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Otra mirada a la movilidad vehícular urbana en estos tiempos de cambios radicales

La pandemia nos ha dejado muchas cosas en qué pensar. Nuestros consumos han cambiado, en muchos casos de forma radical. Buscamos gastar menos, considerando la incertidumbre económica y un futuro cada vez más incierto. Quizás nos hemos acercado un poco más a los temas de la crisis ambiental y a lo mejor nos damos cuenta que somos protagonistas de primera línea en la crisis ambiental que sufre nuestro planeta.

El hecho de trabajar en casa, nos ha demostrado que tener un auto es un gasto innecesario, que además, por no usarlo, muchos han tenido que comprar una batería, y ver que su auto se convierte en un lucro cesante que se va desvalorizando cada vez más. Pago de seguros, impuestos y otros rubros de un bien que en muchos casos estuvo inmovilizado gran parte del año.

Muchas son las propuesta de movilidad urbana que se ofrecen en el mercado, patinetas eléctricas en variada gama de potencia, bicicletas mecánicas con prestaciones urbanas, de ruta o de caminos rústicos, o bien una oferta muy interesante de e-bicicletas. En todos los casos hay una situación común: inseguridad, no solo por el robo del aparato, sino por la posibilidad de sufrir heridas o hasta la misma muerte a manos de un atracador.

El servicio público de movilidad genera aprensión en los usuarios, en cualquier momento podemos contaminarnos con el virus, o en el peor de los escenarios, ser victimas de asesinos en el sistema masivo de transporte, situación que ya no es exclusiva de Bogotá.

¿Qué hacer entonces para tener un transporte efectivo, eficiente, económico y seguro? Las tres primeras situaciones tiene una respuesta sencilla, un vehículo urbano eléctrico. La seguridad es un problema de nunca acabar en un país que se ha empobrecido de una forma atroz según datos del DANE.

En vehículos hay que cambiar la mirada, ya no podemos seguir esa idea norteamericana de la ostentación, de tamaños y gastos descomunales y carros de temporada o del año. Ese tipo de inversiones son inviables en estos tiempos, los vehículos deben durar más que una moda ocasional, pues es una inversión alta y un patrimonio que por naturaleza se va diluyendo en el tiempo.

Los autos eléctricos urbanos, son pequeños con grandes prestaciones, duraderos en el tiempo, en economía de escala son realmente más económicos que un gasolinero y cada vez sus baterías duran más años y dan más autonomía, pero recuerde son de ciudad.

Cada vez son mejores y la industria china lleva la delantera, datos como estos: ” la marca promete una vida útil para la batería de dos millones de kilómetros, es decir, una duración superior a las aspiraciones más inmediatas de Tesla, y asegura que esta no experimenta degradación alguna durante los primeros 200.000 km”, (revista Motorpasión) hacen pensar que el salto tecnológico esta aquí y ahora.

Si compra un auto con esas prestaciones, será una sola inversión por mucho tiempo, sin cambios de aceite, ni reparaciones mecánicas, conduciendo de forma más consciente y sobre todo siendo uno más en la lucha por un planeta posible, que no sigue consumiendo petróleo para quemarlo.

Queda la inquietud que manifestaba el CEO de Toyota, la crisis que tendrán que enfrentar países como Japón con el tema de producción y consumo eléctrico. Muy probablemente se podrá, en pronto tiempo, optimizar cargadores solares para tal fin, igual localizados en casa o en electrolineras. España lo ha venido desarrollando con algunos buenos resultados.

Quizás los eléctricos le ganen la partida a los petroleros, que aplastaron una solución absolutamente genial y que ocasiono la muerte de personas que lucharon por masificarlo y que Tata Motors compró para sepultarlo.

En líneas generales todo depende de nosotros, lo cierto es que este covid nos cambió en algunas cosas, es necesario cambiar en muchas otras.

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