“Nos van a reemplazar”, decían con inquietud varios docentes, para algunos, la estampa de un profesor frente a una pizarra parecía condenada a convertirse en una reliquia del siglo pasado. “Era muy triste escuchar esos argumentos en los talleres”, recuerda Deiby Bernal, gestor de innovación pedagógica del Centro de Innovación Educativa y Excelencia Profesoral de UNIMINUTO, en Colombia.
“Curiosamente, el temor venía muchas veces de los profesores más jóvenes. Los más veteranos, con décadas de carrera, solían sonreír y responder con calma: ‘Lo mismo dijeron cuando llegó la calculadora de bolsillo. Lo mismo dijeron cuando llegó el computador a las aulas. Y aquí seguimos’“.
Casi cuatro años después de aquel terremoto tecnológico, los robots no han tomado los salones de clase, sin embargo, la rutina de enseñar y aprender nunca volvió a ser la misma.
La verdadera amenaza no es un algoritmo
La pregunta de si las máquinas desplazarían a los educadores ha encontrado una respuesta tajante entre los especialistas en pedagogía digital: No, “La inteligencia artificial no va a reemplazar a los profesores, a quien va a reemplazar el mercado es al profesor que se niegue a usarla, y quien tomará su lugar será un colega que sí aprenda a integrarla”, asegura Bernal.
“La pregunta no es si las máquinas sustituirán a los docentes,
sino cómo el criterio pedagógico guía a la tecnología”: deiby bernal
El choque inicial no fue solo laboral, sino generacional. Con estudiantes que son nativos digitales y que descubren atajos y utilidades tecnológicas a diario, la figura del docente como “dueño exclusivo de la información” quedó obsoleta. Si un alumno le pregunta a su profesor cómo resolver un problema usando un modelo de lenguaje y este se limita a decir “no sé” o recurre a la prohibición estricta, la autoridad pedagógica entra en crisis.

Ni prohibir ni adorar: la salida ética
Ante el desconcierto generalizado de 2023, mientras algunas instituciones educativas optaron por prohibir el uso de IA y bloquear páginas web en sus redes, otras decidieron adelantarse al fenómeno. En Colombia, UNIMINUTO se convirtió en una de las primeras instituciones en publicar lineamientos formales mediante una normativa específica (el Acuerdo 040 de 2023). En lugar de perseguir el uso de asistentes virtuales, el documento fijó pautas para que docentes, directivos y estudiantes los utilicen de forma transparente y crítica.
Pie de foto: El reto para los educadores ha sido pasar de la vigilancia del plagio a la enseñanza del pensamiento crítico.
La filosofía detrás de esta postura tiene raíces históricas en nn las décadas de 1940 y 1950, cuando la radio y la televisión eran vistas con recelo por los sectores más conservadores, el sacerdote colombiano Rafael García-Herreros popularizó una máxima que hoy vuelve a citarse en los debates sobre algoritmos: “A las nuevas tecnologías no se les teme ni se les adora: se ponen a servir”.
De redactar rúbricas a la “IA agéntica”
El camino para que miles de profesores perdieran el miedo a las pantallas pasó por pequeños ejercicios cotidianos. A través de programas de inmersión rápida (bautizados internamente como “DesafIA”), los docentes fueron invitados a superar retos diarios: desde probar una herramienta sencilla de diseño interactivo hasta automatizar tareas burocráticas que antes consumían fines de semana enteros, como la elaboración de rúbricas de evaluación por competencias.
“Una tarea en la que un maestro podía tardar todo un día, ahora se puede estructurar en minutos con asistencia de IA para luego ser refinada con criterio humano”, destaca Bernal.
Hoy, la discusión ya ni siquiera gira en torno a los chatbots de texto básico, las universidades debaten la llegada de la llamada “IA agéntica” (sistemas autónomos capaces de ejecutar flujos complejos de tareas y tomar decisiones programadas) y premian proyectos donde la tecnología se utiliza para:
- Detectar colonias bacterianas en laboratorios de biotecnología agrícola.
- Automatizar trámites administrativos para que los directores dediquen más horas al acompañamiento de sus alumnos.
- Crear periódicos digitales comunitarios en escuelas rurales para combatir la desinformación.
Lo que una máquina todavía no puede dar
El consenso entre pedagogos y expertos es que la inteligencia artificial funciona como una formidable palanca de productividad, pero carece de la dimensión humana indispensable en el aprendizaje, la empatía ante un alumno que atraviesa una crisis personal, el estímulo ético frente a un dilema moral o la chispa de curiosidad que despierta una conversación espontánea fuera del programa siguen siendo terreno exclusivo de las personas, es decir: la tecnología puede redactar una lección, pero sigue necesitando de un ser humano para convertirla en verdadera educación.
Escuche la entrevista a continuación:
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