La lectura como refugio: María Natalia Nieto llega el universo de la Fundación Rafael Pombo

La directora de El Erizo propone, desde la FILBo, una idea exigente en su sencillez: leer con los niños no es una tarea escolar, es una forma de habitar el tiempo.

En el pabellón de la Fundación Rafael Pombo de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, entre lectores que apenas alcanzan el mostrador, la conversación que propone María Natalia Nieto no se parece a la que suelen ofrecer las guías de crianza. Especialista en literatura infantil y directora de El Erizo, Nieto ha encontrado en el stand de la Fundación Rafael Pombo un espacio para discutir algo que considera urgente: cómo la lectura puede ser, para un niño, un refugio emocional antes que una destreza académica.

Más que palabras: empatía e inteligencia emocional

Para Nieto, leer en la infancia es ante todo un ejercicio de regulación afectiva. Un niño que lee, sostiene, no solo gana ventaja en el aula: aprende a “ponerse en los zapatos de los demás” y desarrolla un gusto genuino por aprender. La empatía y la inteligencia emocional, dice, no se enseñan con discursos; se entrenan en la página.

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En un entorno saturado por las pantallas, su propuesta apunta a recuperar lo que llama “momentos de atención plena”: esos minutos de lectura compartida en que el libro funciona como puente entre padres e hijos, abre conversaciones difíciles y sostiene silencios productivos. Es, en sus palabras, un antídoto cotidiano frente a la dispersión.

La lectura como placer, no como deber

Uno de los mensajes centrales que Nieto deja a las familias que visitan la feria es deliberadamente contraintuitivo: la lectura debe ser flexible, voluntaria, incluso desordenada. Imponerla como rutina, advierte, es la forma más segura de matarla.

De ahí dos recomendaciones que repite a quienes se acercan al stand:

  • Libertad de elección. Dejar que los niños escojan sus propios libros, aunque parezcan demasiado fáciles, demasiado raros o repetidos. La curiosidad se cultiva, no se prescribe.
  • Crear recuerdos, no rutinas. “La hora del cuento no es una obligación, es la oportunidad de crear recuerdos”, afirma.

Un stand que se vuelve aula y refugio

La presencia de figuras como Nieto en el stand de la Fundación Rafael Pombo confirma una transformación silenciosa que la feria viene consolidando: la zona infantil dejó de ser un anexo recreativo para volverse un espacio de pensamiento sobre la infancia. Aquí no se trata solo de vender libros para niños; se trata de discutir, frente a sus padres, qué tipo de adultos están ayudando a formar.

En esa apuesta, leer deja de ser una asignatura pendiente y se convierte en lo que Nieto defiende con insistencia: un acto íntimo, voluntario y, justamente por eso, capaz de durar toda una vida.

| Nota del editor *

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