovejas, donde compartió gran parte de su infancia junto a amigos y familiares. Aunque ama y se siente orgullosa del lugar donde nació con dolor recuerda el día que tuvo que partir desplazada debido a amenazas de muerte por parte de grupos paramilitares.
La lucha de Francia se sustenta en la defensa de su gente y el lugar donde nació y creció; estudió Derecho con el fin de contar con los mecanismos y conocimientos para que los habitantes de la Toma no fueran desplazados de este lugar ancestral que habían ocupado y cuidado durante generaciones.
En una ocasión organizó una campaña donde su liderazgo y lucha movilizó a personas de su comunidad, especialmente mujeres, para manifestarle al país lo que estaba sucediendo en La Toma. Como en una travesía recorrieron varios departamentos donde sin esperarlo, encontraron personas que se sumaron a la causa; así llegaron a Bogotá. La unión de la gente, junto a las voces de aliento y de apoyo le dieron aún más coraje al pueblo ancestral de La Toma y, con Francia como vocera, lograron visibilizar lo sucedido y detener a gran escala a los intrusos que querían arrasar el lugar por intereses económicos mediante la minería.
Toda su trayectoria en estas aguas turbulentas y peligrosas por su batalla contra maquinarias políticas, empresas y grupos armados para defender el medio ambiente y la vida, fue reconocido con los premios Goldman, que dan mención al trabajo de quienes defienden la naturaleza.
La lucha de esta valerosa mujer aún no acaba: no deja de creer en una Colombia donde primen la justicia, la equidad, la paz, la vida y a pesar de las inclemencias y los riesgos que representa enfrentar la tradición política en este país que se ha encargado de desangrarlo por años, ella aspira llegar a la presidencia, para cambiar esta política de muerte, por una política que le apueste a la vida.

Los ilusionistas
Varios magos y expertos ilusionistas relatan que una de las claves para un engaño exitoso es desviar la atención del público fuera de los principales movimientos, una distracción lo suficientemente buena asegura el éxito del engaño. Existe pues, un público de millones de personas observando el escenario del tejido social colombiano, donde los ilusionistas hacen su labor y entregan un excelente espectáculo a un público no demasiado exigente.
Es en estos casos donde la distracción ha encontrado fortaleza y el ruido mediático que han provocado se ha elevado a varios millones de MegaHertz: Paola Jara, artista colombiana, sube a redes sociales una foto de un pequeño estofado demostrando sus habilidades culinarias, y la viralidad de esta foto provocó miles de discusiones; Leonel Messi, jugador profesional de fútbol, anunció su retiro de su equipo, en que llevaba jugando varios años. Aunque el retiro no se concretó, los medios estuvieron en extremo atentos a la noticia; George Floyd, hombre afroamericano fue asesinado por un policía estadounidense, las manifestaciones en redes sociales acerca del tema fueron colosales;
Francia Márquez aún no ha muerto, pero dejarla en el anonimato pone su vida en riesgo y hace crecer el sonido del silencio. Es el discutir acerca de su vida, el hacer públicas sus hazañas, es la visibilidad de su labor, es el permitir que provoque inspiración, es el comprometerse con su causa y es el presionar políticas para cuidar de su vida lo que tal vez podría llegar a opacar el poder del silencio.

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