Humedal Tingua Azul, un ecosistema entre el abandono y la resistencia social.

Por: Karen Camargo, Jesus Salinas, Monica Melo y Nikol Bohorquez

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El humedal Tingua Azul también llamado media luna, se encuentra ubicado en el sur de Bogotá, entre las localidades de Bosa y Kennedy, sobre la cuenca media del río Tunjuelo. Este ecosistema hace parte de la red de humedales de la ciudad y tiene una extensión aproximada de 37,15  hectáreas, según datos de la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA).

Su origen se remonta a las antiguas zonas de inundación del río Tunjuelo, que naturalmente acumulaban agua durante las crecientes y dieron lugar a un ecosistema rico en vegetación acuática, aves y especies nativas. Durante muchos años, el lugar no fue reconocido oficialmente como humedal, lo que permitió la expansión urbana, la contaminación y el vertimiento de residuos que afectaron gravemente su equilibrio ecológico.

En 2012, organizaciones ambientales y la comunidad local empezaron a denunciar la falta de protección y a promover su reconocimiento como parte del sistema hídrico de Bogotá. En este año, el humedal hacía parte de una larga lista de humedales y cuerpos de agua no reconocidos en la ciudad. Tras varios años de gestión, en 2021 el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) mediante el Decreto 555 le otorgó el estatus de Reserva Distrital de Humedal, garantizando su protección y manejo por parte de las autoridades ambientales.

En 2022, exactamente el 21 de enero, la alcaldesa Claudia López realizó la entrega oficial del humedal Tingua Azul como parte del proceso de reverdecimiento de Bogotá. En este evento se destacó la importancia ecológica del humedal y se anunció su inclusión dentro de la estrategia POT Bogotá Reverdece 2022–2035, que busca recuperar los cuerpos de agua y la biodiversidad urbana, destacando su valor ecológico y su papel en la conectividad del sistema de humedales del suroccidente de la ciudad. Durante el evento, se resaltó la importancia de conservar este ecosistema y se promovió la participación de la comunidad en procesos de restauración y educación ambiental.

Desde entonces, el Jardín Botánico de Bogotá y la Secretaría Distrital de Ambiente han desarrollado diversas acciones de restauración ecológica. En 2023, se llevó a cabo la siembra de 198 árboles de especies nativas. Además, se realizan jornadas de monitoreo de biodiversidad, limpieza y educación ambiental con la comunidad. En 2025, se adelantaron nuevas actividades de reforestación participativa, consolidando al humedal como un espacio de conservación y encuentro ciudadano.

Actualmente, el humedal Tingua Azul continúa en proceso de recuperación. Aunque enfrenta desafíos como la contaminación del río Tunjuelo, la presión urbanística,inseguridad pero también muestra avances importantes en la restauración de su vegetación y el retorno de aves como la tingua azul, especie que le da nombre y simboliza la resiliencia de este ecosistema.

Durante 2022 y 2023, la administración distrital ejecutó un plan de gestión ambiental en cumplimiento del proyecto de inversión 7814, centrado en cuatro ejes fundamentales: monitoreo, vigilancia, mantenimiento y gestión social e interinstitucional. Este plan representó el primer intento de establecer una hoja de ruta técnica y comunitaria para proteger un espacio que apenas empezaba a consolidarse dentro de la red ecológica de la capital.

En 2022, los esfuerzos se concentraron en fortalecer la gobernanza ambiental y ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad del humedal. Se realizaron jornadas de monitoreo comunitario, restauración ecológica, replantación de especies nativas y limpieza de cuerpos de agua. Paralelamente, se trabajó en la educación ambiental, con recorridos interpretativos, mesas territoriales y talleres pedagógicos con la comunidad vecina. Estas acciones buscaban generar un sentido de pertenencia entre los habitantes de los barrios aledaños, muchos de los cuales desconocían la importancia ecológica del humedal.

Para el año 2023, la SDA avanzó en la línea base de biodiversidad, una herramienta técnica esencial para la formulación del futuro Plan de Manejo Ambiental (PMA), aún en desarrollo. En total, se reportaron 13 actividades de monitoreo e investigación, con la participación de 86 personas entre técnicos y voluntarios.

En el componente social, la Secretaría informó la vinculación de 510 habitantes del área de influencia, principalmente estudiantes, en actividades pedagógicas y recorridos ambientales. A su vez, en coordinación con la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), se adelantaron operativos de recuperación del espacio público, jornadas de limpieza y saneamiento predial, acciones orientadas a mitigar problemáticas recurrentes como residuos sólidos, vertimientos y asentamientos informales.

No obstante, a pesar de estos logros, la ausencia de un Plan de Manejo Ambiental aprobado deja vacíos significativos en la gestión. Existen dificultades en la articulación entre entidades, la transparencia sobre los contratos y la continuidad de los proyectos. De hecho, al consultar el portal SECOP II, no se encuentran procesos activos o adjudicados específicos para el humedal durante 2024-2025, lo que coincide con el estancamiento del plan de acción denunciado por organizaciones locales.

En síntesis, el plan de acción inicial de 2022-2023 representó un punto de partida sólido, pero su continuidad se ve comprometida por la falta de seguimiento, de inversión sostenida y de una gobernanza interinstitucional efectiva.

¿Hay algún proceso vigente?

Actualmente la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) adelanta el proceso contractual EC-0862025. Este proceso pertenece al área de Áreas Protegidas, se encuentra en fase de evaluación y observaciones, lo que indica que todavía no ha sido adjudicado ni se ha iniciado su ejecución formal.

El contrato contempla una duración de 90 días y su ejecución está proyectada en la avenida Caracas No. 54-38, sede principal de la SDA. El tipo de proceso corresponde a servicios de descontaminación ambiental, clasificación bajo el código UNSPSC 77111602, y tiene como propósito fortalecer la gestión técnica en ecosistemas estratégicos de la ciudad, entre ellos los humedales, considerados áreas prioritarias dentro del sistema distrital de áreas protegidas. 

En los anexos publicados (Ficha de renaturalización, lineamientos de la mesa de humedales y matriz de seguimiento mensual) se detallan acciones como el mantenimiento ecológico, la revegetación de zonas degradadas, el control de vertimientos y el seguimiento mensual de indicadores de conservación. No obstante, al momento no se ha divulgado información pública sobre la adjudicación del contrato ni sobre las empresas proponentes, lo que dificulta la verificación ciudadana de su avance y ejecución. 

Este proceso resulta relevante para la investigación porque podría incidir directamente en la recuperación del humedal Tingua Azul, ya que hace parte de las áreas protegidas del suroccidente de Bogotá. Sin embargo, la falta de adjudicación y la escasa información actualizada refuerzan la hipótesis sobre la debilidad institucional y los vacíos de gestión interinstitucional, que impiden el cumplimiento efectivo de los planes de acción ambiental. Por tanto, este contrato representa tanto una oportunidad como una alerta frente a la necesidad de garantizar transparencia, continuidad y seguimiento real en las estrategias de conservación de los humedales del distrito. 

Este tipo de contrataciones responden a los compromisos establecidos en el plan de gestión ambiental distrital 2024-2035 y en el plan de acción cuatrienal de SDA, los cuales priorizan la restauración ecológica y el fortalecimiento del sistema distrital de áreas protegidas (SIDAP). En este marco los humedales de Bogotá, incluidos Tingua azul, Capellana y La Isla, han sido reconocidos como espacios esenciales para la mitigación del cambio climático y la perseveración de la biodiversidad urbana.

Se realizó una entrevista con Diego Alberto Almonacid, administrador en ejercicio de la SDA para el humedal Tingua Azul, permitió confirmar que este ecosistema aún no cuenta con un plan de manejo ambiental aprobado. Mientras avanza su formulación, las acciones se ejecutan bajo los lineamientos provisionales de la Política Pública de Humedales, que orienta tareas de mantenimiento, control de residuos, manejo de vegetación y espacios de participación como la Mesa Territorial. El funcionario señaló que las plantaciones realizadas en 2023 no han tenido continuidad en 2024–2025 y que el control de vertimientos depende del Acueducto de Bogotá, mientras la SDA solo emite alertas. Asimismo, advirtió que prácticas comunitarias como la disposición informal de residuos siguen generando afectaciones directas en el humedal.

Esta información coincide con el estado del proceso contractual EC-0862025, orientado a fortalecer la gestión ambiental en los ecosistemas estratégicos del Distrito. Aunque dicho contrato contempla actividades de restauración, revegetación y seguimiento técnico, permanece en fase de evaluación y no ha sido adjudicado. La ausencia de ejecución concreta, sumada a la falta de un plan de manejo vigente, refleja retrasos institucionales que dificultan consolidar acciones sostenidas de recuperación.

En conjunto, tanto la entrevista como la revisión documental evidencian que la administración del humedal opera de manera transitoria y fragmentada. La combinación de limitaciones administrativas, demoras contractuales y tensiones interinstitucionales explica por qué las acciones en el territorio avanzan lentamente y dependen de esfuerzos aislados. Este panorama confirma que la recuperación del humedal Tingua Azul requiere no solo voluntad técnica, sino una coordinación más sólida y una intervención integral que articule instituciones, comunidad y políticas ambientales de manera efectiva.

¿Cuál es el papel del Rio Tunjuelo?

La contaminación del río Tunjuelo, fuente que abastece al humedal Tingua Azul, refleja una problemática persistente en el suroccidente de Bogotá. Según el Observatorio Ambiental de Bogotá (2023) y la Secretaría Distrital de Ambiente, los niveles de residuos y vertimientos continúan superando los límites permitidos, afectando directamente el estado del humedal y limitando su capacidad para cumplir su función dentro del sistema hídrico.

En el caso del Tingua Azul, los vertimientos ilegales y la acumulación de basuras han generado un deterioro visible del entorno, reduciendo la calidad del agua y afectando las condiciones del lugar. Esta situación repercute en los barrios cercanos, donde se incrementa el riesgo de inundaciones y se perciben malos olores y problemas sanitarios que disminuyen la calidad de vida de los habitantes.

En conjunto, estos hechos evidencian la falta de control y articulación entre las entidades responsables, así como la necesidad de fortalecer la gestión pública y la participación comunitaria para garantizar el mantenimiento y la recuperación efectiva del humedal y su entorno.

Las problemáticas sociales:

Para comprender la realidad del humedal Tingua Azul es necesario escuchar a quienes lo habitan y cuidan. En entrevista con Sandra Ramírez, conocida como la profe Samy y líder del Aula Ambiental Humedal Tingua Azul, se revela una mirada comunitaria que contrasta con la versión institucional. Desde hace quince años, Ramírez impulsa la educación ambiental popular a través de talleres inclusivos de arte, fotografía y lectura ecológica, integrando a niños, jóvenes, personas con discapacidad y miembros de la comunidad LGBTIQ+.

No obstante, su labor se desarrolla en medio de un panorama crítico marcado por la inseguridad, los vertimientos, la acumulación de residuos y la falta de cerramiento del área. La coexistencia de competencias entre la Secretaría Distrital de Ambiente y la Empresa de Acueducto de Bogotá ha dificultado la vigilancia y el mantenimiento del espacio. Aunque existen mesas técnicas de acompañamiento, Ramírez enfatiza que el verdadero sostenimiento del humedal depende de las organizaciones comunitarias, muchas de las cuales trabajan de manera voluntaria.

Para ella, el humedal representa una herencia vital más que material, un legado que debe preservarse para las generaciones futuras. Su testimonio convierte al Tingua Azul en un símbolo de resistencia ciudadana, donde la educación ambiental y la acción colectiva suplen la ausencia estatal en la protección de uno de los ecosistemas más jóvenes y vulnerables de Bogotá.

| Nota del editor *

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