Hace exactamente tres años, el mundo entero pudo comenzar a respirar con tranquilidad después de 3 largos años. El doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, tomó la palabra aquel 5 de mayo de 2023 y declaró: “Con gran esperanza, declaro el fin del COVID-19 como emergencia sanitaria internacional.” Fueron palabras que cerraron formalmente uno de los capítulos más terribles y más transformadores de la historia moderna.

El 30 de enero de 2020, aproximadamente un mes después de que China informara sobre la aparición de un extraño virus que estaba provocando neumonías de causa desconocida, La epidemia de COVID-19 fue declarada por la OMS una emergencia de salud pública de preocupación internacional. Después, el 11 de marzo de 2020, el director general de la OMS, ante la rápida extensión y la gravedad de la infección, afirmó que el mundo se encontraba amenazado por la nueva enfermedad y declaró el estado de pandemia.
Lo que vino después lo vivimos todos: fronteras cerradas, cuarentenas obligatorias, hospitales desbordados, economía paralizada, escuelas en silencio. Los sistemas de salud se vieron gravemente afectados, y millones de personas se quedaron sin servicios de salud esenciales, incluidas otras vacunas que salvan vidas, especialmente para los niños. La pandemia también cobró un alto precio social, con millones de personas experimentando soledad, aislamiento, ansiedad y depresión.
COVID – 19 en Colombia
La pandemia en Colombia inició el 6 de marzo de 2020 con la llegada de una mujer infectada de 19 años procedente de Milán, Italia. Lo que comenzó como un caso aislado se convirtió en una ola que sacudió al país de norte a sur. El país registró un total de 6.365.262 casos confirmados y 142.722 fallecidos desde marzo de 2020 hasta el 10 de mayo de 2023.
En el Tolima, la pandemia del COVID-19 provocó la muerte de más de 3.658 personas en el departamento del Tolima a lo largo de los años de emergencia sanitaria. Ibagué, como capital y ciudad más poblada, cargó con el mayor peso: la capital tolimense llegó a concentrar el 72,5% del total de contagios del departamento, con sus UCI colapsadas y sus trabajadores de la salud al límite.

Desde la OMS se advirtió que aunque se haya declarado oficialmente, no quiere decir que el COVID-19 haya dejado de ser una amenaza para la salud mundial. Y tenían razón. La OMS indicó que, a pesar de que la fase de emergencia había terminado, la pandemia no llegaba a su fin, y destacó picos en contagios en el sureste asiático y Medio Oriente, señalando que miles de personas seguían muriendo por el virus cada semana.
Para Colombia, los datos confirmaron esa transición gradual: para el 2023, las muertes respiratorias por COVID-19 cayeron al 9%, frente al 23% registrado en 2022. El virus seguía ahí, pero el mundo había aprendido a convivir con él.
Durante la crisis, la digitalización se convirtió en una herramienta crucial para mantener la continuidad de las actividades económicas y sociales, permitiendo el teletrabajo, la educación a distancia, la telemedicina y el comercio electrónico. Lo que antes era considerado un proyecto a largo plazo, de repente se convirtió en una necesidad urgente e inmediata. Hace unos años, cuando se hablaba de transformación digital, los líderes y directivos de empresas lo tomaban a la ligera. Eso cambió radicalmente con la llegada de la pandemia, que evidenció oportunidades y brechas que se aceleraron de golpe. Sectores bancarios, comunicacionales y comerciales aprovecharon la oportunidad de transformar sus negocios digitales. Las redes sociales dejaron de ser solo entretenimiento para convertirse en el motor de miles de emprendimientos.

La pandemia cambió para siempre la forma en que el mundo entiende la salud pública, la ciencia, el trabajo, la educación y la solidaridad. Nos enseñó el valor de los trabajadores de la salud, la importancia de los sistemas sanitarios fuertes, y la urgencia de prepararse para lo que pueda venir.
Hoy, tres años después de ese alivio colectivo que el mundo sintió al escuchar las palabras del Dr. Tedros, recordamos a quienes no pudieron llegar hasta aquí, honramos a quienes cuidaron los enfermos y reconocemos la resiliencia de un planeta herido, que supo ponerse de pie.








