“Este es el primer distrito de innovación social en el mundo”: Dayana Álvarez, Distrito de Innovación Social

El Distrito de Innovación Social de Bogotá avanza como una apuesta para transformar las problemáticas de las comunidades a partir de sus propios conocimientos, necesidades y propuestas.

La iniciativa, liderada desde el Parque Científico de Innovación Social de UNIMINUTO, tiene actualmente una primera fase de intervención en la localidad de Engativá, donde 210 hectáreas y ocho barrios hacen parte del territorio priorizado.

Dayana Álvarez, líder de diseño del Distrito de Innovación Social de Bogotá, explicó que la propuesta parte de una premisa diferente a la de los modelos tradicionales de intervención territorial: escuchar a las comunidades y convertirlas en protagonistas de las soluciones, “Para nosotros es súper importante la participación y que la comunidad sea la protagonista de su proceso”, afirmó.

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El proyecto busca que los habitantes identifiquen las situaciones que afectan su entorno, las conviertan en retos de diseño y, con acompañamiento académico y metodológico, construyan posibles soluciones. Para Álvarez, este conocimiento que nace desde el territorio resulta fundamental porque quienes viven diariamente las problemáticas también conocen de primera mano sus posibles caminos de solución, “Ellos son los que entienden su problemática, son los que viven ahí en su territorio y, con todos sus saberes, son muy fuertes en temas de soluciones”, señaló la líder de diseño.

La primera fase del Distrito de Innovación Social comprende sectores como Bachué, Luis Carlos Galán, La Serena, el barrio Minuto de Dios, Santa María del Lago, Santa Rosa y Julio Flórez, entre otros. En este territorio habitan alrededor de 123.000 personas y existen cerca de 35.000 viviendas, además de dos ecosistemas estratégicos para la zona: los humedales Juan Amarillo y Santa María del Lago.

Sin embargo, el acercamiento directo con los habitantes permitió identificar necesidades que, según Álvarez, no siempre eran evidentes desde una mirada institucional. Entre ellas aparecen problemas de convivencia, inseguridad, consumo de sustancias, apropiación del espacio público y dificultades relacionadas con el uso del tiempo libre de niños y jóvenes, “Tenemos problemáticas de convivencia, de consumo, de inseguridad, problemáticas que nosotros veíamos en el escritorio, pero no muy claras”, explicó.

Precisamente, uno de los aprendizajes del proceso fue entender que la innovación social no necesariamente comienza con grandes obras o soluciones tecnológicas. La líder de diseño recordó que, al inicio, existía la expectativa de construir un territorio asociado a conceptos como sostenibilidad y tecnología, pero el contacto con la comunidad llevó a replantear las prioridades, “Cuando decíamos: ‘crear un distrito de innovación social, qué bonito, vamos a tener una ciudadela, un barrio lleno de paneles solares’, las cosas fueron totalmente diferentes”.

Para vincular a los habitantes al proceso, el Parque Científico de Innovación Social desarrolló el curso ‘Innovar desde el territorio’, una formación gratuita de seis semanas en la que los participantes reciben herramientas para identificar problemas, convertirlos en retos de diseño y comenzar a plantear soluciones. De acuerdo con Álvarez, ya son 97 las personas que han recibido esta formación y actualmente existe un banco de 18 retos de diseño construidos por la propia comunidad, además de siete prototipos conceptuales en desarrollo.

Uno de los casos destacados es el de una biblioteca comunitaria en el barrio Luis Carlos Galán, donde la comunidad identificó la necesidad de generar espacios para que niños y jóvenes pudieran aprovechar su tiempo libre, acceder a herramientas tecnológicas y fortalecer sus conocimientos. El proyecto evolucionó hacia una propuesta denominada ‘economía de saberes’, mediante la cual los participantes pueden intercambiar conocimientos y acceder a diferentes experiencias de formación. La intención es que estos espacios no sean únicamente lugares físicos, sino escenarios para fortalecer las capacidades y oportunidades de los habitantes.

Álvarez contó el caso de dos hermanas del barrio La Serena que participaron en el proceso y posteriormente impulsaron la creación de un frente de seguridad en su sector, “Hemos visto cómo muchas de las personas que ya han hecho acciones nos motivan a las otras personas para crear más acciones para una mejora, obviamente, de su entorno y de sus problemáticas”, afirmó.

Uno de los principales desafíos del modelo no está solamente en encontrar soluciones, sino en lograr que los habitantes permanezcan vinculados al proceso y puedan apropiarse de las iniciativas a largo plazo, “Lo más difícil para nosotros es mantener a la comunidad”, reconoció Álvarez.

Por esa razón, el Distrito busca articular a universidades, empresas, fundaciones, entidades públicas y otros actores que puedan aportar conocimiento, recursos y acompañamiento a los proyectos. La meta es que las soluciones construidas colectivamente puedan pasar de la idea al prototipo y, posteriormente, ser escalables, “Estamos buscando articulación tanto con empresas como con organizaciones para que, una vez tengamos esa solución, empecemos a prototipar, a idear, hasta que tengamos una solución que pueda ser escalable y que pueda llegar a otra parte de Bogotá”, explicó.

| Nota del editor *

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