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Perdido en busca de un sueño

Por: Juan Felipe Laverde Pulido

¿Qué queda después de un viaje siguiendo al equipo que te hace vibrar? ¿Acaso no vas tras la gloria, de momentos de euforia y felicidad con los tuyos? En esa maleta, un día de ese junio de 2012, muchos guardamos nuestra camiseta con el sueño de retornar triunfantes, sin saber que, de vuelta, solo habría recuerdos de lo que fue un amigo, un hijo, un hermano y otro guardián de nuestra camiseta.

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Eran las 11 de la noche del 23 de junio de 2012, cerca de 600 personas se aglomeraban sobre la Avenida 68 frente al Popsy, dispuestas a emprender una nueva travesía. Allí estaba yo, a la espera de la salida. El frío penetraba mis huesos, y llegaba la ansiedad propia antes de un viaje, ansiedad que terminaría una vez emprendido el camino. Éramos 4 amigos del mismo parche; cancelamos nuestro pasaje y como pudimos nos acomodamos en un bus con diferentes parches, entre ellos el de Soacha al que pertenecía “IR”, viejo conocido de la barra con quien había compartido momentos en anteriores viajes. Esa noche, antes de embarcar nuestra travesía, había ocurrido una pelea luego de una emboscada: desde ese momento supe que sería un viaje diferente.

Arrancamos con un par de ventanas rotas en algunos buses, uno que otro herido por alguna pedrada y una anécdota más de cómo se ahuyentaba a los “enemigos” del otro bando. El ambiente era cada vez mejor, la cumbia villera amenizaba el bus que se hundía en una estela de humo y en el alcohol que empezaba a repartirse por todos lados. El frío incesante entraba por los agujeros de los ventanales rotos, y sin precedente alguno, nuevamente éramos atacados a la salida de la Calle 80. Los 12 buses que salíamos de Bogotá nuevamente fueron retenidos por la Policía, y el presentimiento que algo pasaría incrementó en mí. El nuevo saldo: más ventanas rotas, dos heridos en nuestro bus y la advertencia que tendríamos que poner algo en las ventanas para continuar el viaje.

La atmósfera se tornaba pesada, la notoria adrenalina acumulada en los presentes se palpaba en el ambiente, y el excesivo uso de la fuerza por parte de la policía, desencadenó en un tropel contra la autoridad. Las pistolas de pintura sonaban como en un campo de guerra, los insultos y las piedras salían de todo lado, el sonido de los bolillos estrellándose contra los huesos tronaban, y el retumbar de las bombas aturdidoras era cada vez más intenso. Luego de más de 20 minutos de enfrentamientos, abordamos los buses y por segunda vez en la madrugada emprendimos la travesía a la ciudad de Medellín.

Con la adrenalina baja, el ambiente nuevamente se tornó de fiesta, los cánticos eran cada vez más fuertes, la alegría de la gente se notaba en sus caras; con una victoria estaríamos un paso más cerca de una final y de volver a ganar un campeonato después de 37 años. Iván, o “IR”, ponía la música con la USB con la que tanto alardeaba, y allí empezaría lo que sería el final de esta historia de amor entre él y nuestro equipo.

Sobre las 6 de la mañana, la algarabía se apoderó de todos los integrantes de los buses: paramos en unas tiendas sobre la carretera, a unos 10 kilómetros de Puerto Triunfo. Faltaba poco menos de la mitad de trayecto a nuestro destino. El líder de uno de los buses le preguntó a uno de los habitantes del sector dónde se podría tomar un baño; respondió que en el puente del paso de Puerto Triunfo había un balneario donde podríamos desayunar y meternos a una piscina. Al llegar al lugar, sobre el puente, había unos 10 soldados mirando cómo llegaba la Caravana. Estupefactos por la cantidad de gente, se acercaron a decir que no podríamos estar ahí hasta dentro de una hora, que lo mejor era que siguiéramos nuestro camino y que más adelante seguramente encontraríamos un balneario abierto. Sin embargo la cantidad de gente sobre la carretera era impresionante, todos acaparando los locales para obtener algo de comer o tomar.

El calor de la mañana que empezaba a brotar se sumaba al fragor acumulado de 40 hombres bajo los efectos del alcohol y de sustancias psicoactivas, que habían viajado en el mismo bus por casi 7 horas seguidas.  Una vez abajo, nos dispusimos para entrar a una parte del río a través de una cerca de alambre de púas; unas 80 personas ya habrían cruzado, tomado su breve chapuzón y vuelto, pero nuestro bus era de los últimos y así mismo fuimos los últimos en intentar cruzar. La tensión entre nosotros y los soldados era cada vez más alta; ellos decían que no podíamos acceder a ese espacio, después de casi media hora durante la cual algunos integrantes habían entrado y salido. Como sus órdenes fueron omitidas, se retiraron hacia una base que se encontraba al otro lado del río que podía verse desde la orilla en donde nos encontrábamos.

No pasaron más de 5 minutos, cuando sentimos como si una manada de toros se nos acercara. A lo lejos, encima del puente, 30 soldados corrían hacia nosotros, los disparos al aire eran cada vez más constantes, hasta que se convirtieron en ráfagas de fusil al aire. Despavoridos empezamos a correr hacia la loma que dividía la cerca con la carretera donde estaban nuestros buses; algunas mujeres gritaban pidiendo auxilio y otros más se habían quedado atrás, entre ellos Iván.

Recogí mis cosas y una bandera que teníamos; iba en la mitad de ese grupo de 20 personas. Atrás de mí, venían dos amigos de mi parche y algunas personas más. Los disparos se sentían cada vez más cerca y correr entre la tierra y la maleza descalzo hacía que todo fuera más tortuoso. De repente, se escuchó un grito bastante fuerte: habían alcanzado a la última persona. Los golpes que le propinaron en el piso eran escalofriantes; los gestos y gritos de dolor que expresaba en su cara, era algo que nunca había visto. Allí, sentí que el tiempo se detuvo por un momento y en ese instante, ese grito de ayuda nos penetró a todos los que lo escuchamos. Al volver a mi tiempo-espacio, corría junto a los demás y a algunos otros que pasaban la cerca para ayudar al que golpeaban.

El enfrentamiento se tornó en un mano a mano; algunos soldados seguían disparando al aire. Iván fue de los primeros en llegar a auxiliar al hombre que golpeaban. Los soldados, al ver que una masa avanzaba sobre ellos, empezaron a retroceder, aunque algunos seguían peleando con integrantes de la barra, mientras seguramente un superior les ordenaba que se replegaran. La pelea sucedía en la orilla del Río Magdalena.

Iván seguía en la disputa con un soldado, que al verse en desventaja disparó al aire. Al ver la acción del soldado y en una reacción que ninguno esperaría, Iván se lanzó atemorizado al río. Un silencio ensordecedor cubrió el lugar por unos segundos; unos soldados que se encontraban atrás intentaron ayudar a Iván que era arrastrado por la corriente del río. La cara atónita de los soldados y de los presentes era inexplicable: nadie podía creer lo que estaba pasando. En menos de 15 segundos “IR” se había perdido en las aguas del Magdalena.

La angustia se apoderó de todos, nadie podía hacer nada. Unas canoas ubicadas al otro lado del río emprendieron la búsqueda, mientras los soldados daban la alerta para utilizar una de sus lanchas. Vinieron los insultos contra el soldado que disparó, y nuevamente empezaron los disparos al aire para evitar que, enfurecidos, golpeáramos al soldado.

En ese instante llegó la Policía: nos ordenaron subir a los buses mientras empezaban la búsqueda, a lo que nos negamos hasta que iniciara. Algunos buses emprendieron el recorrido porque la carretera estaba colapsada y el paso vehicular era mayor por la hora; solo quedamos 3 buses. Pasaron algunas horas y nos ordenaron que debíamos arrancar o devolvernos a Bogotá. Los integrantes del parche de Soacha se quedaron a la espera en Puerto Triunfo y nosotros emprendimos la travesía, esta vez incompletos.

El partido lo ganamos, uno a cero con gol del Boliviano Cabrera, pero no se sentía igual, esa ilusión de volver a campeonar se veía empañada por la desaparición de ese amigo, ese hermano, ese hijo, ese compañero de viajes. El regreso fue diferente: cero algarabía, cero música y por mi parte cero alcohol, no podía creer lo que había sucedido.

El cuerpo de Iván no apareció: ninguno de los actores involucrados ofreció una respuesta por lo sucedido, y nunca se llevó a cabo una investigación de lo que pasó.

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