Imagen tomada de las2orilla.co

Por: Bruchell Carrillo Remón

Un mes después de lo ocurrido, llegó a mi vida otra desgracia, es la más grande que he tenido. En ese tiempo los paramilitares y la guerrilla seguían con sus enfrentamientos, pero en una semana todo se calmó para el pueblo, pero quizás no para mí.

Banquete del Millón 2019

En ese tiempo yo era muy joven y venía de Barranquilla porque quería pasarme las fiestas del Rodadero, con mis amigas de la Universidad, pero como mi madre me sobre protegía no me dejó asistir, y hasta el sol del hoy, nunca he vivido esas fiestas. Cuando llegué a Ciénaga Magdalena me dio cuenta que es un municipio muy caluroso y la gente te dice que eres culo sungo si náciste allá, hay playa, brisa y mar y una gente cariñosa.

Yo me quería ir a escondidas, pero cuando vi a mi madre bajarse del bus con mi hermana, que venían de Orihueca, me dio dolor y le comenté que quería ir a la fiesta, pero como ya sabía, me dijo que no. Me tocó bajar mi maleta del bus donde traía mi ropa de noche. Mis hermanas aprovechándose de la negación de mi mamá me dijeron que me tenía que quedar en Ciénaga porque la otra semana tenia parciales y tenía que estudiar y, según ellas si me quedaba en Orihueca no me iba a concentrar.

Yo le dije a mi mamá:

– Mami, pero yo vine para que me des lo del semestre, tengo que pagarlo o sino no me dejan presentar los parciales

– No señora, yo voy y hablo con lucho (mi padre) para que me dé lo del semestre y yo se lo traigo mañana lunes, a primera hora, yo te mando la cena con tu hermana.

La dichosa cena no me pasó, me dieron ganas de vomitar, se la tuve que regalar a un vecino y me acosté sin comer. A las 8:00 de la mañana desperté y cuando abrí los ojos una mariposa  negra cayo en mi rostro, y me asusté mucho. El accidente de mi madre ocurrió a las 8 en punto de la mañana.

De pronto, llegó una ranger, donde venía mi hermano Wilson y Juancho iglesias, mi hermano llegó llorando, yo le preguntaba qué había pasado, pero él no podía hablar, entonces mi amigo Juancho Iglesias fue el que me dijo que a mi madre la había atropellado el tren. En ese momento, no lloré, solo socorrí a mi hermana porque ella se desmayó. Luego reaccionó y en ese momento me metí en la cabeza que tenía que ser fuerte, que yo era de la salud, cuando llegamos al hospital el Doctor Cadavid me dijo que ya no había nada que hacer, porque estaba destrozada por dentro. Me llevaron a donde ella. Estaba desnuda, con una bata blanca y ella me dijo: ¡Ay mija no me dejes morir, ayúdame! Me apretó la mano.

Entonces tomamos la decisión de llevarla a Barranquilla porque yo tenía una práctica en el hospital del seguro. Un médico había llegado de Estados Unidos, y yo me la llevé con toda la fe del mundo y la voluntad de Dios. Ella estaba toda golpeada, tenía un orifico en la pierna izquierda de 50 centímetros con profundidad de 4 cm, botaba mucha sangre, tenía hematomas en los ojos, pero no se veía que estuviera destrozada, cuando empezó a andar la ambulancia empezó a decirme que la ayudara, que no la dejara morir, para mí eso fue lo peor que me pudo haber pasado, me quedó marcado para toda la vida, el dolor más grande. Finalmente no se pudo hacer nada, tratamos de canalizarla pero ya como estaba tan débil no se dejó canalizar por ningún lado, empezó a rechazar las agujas. Mis compañeros me esperaban en la puerta al ver mi angustia y desesperación, fue tenaz.

Mis hermanos se daban contra las paredes, y pensaban que íbamos a necesitar sangre, por esa razón corrieron por todo Barranquilla buscando la sangre 0+ pero fue imposible, además ya no se podía hacer nada, mi mamá comenzó a sacar el hígado por la boca.  Me la quitaron de las manos y se la llevaron para la morgue. Pero yo no dejé que le hicieran la autopsia, y los médicos me decían que tenían que hacérsela, pero yo no lo aceptaba, hasta que cogí a un médico por el cuello del dolor que sentía y ya, se acabó todo.

El pueblo se enloqueció, eran las 9 de la noche y la gente estaba tirándole piedras a la línea, mi hermano Wilson cogió una moto, se estrelló contra la línea, quería matar al señor que estaba haciendo vigilancia allí, por el desespero y la impotencia que sentía en aquel momento. Hicieron una marcha, pero de igual manera las cosas siguen igual, no han quitado la línea de allí, y siguen muriendo personas en ese mismo lugar, que no debería estar, porque transitan niños y adultos mayores.

Toda la plata de mi madre la cogió el hijueputa gobierno, porque mis hermanos no quisieron cobrar a mi mamá, el dinero no le podía devolver la vida, pero era responsabilidad del gobierno responder por aquella negligencia.

Mi hermano, el más amistoso, más sonriente, más querido, inteligente me lo mataron, lo atacaron 8 hombres en Iberia que es como un caserío. El estaba con un compañero y dicen que al que iban a matar era a su amigo y no a él, pero como él se metió a defenderlo también le dispararon, sus heridas eran en el coxis y en las piernas. Cuando me lo llevaron a la casa aún seguía vivo, el pudo sobrevivir, pero los médicos no se dieron cuenta de que tenía una hemorragia interna y falleció. Los paramilitares fueron lo peor que nos pudo haber pasado en la vida, son asesinos sin piedad.

Desde ese día nada volvió a ser igual, la tristeza inundó nuestra casa, nuestra vida. Por esa razón me vine para Bogotá para salir de la depresión en la que me encontraba. Aquí rehíce mi vida, aunque no fue nada fácil, estudié enfermería y actualmente tengo una fundación para orientar a las personas que sufren por los conflictos y para ayudar a las comunidades mas vulnerables.

Imagen: Bruchell Carrillo – Señora Magaly Remòn
Ficha de búsqueda
Profundo dolor – segunda parte
Nombre del artículo
Profundo dolor – segunda parte
Descripción
Ella de Orihueca, Magdalena víctima del conflicto armado en Colombia y de la ausencia del Estado en su pueblo. Relato su historia para dar a conocer el dolor que muchas personas vivieron y que se esconden en los lugares más recónditos del país.
Autor
UNIMINUTO Radio
Datéate web
Publisher Logo