Por: Juan David Quevedo
En 2017, Electronic Arts (EA), de las compañías de videojuegos más grandes del mundo, lanzó Star Wars Battlefront II. La expectativa era enorme: no solo se trataba del regreso de una de las franquicias más queridas por los aficionados, sino de la posibilidad de participar en los conflictos más importantes del universo de George Lucas. La ilusión, sin embargo, duró muy poco. Antes de que el juego llegara oficialmente a manos de millones de jugadores, las críticas apuntaban al sistema de progresión y a las microtransacciones, un modelo que permitía gastar dinero real para acelerar el desbloqueo de personajes y obtener ventajas dentro de las partidas.

El problema no estaba en la calidad técnica. Los escenarios recreaban con nivel de detalle sorprendente lugares ficticios de Star Wars como Naboo, Kamino, Hoth o Geonosis. El sonido, las animaciones y la ambientación hacían sentir que cada enfrentamiento pertenecía a una película. La inconformidad surgió porque muchos personajes emblemáticos, entre ellos Darth Vader, principal villano de la trilogía original, o Luke Skywalker, uno de los héroes más representativos de la saga, permanecían bloqueados durante horas, a menos que el jugador invirtiera más dinero.
La discusión alcanzó tal magnitud que una respuesta oficial de EA en Reddit terminó convirtiéndose en una de las publicaciones con más votos negativos en la historia de esa plataforma. La comunidad rechazó la idea de pagar el precio completo por un videojuego y encontrarse con un sistema que premiaba a quienes gastaban más dinero. Durante semanas, Battlefront II dejó de ser noticia por su jugabilidad y pasó a representar uno de los ejemplos más recordados del debate sobre las microtransacciones en la industria.

La presión de la comunidad obligó al estudio a replantear el proyecto. Con los meses desaparecieron las ventajas asociadas al dinero real, el sistema de progresión fue rediseñado y desbloquear personajes dejó de depender de la billetera del jugador para convertirse en una recompensa obtenida mediante la experiencia acumulada en las partidas. El juego que terminó consolidándose unos años después era muy distinto al que había llegado al mercado en 2017. Entonces apareció la verdadera fortaleza de Star Wars Battlefront II: su multijugador.
Aunque el título incluye una campaña protagonizada por Iden Versio, comandante imperial cuya historia conecta los acontecimientos entre El retorno del Jedi y El despertar de la Fuerza, el componente que mantuvo viva a la comunidad fue la posibilidad de participar directamente en las guerras más importantes del universo de Star Wars. En lugar de limitarse a observar esos conflictos desde la pantalla, el jugador se convierte en parte de ellos.

Uno de los mayores aciertos es que el juego reúne las tres grandes épocas de la saga. Es posible combatir durante las Guerras Clon, el conflicto ficticio que enfrenta al ejército de la República Galáctica integrado por soldados clon contra la Confederación de Sistemas Independientes y su ejército de droides. También permite vivir la guerra entre el Imperio Galáctico y la Alianza Rebelde, además de los enfrentamientos entre la Resistencia y la Primera Orden, correspondientes a la trilogía más reciente.
Cada era cuenta con uniformes, vehículos, armas y héroes propios, lo que cambia por completo la experiencia dependiendo del escenario. No es lo mismo avanzar junto a un grupo de clones sobre los campos de batalla de Geonosis que defender una base rebelde frente al avance de las fuerzas imperiales en Hoth.

Entre los distintos modos disponibles sobresalen Asalto Galáctico, Héroes contra Villanos y Asalto. Sin embargo, el que mejor resume la esencia del juego es Supremacía. Este modo enfrenta a dos grandes equipos en mapas extensos donde el objetivo consiste en conquistar zonas estratégicas para obtener el control del campo de batalla. En las partidas ambientadas durante las Guerras Clon, esa primera fase conduce al abordaje de una nave enemiga, donde ambos equipos continúan el combate hasta destruir sistemas fundamentales del crucero rival. La sensación es la de participar en una operación militar completa y no en una sucesión de enfrentamientos aislados.
Esa estructura convierte cada partida en una historia diferente. Algunas terminan con una victoria rápida; otras se prolongan durante casi una hora porque ambos bandos recuperan terreno una y otra vez. Es precisamente esa incertidumbre la que mantiene el interés, incluso después de cientos de partidas.

Electronic Arts dejó de publicar nuevo contenido para Star Wars Battlefront II en 2020. Aun así, el juego conserva una comunidad activa que regresa por una razón sencilla: pocos títulos han representado el universo de Star Wars con semejante fidelidad. La ambientación, el diseño sonoro y la posibilidad de combatir junto a personajes icónicos construyen una experiencia difícil de igualar.
Quizá esa sea la mayor enseñanza que dejó Battlefront II. Su lanzamiento quedó marcado por decisiones que alejaron a buena parte de la comunidad. Los cambios posteriores demostraron que detrás de aquella polémica existía un videojuego con bases sólidas. Hoy, años después, muchos jugadores ya no lo recuerdan por las microtransacciones que dominaron la conversación en 2017, sino por haber ofrecido una de las formas más completas de vivir el universo de Star Wars desde el campo de batalla.








