Francisco realizó en Marruecos un llamado a superar las desconfianzas y divisiones entre pueblos y animó a hacer un ejercicio de misericordia como hijos de Dios.

Durante la homilía del domingo, el papa Francisco en su visita a Marruecos, se refirió a la la parábola que el Evangelio proclamado plantea del hijo prodigo, de la necesidad global de superar la desconfianza en las relaciones internacionales y en la vida misma de las personas.

Frente a esa desconfianza entre pueblos y comunidades, entre hermanos, el Papa sugirió que “en vez de medirnos o clasificarnos por una condición moral, social, étnica o religiosa”, se reconozca “que existe otra condición que nadie podrá borrar ni aniquilar ya que es puro regalo: la condición de hijos amados, esperados y celebrados por el Padre”.

AutopautaVamos a la FilBo 2019 con Rafael Pombo

Tampoco “caigamos en la tentación de reducir nuestra pertenencia de hijos a una cuestión de leyes y prohibiciones, de deberes y cumplimientos. Nuestra pertenencia y nuestra misión no nacerá de voluntarismos, legalismos, relativismos o integrismos sino de personas creyentes que implorarán cada día con humildad y constancia: venga a nosotros tu Reino”.

“Es cierto, son tantas las circunstancias que pueden alimentar la división y la confrontación; son innegables las situaciones que pueden llevarnos a enfrentarnos y dividirnos. No podemos negarlo. Siempre nos amenaza la tentación de creer en el odio y la venganza como formas legítimas de brindar justicia de manera rápida y eficaz”.

Sin embargo, “la experiencia nos dice que el odio, la división y la venganza, lo único que logran es matar el alma de nuestros pueblos, envenenar la esperanza de nuestros hijos, destruir y llevarse consigo todo lo que amamos”.

Por ese motivo, “Jesús nos invita a mirar y contemplar el corazón del Padre. Sólo desde ahí podremos redescubrirnos cada día como hermanos. Sólo desde ese horizonte amplio, capaz de ayudarnos a trascender nuestras miopes lógicas divisorias, seremos capaces de alcanzar una mirada que no pretenda clausurar ni claudicar nuestras diferencias buscando quizás una unidad forzada o la marginación silenciosa”.

PublicidadVamos a la FilBo 2019 con Rafael Pombo