De acuerdo con información difundida por medios internacionales y organismos científicos, el comportamiento reciente del océano Pacífico tropical muestra indicios de calentamiento en sus aguas, una de las características que anteceden la aparición de este fenómeno climático. Aunque todavía no hay una confirmación definitiva, los expertos señalan que su formación podría darse hacia finales del año.
El Niño hace parte del ciclo climático conocido como El Niño–Oscilación del Sur (ENOS), que ocurre cada ciertos años y tiene efectos directos sobre las lluvias, las temperaturas y la actividad de tormentas en distintas partes del planeta.
Actualmente, los científicos han identificado la presencia de aguas cálidas que se desplazan desde el Pacífico occidental hacia el oriental por debajo de la superficie del océano, lo que en algunos casos ha sido una señal previa a la formación del fenómeno. Sin embargo, la atmósfera todavía mantiene características asociadas a un episodio débil de La Niña, por lo que cualquier cambio importante podría tardar algunos meses en manifestarse.
Organismos como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y la Oficina de Meteorología de Australia coinciden en que el actual episodio de La Niña tenderá a desaparecer durante los próximos meses, dando paso a una fase neutral del sistema climático. Posteriormente, existe la posibilidad de que El Niño se desarrolle entre el final del verano y el otoño en el hemisferio norte.
Para que este fenómeno se consolide, es necesario que los vientos alisios, que normalmente soplan a lo largo del ecuador desde el este hacia el oeste, se debiliten. Esto permitiría que las aguas cálidas del Pacífico occidental se desplacen hacia el este y emerjan en la superficie, generando cambios importantes en la circulación atmosférica y en los patrones de lluvia.
En algunos escenarios climáticos, incluso se contempla la posibilidad de un evento intenso, conocido como “Súper El Niño”, que podría influir en la temporada de huracanes del Atlántico y elevar aún más las temperaturas globales.
Impactos en Colombia
En el caso de Colombia, el fenómeno de El Niño suele estar asociado con periodos prolongados de sequía, altas temperaturas e incendios forestales. Factores como la deforestación, la contaminación, las quemas de basuras, la ocupación ilegal de terrenos y la captación indebida de agua han intensificado los efectos de este fenómeno en algunas regiones del país.
En zonas como Cali y el Valle del Cauca, estas condiciones han provocado la pérdida de cientos de hectáreas de flora y fauna debido a incendios, además de afectaciones en cultivos y animales por la falta de agua. También se ha registrado la disminución del caudal en quebradas y ríos que tradicionalmente son utilizados por las comunidades para mitigar las altas temperaturas.
Las autoridades ambientales han advertido que la actual ola de calor podría extenderse hasta el mes de mayo, periodo tras el cual se espera el regreso de las lluvias, que en algunos casos podrían generar inundaciones.
Pronósticos aún con incertidumbre
A pesar de las señales detectadas en el océano Pacífico, los expertos señalan que las predicciones climáticas durante esta época del año presentan mayores niveles de incertidumbre debido a la llamada “barrera de predicción de primavera”, un periodo en el que los modelos climáticos tienen más dificultades para proyectar condiciones futuras.
Por esta razón, los meteorólogos indican que la certeza sobre la posible formación de El Niño aumentará a medida que avance el año, especialmente hacia los meses de junio y julio, cuando los modelos suelen ofrecer pronósticos más confiables.
Mientras tanto, especialistas recomiendan a las autoridades y a la población mantenerse atentos a las actualizaciones climáticas y fortalecer las medidas de prevención frente a posibles sequías, incendios forestales o eventos extremos asociados al comportamiento del clima.








