Las estafas piramidales en Colombia han evolucionado con el paso del tiempo. Lo que comenzó con empresas como DMG hoy se presenta a través de plataformas digitales, aplicaciones móviles y supuestas inversiones en mercados financieros. A pesar de los antecedentes y de las constantes advertencias de las autoridades, miles de personas continúan entregando sus ahorros con la esperanza de obtener altas rentabilidades. ¿Por qué este fenómeno sigue repitiéndose?
Durante meses, Hadid Cáceres revisó diariamente su cuenta con la esperanza de retirar el dinero que había invertido. La plataforma seguía mostrando rendimientos y el saldo continuaba aumentando, pero cuando intentó recuperar sus recursos, las respuestas nunca llegaron. Los retiros dejaron de procesarse y la incertidumbre comenzó a crecer entre decenas de usuarios que, como él, aseguran haber confiado en una oportunidad de inversión que prometía hacer crecer su patrimonio.
Aunque esta historia ocurre en un contexto marcado por las plataformas digitales, no es un caso aislado. En Colombia, la promesa de obtener ganancias rápidas ha acompañado algunos de los mayores escándalos financieros de las últimas décadas. Desde DMG, pasando por plataformas internacionales como OmegaPro y llegando a recientes denuncias relacionadas con Movve Wallet, el mecanismo parece repetirse con distintas formas, pero con una misma promesa: multiplicar el dinero en poco tiempo.
Entonces surge una pregunta inevitable: ¿por qué, después de tantos antecedentes y de las advertencias de las autoridades, miles de colombianos siguen cayendo en este tipo de esquemas?
Para entender por qué hoy siguen apareciendo plataformas que prometen multiplicar el dinero de sus inversionistas, es necesario regresar a 2008, cuando Colombia vivió uno de los mayores escándalos financieros de su historia. En ese momento, una empresa llamada DMG Grupo Holding S. A., liderada por David Murcia Guzmán, logró expandirse rápidamente por gran parte del territorio nacional bajo la promesa de ofrecer una alternativa distinta al sistema financiero tradicional.
Según la investigación de Luis Bernardo Díaz, director del Centro de Investigaciones de la Facultad de Derecho (UPTC), DMG logró consolidarse porque su estructura aparentaba ser un negocio comercial legítimo y no una pirámide tradicional. La empresa ofrecía tarjetas prepago para adquirir bienes y servicios, pero el verdadero incentivo para miles de personas era la expectativa de obtener rendimientos superiores a los del sistema financiero, una promesa que terminó convirtiéndose en el principal motor de su crecimiento.
Según Transparencia por Colombia, la venta de esas tarjetas funcionó como una fachada para captar dinero del público. Las utilidades que recibían los primeros participantes dependían, en gran medida, de los recursos aportados por quienes ingresaban después al sistema, una característica propia de los esquemas piramidales. Bajo esa lógica, el crecimiento de la empresa no respondía a una actividad económica sostenible, sino a la llegada constante de nuevos inversionistas.
La confianza fue el principal activo de DMG. Su expansión no se dio únicamente por la publicidad, sino por las recomendaciones de quienes aseguraban haber recuperado su inversión y obtenido ganancias en poco tiempo. Familiares, amigos y conocidos convencían a otras personas de ingresar al negocio, creando una cadena de confianza que hizo que miles de colombianos vieran la empresa como una oportunidad real para mejorar su economía.
Ese fenómeno explica por qué las pirámides logran crecer con tanta rapidez. La Fiscalía General de la Nación advierte que estos esquemas suelen generar una falsa sensación de seguridad al cumplir inicialmente con los pagos prometidos. Esa estrategia incentiva a los participantes a reinvertir y, sobre todo, a invitar a nuevos inversionistas, permitiendo que el modelo continúe funcionando mientras siga entrando dinero.
Durante varios meses, DMG mantuvo esa apariencia de éxito. Sin embargo, como ocurre con este tipo de estructuras, llegó un momento en que los recursos aportados por los nuevos participantes ya no fueron suficientes para sostener las rentabilidades prometidas. El sistema colapsó y dejó al descubierto que el negocio dependía de la entrada permanente de nuevos inversionistas y no de una actividad económica capaz de generar las ganancias que ofrecía.
La caída de DMG marcó un antes y un después en la historia financiera de Colombia. Además de las pérdidas económicas sufridas por miles de familias, el caso evidenció la facilidad con la que una promesa de rentabilidad extraordinaria puede generar confianza colectiva y movilizar grandes cantidades de dinero. Desde entonces, la Superintendencia Financiera de Colombia ha reiterado que ninguna persona o empresa puede captar recursos del público sin la autorización correspondiente y ha fortalecido las campañas para alertar a los ciudadanos sobre este tipo de esquemas.
Sin embargo, el fin de DMG no significó el fin de las pirámides. Lo que desapareció fue una forma de operar. Con el paso de los años, estos modelos abandonaron las oficinas físicas, las tarjetas prepago y las largas filas de inversionistas para trasladarse a internet, las redes sociales y las plataformas digitales. La promesa seguía siendo la misma; lo único que cambió fue la manera de presentarla.
Cuando la promesa del dinero fácil llegó a internet
Si DMG logró expandirse mediante oficinas físicas y el voz a voz, años después las plataformas digitales encontraron en internet un escenario aún más favorable para captar inversionistas. Redes sociales, videoconferencias, aplicaciones móviles y discursos sobre libertad financiera comenzaron a reemplazar las filas frente a los establecimientos comerciales. La promesa, sin embargo, seguía siendo la misma: obtener ganancias extraordinarias en poco tiempo.
Uno de los casos que mayor atención despertó fue OmegaPro, una sociedad extranjera que ofrecía paquetes de inversión relacionados con operaciones de trading y el mercado Forex.
Pero qué es trading: Es la compra y venta de activos financieros, como acciones, divisas o materias primas, con el objetivo de obtener ganancias a partir de las variaciones de sus precios. Aunque puede ser una actividad legal, implica un alto nivel de riesgo y no garantiza rentabilidad.
Forex (mercado de divisas): Es el mercado financiero donde se negocian monedas de diferentes países, como el dólar, el euro o el peso colombiano. Es el mercado de divisas más grande del mundo y sus operaciones están sujetas a cambios constantes en las tasas de cambio.
Su crecimiento estuvo acompañado por una intensa estrategia de promoción en redes sociales y por un sistema de referidos que incentivaba a los usuarios a invitar a familiares, amigos y conocidos para ampliar la red de inversionistas.
En Colombia, la Superintendencia Financiera intervino en 2021 al ordenar a ocho personas naturales suspender de manera inmediata la promoción de los productos de OmegaPro en el país. Según la entidad, estas personas promovían servicios financieros de una sociedad extranjera sin contar con la autorización requerida y la compra de paquetes de inversión para realizar operaciones en mercados como Forex. La autoridad también advirtió que quienes realizaban esta promoción no informaban adecuadamente a los inversionistas sobre los riesgos asociados a este tipo de operaciones, entre ellos la posibilidad de perder la totalidad del dinero invertido.
Pese a estas advertencias, muchas personas continuaron confiando en la plataforma. Para algunos inversionistas, las primeras ganancias y los retiros iniciales reforzaban la idea de que se trataba de un negocio legítimo. Esa percepción fue suficiente para que muchos decidieran reinvertir y recomendar la plataforma a personas de su círculo cercano, reproduciendo un patrón que ya se había visto años atrás con otros esquemas de inversión.
Ese fue el caso de Sofia Beltran*, quien decidió invertir motivada por las promesas de rentabilidad y por la confianza que le generaban las personas que promocionaban la plataforma. A diferencia de Hadid Cáceres, Sofia Beltrán llegó a OmegaPro atraída por su interés en el mundo de las inversiones. Desde hacía algún tiempo seguía contenidos relacionados con trading, Forex y mercados financieros, por lo que la propuesta de la plataforma le pareció coherente con un modelo de inversión que ya conocía.
“Siempre me ha gustado aprender sobre inversiones y mercados financieros. Cuando conocí OmegaPro pensé que era una forma de poner ese conocimiento en práctica y generar ingresos adicionales”, recuerda.
Convencida de que se trataba de una oportunidad legítima, realizó una inversión inicial de 500 dólares. Según explica, el funcionamiento de la plataforma se basaba en la promesa de obtener rendimientos derivados de operaciones en los mercados financieros. Con el tiempo, también descubrió que existía un fuerte incentivo para invitar a otras personas a participar, ya que esto permitía acceder a mayores beneficios dentro del sistema.
“Al principio todo parecía normal. Uno veía los rendimientos reflejados en la plataforma y eso generaba confianza. Además, muchas personas compartían sus resultados y eso hacía pensar que realmente estaba funcionando.”
Sin embargo, la situación cambió de forma repentina. Al igual que ocurrió con otros inversionistas, comenzaron los retrasos en los retiros y aparecieron mensajes sobre supuestas actualizaciones de la plataforma. Con el paso de los días, recuperar el dinero dejó de ser posible.
“Empezaron a decir que estaban haciendo cambios, que había que esperar un poco más. Después dejaron de responder y muchas personas nunca volvieron a recuperar su inversión”, afirma.
La experiencia con OmegaPro no la alejó por completo de este tipo de plataformas. Tiempo después conoció Movve Wallet y decidió probar el modelo con una inversión mucho menor, de 100 dólares. En esa ocasión logró retirar cerca de 150 dólares, por lo que no registró pérdidas personales. Sin embargo, una persona cercana a quien le habló de la plataforma invirtió 1.500 dólares y, según relata, hasta el momento no ha logrado recuperar su dinero.
“Esa fue la parte más difícil. Cuando uno recomienda algo porque cree que está funcionando y después las personas pierden su dinero, el peso no es solo económico. También queda la sensación de haber llevado a alguien a tomar una decisión que terminó afectándolo.”
Después de vivir ambas experiencias, Alejandra asegura que su forma de analizar este tipo de oportunidades cambió por completo. Hoy considera que las promesas de rentabilidades elevadas y la presión por invitar a nuevos participantes son señales que cualquier inversionista debería examinar con mayor cuidado antes de entregar su dinero.
La evolución de estos modelos demuestra que las estafas financieras no permanecen estáticas. Cambian de nombre, de imagen y de tecnología para adaptarse a las nuevas formas de comunicación y a las tendencias de inversión. Esa capacidad de transformación explica por qué, incluso después de casos ampliamente conocidos como DMG, continúan apareciendo plataformas que logran captar la atención y el dinero de miles de personas.
A pesar de los antecedentes que dejaron casos como DMG y las advertencias emitidas años después sobre plataformas como OmegaPro, la promesa de obtener altos rendimientos en poco tiempo continúa encontrando nuevos escenarios para expandirse. Esta vez, el centro de las denuncias es Movve Wallet, una plataforma digital que ofrecía a sus usuarios la posibilidad de invertir en planes con un capital inicial, generalmente en dólares, bajo la promesa de generar rentabilidades a través de operaciones en mercados financieros como Forex, oro y otros activos. Según el modelo presentado por la empresa, los inversionistas podían obtener rendimientos mensuales de hasta un 20 % y, al finalizar el plan, recuperar su capital con una rentabilidad acumulada cercana al 300 %. Además, el sistema incorporaba un modelo de referidos que otorgaba beneficios adicionales a quienes invitaban a nuevas personas a invertir, convirtiendo este mecanismo en una de las principales estrategias de crecimiento de la plataforma.
Sin embargo, desde finales de junio de 2026 comenzaron a surgir denuncias de usuarios que aseguraban no poder retirar sus recursos. Aunque la plataforma continuaba mostrando los saldos y las supuestas ganancias acumuladas, los retiros dejaron de procesarse, situación que generó incertidumbre entre quienes habían depositado su dinero.
Entre quienes aseguran haber sido afectados se encuentra Hadid Cáceres, quien decidió invertir motivado por la posibilidad de generar ingresos adicionales y por la recomendación de una persona con la que había trabajado tiempo atrás. Durante los primeros meses, todo parecía funcionar con normalidad. Sin embargo, la situación cambió cuando intentó retirar su dinero.
Hadid Cáceres conoció Movve Wallet a comienzos de 2026 por recomendación de una persona con la que había trabajado anteriormente. Quien le habló de la plataforma la presentaba como una oportunidad de inversión con altas rentabilidades: la promesa era que el capital invertido podría crecer hasta un 300 % al finalizar el plan. Aunque el dinero inicial debía permanecer invertido durante el tiempo establecido, las ganancias generadas podían retirarse mes a mes.
“Me dijeron que si invertía 4.000 dólares, al final podía recibir cerca de 12.000 dólares. Ya había participado antes en modelos similares y, como esta plataforma apenas estaba comenzando, pensé que era una buena oportunidad”, recuerda.
La inversión parecía cumplir lo prometido. Cada mes la plataforma reflejaba rentabilidades que variaban entre el 10 % y el 20 %, y los retiros de esas ganancias se realizaban con normalidad. Esa experiencia reforzó la percepción de que se trataba de un negocio legítimo. Sin embargo, la situación cambió a finales de junio. Lo que inicialmente fueron anuncios de actualizaciones y modificaciones en la plataforma terminó convirtiéndose en un obstáculo para retirar el dinero. Primero aparecieron nuevas condiciones para realizar las solicitudes y, posteriormente, el botón de retiro desapareció por completo.


“Nos decían que estaban haciendo mejoras en la plataforma y que todo volvería a funcionar en poco tiempo, pero pasaban los días y nadie podía retirar su dinero. La aplicación seguía mostrando las ganancias, pero era imposible acceder a ellas”, afirma.
Con el paso de las semanas, la incertidumbre aumentó. Hasta el cierre de este reportaje, Hadid asegura que no ha podido recuperar ni el capital invertido ni las ganancias acumuladas. La plataforma continúa activa, pero, según él y otros usuarios consultados, los retiros permanecen suspendidos.
Además de la pérdida económica, Hadid carga con otra preocupación. Al ver que durante los primeros meses podía retirar sus ganancias, recomendó la plataforma a personas cercanas que también decidieron invertir.
“Lo que más me pesa no es solo el dinero que perdí. También siento responsabilidad porque personas cercanas confiaron en la plataforma después de que yo les hablara de ella, convencido de que estaba funcionando.”
Su caso no es el único. En redes sociales y grupos de usuarios comenzaron a aparecer publicaciones de personas que relatan experiencias similares: cuentas con saldos visibles, promesas de soluciones por parte de quienes promovían la plataforma y una creciente incertidumbre frente a la posibilidad de recuperar el dinero invertido. Para muchos de ellos, la decisión de participar estuvo influenciada por las recomendaciones de familiares, amigos o conocidos que aseguraban haber obtenido buenos resultados durante los primeros meses de funcionamiento.

Hasta el momento, las denuncias de los usuarios reflejan un patrón que recuerda a otros casos analizados en este reportaje: la promesa de rentabilidades superiores a las del mercado, el uso de sistemas de referidos para atraer nuevos inversionistas y la expectativa de obtener ganancias rápidas. No obstante, corresponde a las autoridades competentes determinar si existen conductas que puedan constituir infracciones administrativas o delitos relacionados con la captación de recursos.
Con el propósito de conocer la versión de la empresa frente a las denuncias recopiladas durante esta investigación, este medio intentó contactar a Melk Franco, quien públicamente se presenta como CEO y fundador de la plataforma Movve Wallet. De acuerdo con la información publicada por la propia empresa, Franco es de nacionalidad brasileña, reside en Dubái (Emiratos Árabes Unidos), fue fundador de MFX Trading School y es presentado como gestor de inversiones y ex instructor militar en los Emiratos Árabes Unidos.
Más allá de lo que determinen las investigaciones, las historias de quienes hoy buscan recuperar sus ahorros muestran que el fenómeno de las inversiones de alto rendimiento continúa encontrando espacio en un país que ya ha vivido episodios similares. Cambian los nombres de las plataformas y las herramientas tecnológicas, pero las expectativas de obtener ganancias rápidas siguen siendo un elemento común entre quienes deciden invertir.
Si algo tienen en común DMG, OmegaPro y las recientes denuncias relacionadas con Movve Wallet es que ninguno de estos casos comenzó con una promesa de fraude. Por el contrario, todos se presentaron como oportunidades de inversión capaces de ofrecer independencia financiera, altos rendimientos y la posibilidad de mejorar la calidad de vida de quienes decidieran participar. La diferencia entre ellos no radica únicamente en la tecnología utilizada o en el nombre de la plataforma, sino en la manera en que lograron construir confianza.
Más allá de los nombres que adoptan estos modelos, existen señales que pueden ayudar a los ciudadanos a identificar cuándo una supuesta oportunidad de inversión representa un riesgo. Para la abogada Marcela Jurado, una de las primeras verificaciones que debe hacer cualquier persona es confirmar si la empresa o plataforma cuenta con la autorización y regulación necesarias para ofrecer productos financieros o captar recursos del público.
“Lo primero es verificar quién está detrás de la empresa y si realmente cuenta con los permisos y la regulación para desarrollar esa actividad. Muchas personas invierten sin hacer esa revisión previa”, explica.
Otro aspecto fundamental es analizar de dónde provienen las ganancias que promete la plataforma. Según Marcela, cuando el modelo depende principalmente del ingreso constante de nuevos inversionistas y no de una actividad económica real y verificable, existe una señal de alerta que no debe pasarse por alto.
“Hay que preguntarse de dónde sale el dinero que están pagando. Si las ganancias dependen únicamente de que entren más personas a invertir y no de una actividad económica sostenible, estamos frente a un modelo que puede representar un riesgo importante”, señala.
La abogada también advierte que las promesas de rentabilidades extraordinarias suelen utilizarse para captar la atención de potenciales inversionistas. Aunque reconoce que existen actividades legítimas, como el trading o las inversiones en mercados financieros, aclara que ninguna puede garantizar utilidades elevadas sin riesgo.
“El trading existe y es una actividad legal, pero también implica riesgos. Cuando una plataforma promete ganancias muy altas, constantes y prácticamente aseguradas, esa debe ser una alerta para cualquier persona”, afirma.
Finalmente, Marcela recomienda investigar el origen de las empresas y de las personas que las promueven. Explica que muchas de estas plataformas aseguran estar constituidas en otros países y utilizan esa característica como un elemento de credibilidad, cuando en realidad puede dificultar que los inversionistas recuperen su dinero si el proyecto desaparece.
Esa confianza suele construirse a través de familiares, amigos, compañeros de trabajo o figuras reconocidas en redes sociales. A diferencia de otros fraudes, las personas no siempre reciben la invitación de un desconocido, sino de alguien cercano que, convencido de estar participando en una oportunidad legítima, recomienda la inversión basándose en su propia experiencia o en los beneficios que ha obtenido durante las primeras etapas del modelo.
La evolución tecnológica también ha transformado la manera en que este tipo de esquemas llegan al público. Si hace dos décadas las reuniones presenciales y las oficinas físicas eran el principal canal para captar inversionistas, hoy las plataformas digitales, las aplicaciones móviles y las redes sociales permiten que la información circule con mayor rapidez y alcance a miles de personas en cuestión de horas. Esa capacidad de difusión ha hecho que las recomendaciones se multipliquen y que los mensajes de éxito tengan un impacto mucho mayor entre quienes buscan alternativas para generar ingresos. Los casos analizados en esta investigación evidencian que, además de las promesas de rentabilidad, muchas de estas plataformas construyen una imagen de legitimidad mediante estrategias de mercadeo cuidadosamente diseñadas. En el caso de OmegaPro, por ejemplo, la empresa desarrolló campañas internacionales en las que participaron reconocidas figuras del fútbol como Ronaldinho, Vinícius Júnior, Iker Casillas, Carles Puyol, Luís Figo y Kaká, quienes aparecieron en eventos y piezas promocionales de la compañía. Según una publicación de Infobae, la presencia de estas figuras fortaleció la imagen internacional de la plataforma y contribuyó a generar una mayor percepción de credibilidad entre potenciales inversionistas, aun cuando posteriormente miles de personas denunciaron la imposibilidad de recuperar los recursos invertidos.

En Movve Wallet, la estrategia fue diferente, pero perseguía el mismo objetivo: transmitir seguridad a los inversionistas. La plataforma afirmaba que sus operaciones podían verificarse mediante Myfxbook, una herramienta ampliamente utilizada por operadores de mercados financieros para monitorear y validar resultados de cuentas de trading. Sin embargo, las cuentas exhibidas por la empresa aparecían como no verificadas, lo que significa que la información presentada no había sido certificada por la plataforma y, por tanto, no ofrecía garantías de que los resultados publicados correspondieran realmente a operaciones ejecutadas. En la práctica, esto impedía a los inversionistas comprobar de forma independiente la autenticidad de las rentabilidades que se mostraban.

Más que un problema exclusivamente financiero, las estafas piramidales representan un fenómeno social en el que convergen la necesidad económica, la desinformación y estrategias cada vez más sofisticadas para proyectar legitimidad. Los casos de DMG, OmegaPro y las denuncias relacionadas con Movve Wallet muestran que, aunque cambian los nombres, las plataformas y las herramientas tecnológicas, el modelo conserva elementos comunes: promesas de rentabilidades superiores a las del mercado, incentivos para incorporar nuevos participantes y mecanismos que buscan generar credibilidad mediante testimonios, figuras públicas, supuestos respaldos técnicos o la recomendación de personas cercanas.
Por ello, las autoridades insisten en que antes de entregar dinero a cualquier plataforma o empresa es indispensable verificar si cuenta con autorización para captar recursos del público, investigar cuál es la actividad económica que respalda las rentabilidades ofrecidas y desconfiar de aquellas inversiones que prometen ganancias extraordinarias sin explicar con claridad los riesgos. En un entorno donde las oportunidades de inversión se difunden con facilidad a través de internet y las redes sociales, la prevención y la educación financiera continúan siendo las principales herramientas para evitar que historias como las de DMG, OmegaPro o las denuncias relacionadas con Movve Wallet vuelvan a repetirse.
Quizá la pregunta ya no sea únicamente por qué siguen existiendo las estafas piramidales, sino por qué la promesa del dinero fácil continúa siendo más fuerte que las lecciones que han dejado los casos del pasado. Mientras esa promesa encuentre espacio entre la necesidad económica, la desinformación y la confianza depositada en quienes la promueven, las historias de personas que pierden sus ahorros seguirán repitiéndose bajo nuevos nombres y nuevas plataformas.
Porque, al final, las pirámides no sobreviven por la innovación tecnológica ni por la sofisticación de sus discursos. Sobreviven porque entienden una realidad que permanece intacta: siempre habrá alguien dispuesto a creer que esta vez será diferente.
La Superintendencia Financiera de Colombia advierte que una de las principales señales de riesgo es la promesa de obtener rentabilidades extraordinarias en poco tiempo y con un riesgo mínimo o inexistente. Ninguna inversión legítima puede garantizar ganancias elevadas sin advertir también sobre la posibilidad de pérdidas.
Antes de invertir, también es recomendable consultar los canales oficiales de la Superintendencia Financiera y de la Fiscalía General de la Nación, entidades que publican advertencias sobre empresas no autorizadas y ofrecen información para identificar posibles esquemas de captación ilegal de dinero. Una búsqueda previa puede evitar que una decisión tomada con la esperanza de mejorar la situación económica termine convirtiéndose en una pérdida patrimonial.
De igual manera, si una persona conoce o identifica empresas, plataformas o individuos que estén promoviendo inversiones con características propias de un esquema de captación ilegal, las autoridades recomiendan presentar la información ante la Superintendencia Financiera, a través del correo institucional super@superfinanciera.gov.co, o comunicarse con sus canales oficiales de atención. Si existen indicios de un posible delito o una persona considera haber sido víctima de una estafa, la Fiscalía General de la Nación dispone de canales presenciales y virtuales para radicar la denuncia y aportar las pruebas correspondientes.
En un entorno donde las oportunidades de inversión se multiplican a través de redes sociales y plataformas digitales, la mejor herramienta continúa siendo la información. Verificar, preguntar y desconfiar de las promesas de dinero fácil puede marcar la diferencia entre una inversión responsable y convertirse en una nueva víctima de un esquema fraudulento.








